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lunes, 16 de noviembre de 2015

El día después

Ayer 15 de noviembre se celebró en España el Día sin Alcohol.

Bueno, en realidad lo celebraron unas pocas personas sensibilizadas por el problema del alcoholismo y del abuso de alcohol, como son las Asociaciones de Alcohólicos Rehabilitados y similares, porque la mayoría de medios de comunicación lo ignoraron ampliamente, como suele ser habitual.

Un día sin alcohol es algo trivial e irrelevante para la mayoría. Si una persona no tiene un consumo problemático de alcohol no le da importancia al hecho de pasar un día en concreto sin beber, pero cuando existe la adicción, un día de abstinencia puede ser un logro muy destacable en la vida de una persona. Y no digamos una semana o un mes.

Hoy estamos en el día después. Imaginemos que una persona tomó conciencia ayer, por primera vez, de que su consumo de alcohol podría estar convirtiéndose en algo patológico.

Esta persona se vio reflejada un poco en algún testimonio que leyó o escuchó en las redes sociales, o se identificó con alguno de los síntomas de la conducta adictiva o del abuso del alcohol que se pueden encontrar en muchas páginas de internet.

Entonces decidió pasar un día sin beber, y lo consiguió. ¿Y ahora qué?

Lo más frecuente es que nuestro personaje imaginario llegue a la conclusión de que, ya que ha sido capaz de pasar un día sin beber, lo suyo no es un grave problema de alcoholismo, y por lo tanto, él - o ella - puede beber hoy otra vez, porque “no soyalcohólico”.

Puede estar cometiendo un grave error que a lo único que conduzca es a que su adicción siga creciendo, su consumo de alcohol se siga desordenando y el año próximo, cuando llegue el 15 de noviembre, se haya convertido ya en aquéllo que hoy le cuesta tanto aceptar: una persona dependiente del alcohol que no es capaz de llevar una vida equilibrada y libre de adicciones.

El alcoholismo, como otras adicciones, es una enfermedad compleja y engañosa. Para superarla hace falta ponerse en manos de especialistas, médicos y psicólogos que entiendan bien los mecanismos de la adicción y que puedan ayudar a nuestro amigo imaginario a salir del laberinto de su propio autoengaño y enseñarle a vivir sin alcohol y sin otras dependencias.

Mi más sincero homenaje a todas las Asociaciones que luchan de una u otra forma para concienciar a la sociedad sobre los problemas relacionados con el alcohol y a motivar a las personas afectadas a ponerse en tratamiento y sanar su adicción.

Manifiesto también mi disgusto por el poco interés que los poderes públicos se toman a la hora de abordar una patología que es una de las principales causas de muerte y de sufrimiento en la sociedad, y que sigue siendo tratada como una enfermedad de segunda en la que parece que el paciente es el culpable. No hay recursos públicos serios y suficientes para tratar el alcoholismo y otras adicciones en España, y me temo que faltan muchos años para que los llegue a haber algún día.

Y ánimo a nuestro amigo imaginario, y a todos los que se encuentran en su situación, porque el problema del alcohol tiene solución cuando se trata de una forma adecuada y todo ese sufrimiento que está padeciendo, y causando a los que le rodean,  puede transformarse en alegría de vivir libre de adicciones.

Bernardo Ruiz Victoria
Psicólogo Clínico

viernes, 9 de octubre de 2015

¿Buscar culpables o buscar soluciones?

Cuando tenemos un problema, o aparece una contrariedad en nuestra vida, tendemos con mucha frecuencia a buscar a qué o a quién le echamos la culpa.

Pareciera como si el hecho de hacer responsable a alguien de lo que nos pasa sirviera para aliviar el dolor o reparar los daños, pero la realidad es que no suele ser así.

En el mundo de las adicciones nos encontramos con lo mismo. La culpa de que yo beba, o me drogue siempre es de algo o de alguien, por ejemplo:

  • Tengo mucho estrés en el trabajo, por eso necesito tomar unas copas para relajarme,
  • Mis clientes beben mucho y yo tengo que estar con ellos para hacer negocio
  • Me siento triste, deprimido, porque he perdido el empleo y no tengo más remedio que ir al bar a ver si me olvido por un rato de lo mal que estoy
  • … y cientos de excusas como éstas que todos conocemos.

