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miércoles, 17 de abril de 2013

La importancia de decir "no bebo"


Cuando una persona toma la sabia decisión de dejar de fumar, no solo empieza a sentirse mejor a los pocos días, sino que todo el mundo se lo nota y aplaude su decisión. Además, el fumador que deja de serlo se siente orgulloso de su cambio y dice con alegría y convicción “he dejado de fumar”, despertando admiración y apoyo en la gente que le rodea.

En cambio, con el alcohol las cosas son muy diferentes.

Cuando una persona deja de beber no suele resultarle fácil decirlo con naturalidad y convicción a todo el mundo. Ni tampoco la gente acoge con entusiasmo al que deja de beber. Muchas veces hay comentarios del tipo - ¿pero estás enfermo? – que hacen sentir mal al que ha dejado de beber. Como si para dejar de beber fuera necesario estar enfermo y, por lo tanto, como si beber alcohol fuera simplemente uno de los grandes placeres de la vida a los que el pobre enfermo no tiene más remedio que renunciar.

Nada más lejos de la realidad. Cuando una persona es adicta al alcohol, ya está padeciendo la enfermedad adictiva, y precisamente la única manera de liberarse de ella es dejando de beber. Por lo tanto la razón para dejar de beber no es la de estar enfermo, en el sentido de padecer una enfermedad común para la que el alcohol es perjudicial, sino todo lo contrario, la de estar sano y conservar la salud precisamente gracias a la sobriedad.

Pero hay otro aspecto importante del hecho de decir con claridad “he dejado de beber”. Al hacerlo uno se reafirma en su decisión, se compromete consigo mismo y se pone más fácil el seguir así, evitando las recaídas que siempre son un peligro latente en todas las adicciones.

Todos estamos mejor sin beber alcohol, y especialmente aquellos que han llegado a estar muy mal debido a sus efectos nocivos.


Bernardo Ruiz Victoria
Psicólogo Clínico

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