Otros son especialistas en culparse a sí mismos. Se repiten una y otra vez que son idiotas, que son un desastre, que nunca van a superar sus problemas, que su vida es una porquería porque todo lo han hecho mal, y … siguen bebiendo o drogándose para aliviar el dolor emocional que ellos mismos se provocan por sentirse incapaces de salir de su adicción.

Sin embargo, si es un amigo, un familiar o un jefe el que te reprocha tu comportamiento con el alcohol o las drogas, tendrás de nuevo cientos de excelentes justificaciones con las que culpar a alguien de lo que haces, y así tratar de salir del paso. Aunque después, frente al espejo, no puedas engañarte a ti mismo y, al menos por unos minutos, serás consciente de la verdad.

Cuando hay un problema de abuso de alcohol, cocaína, marihuana o cualquier otra droga, cuando el alcoholismo o la drogadicción están apoderándose de uno, buscar culpables no sirve de nada. Rectifico. Sirve para seguir bebiendo o consumiendo drogas, debido al círculo vicioso de culpas y justificaciones que explicaba anteriormente.

Frente al problema de la adicción, ya sea al tabaco, al alcohol o a cualquier otra substancia adictiva, no sirve de nada mirar al pasado, o a tu alrededor, para buscar culpables. Por el contrario, tienes que mirar a tu interior, y hacia el futuro, para encontrar soluciones.

No importa tanto por qué se ha llegado a la adicción, es decir, de quién es la culpa, como encontrar el camino para salir de ella, y seguirlo con determinación y con firmeza.

Y para conseguir eso solo hay una solución segura. La terapia. Hay multitud de ofertas terapéuticas al alcance de cualquier persona que tenga un sincero deseo de dejar atrás el sufrimiento que causa la adicción y de vivir la alegría de sentirse de nuevo libre y dueño de su vida.

Nosotros contribuímos a ofrecer soluciones serias, profesionales y eficaces a través de nuestro Programa Victoria www.programavictoria.com

¿Vas a seguir mucho tiempo buscando culpables en lugar de buscar soluciones?

Bernardo Ruiz Victoria
Psicólogo Clínico

lunes, 14 de septiembre de 2015

Alcohol y adicciones en el trabajo

El abuso del alcohol y de otras drogas, como la cocaína o los derivados del cannabis, es un tipo de conducta que acaba generado problemas de salud, familiares, sociales, pero también laborales.

La persona que depende del alcohol, de la cocaína, o de cualquier otra droga legal o ilegal,  no puede tener el rendimiento en su trabajo que tendría si estuviera en perfecto estado de salud física y mental.

Cuanto mayor es el nivel profesional, o la responsabilidad del cargo ostentado dentro de la empresa más graves son las posibles consecuencias de esa falta de equilibrio personal.  Por ejemplo, la persona adicta tiene que dedicar parte de su tiempo y energía a recuperarse del abuso del día anterior, le cuesta concentrarse en su tarea debido a los remordimientos que tiene, o bien está pensando en la forma de consumir durante su jornada laboral sin que se note demasiado, etc.

Todo eso supone un enorme desgaste personal que repercute muy negativamente en el rendimiento laboral.

En ciertos puestos de trabajo existe también un elevado riesgo de accidentes debidos al consumo de alcohol o drogas, bien porque el sujeto se encuentra bajo los efectos directos de la substancia, bien porque está pasando por un síndrome de abstinencia por haber estado consumiendo anteriormente fuera de su horario laboral. Podemos hablar de personas que conducen vehículos, manejan maquinaria, realizan tareas al aire libre, utilizan herramientas potencialmente peligrosas, etc.

Desde el punto de vista de la empresa algunos piensan que es algo que solo concierne a la persona afectada, salvo que repercuta en su trabajo. Es decir, si las cosas se ponen muy feas se le despide y punto. Pero no es tan sencillo.

En realidad se dan muy pocos despidos por estos motivos, y muchos menos aún en casos de directivos o altos cargos. Además, el despido es caro y obliga a encontrar un reemplazo a un trabajador que suele ser valioso, o al menos lo era cuando su capacidad estaba a pleno rendimiento.

Las empresas inteligentes ponen en marcha soluciones profesionales para ayudar a estas personas a recuperarse de su problema. Al mismo tiempo se ayudan a si mismas porque es mucho mejor recuperar a un elemento valioso que perderlo y tener que sustituirlo por otro que carece de la formación y experiencia del que padece el problema de adicción.

La Prevención y el Tratamiento de las personas en riesgo de adicción es una inversión enormemente rentable para las empresas que ponen en práctica programas estructurados de trabajo en estas áreas.

Desde 1984 muchas empresas han confiado en la profesionalidad y experiencia del equipo humano del Programa Victoria y han comprobado los resultados positivos que podemos ofrecerles.

Bernardo Ruiz Victoria
Psicólogo Clínico

martes, 11 de agosto de 2015

Rompiendo moldes (II)

El Programa Victoria se desarrolla durante diez días, con un contenido estructurado. Todos los pacientes empiezan a la vez y participan en las sesiones de forma ordenada y sucesiva hasta completar el proceso terapéutico.

En todos los años que llevo estudiando y aprendiendo sobre los diferentes métodos terapéuticos para tratar la adicción al alcohol o a otras substancias no he encontrado nunca nada parecido.

Todos los centros de desintoxicación o rehabilitación que he conocido tienen pacientes entrando y saliendo continuamente, la duración de la terapia es indeterminada, y los contenidos no están estructurados con una lógica sistemática y ordenada.

En una visita a los Estados Unidos, hace ya unos años, me explicaron que la mayoría de los programas terapéuticos tenían una duración de 28 días debido a que era el tiempo de tratamiento que cubrían las compañías de seguros. A mi me pareció muy chocante, y desde luego muy poco científico, aunque se pueda entender hasta cierto punto por razones económicas. Tal vez esas mismas razones son las que llevan a no poner límites temporales a los tratamientos, cada uno sabrá en su casa por qué hace las cosas como las hace.

También a los americanos les parecía muy chocante que yo hiciera una terapia en tan solo diez días, y que obtuviera con ella unos resultados terapéuticos mejores que la inmensa mayoría de los centros conocidos.

El caso es que en el Programa Victoria entendemos que la terapia es un proceso que se puede estructurar y ordenar de forma sistemática. Por eso hemos sido capaces de lograr que, en un periodo de tiempo mucho más corto que el habitual, nuestros pacientes hagan un cambio profundo en sus actitudes y conocimientos, comprendan los mecanismos psicológicos de la conducta adictiva y aprendan a prevenir las recaídas.

Este es otro de los moldes que rompe el Programa Victoria. Diez días de terapia son suficientes, si se aplica el método adecuado. No hace falta mantener durante meses a una persona alejada de su entorno familiar y social, ni que se aleje de su trabajo o negocio por más tiempo. Más de treinta años de experiencia avalan estas afirmaciones, y cientos de pacientes también lo harían si no fuera porque hay que mantener la confidencialidad.

Bernardo Ruiz Victoria
Psicólogo Clínico

miércoles, 5 de agosto de 2015

Rompiendo moldes (I)

Una de las cosas que siempre me han sorprendido de los centros de desintoxicación y rehabilitación de pacientes alcohólicos, o adictos a otras substancias, es el hecho de que sean tratados como si fueran “presuntos delincuentes”.

Me explico.

Al llegar al centro el paciente se suele ver privado de muchas cosas. Se le retira el dinero, el teléfono, a veces el reloj, etc. Se le revisa el equipaje para comprobar que no lleva bebidas alcohólicas de contrabando, o bien otras substancias “prohibidas”. Se le aplican multitud de limitaciones a la hora de recibir visitas, hacer o recibir llamadas telefónicas, y muchas otras cosas.

Con todo esto, el paciente se siente en un entorno un tanto opresivo, en el que sus decisiones personales están muy limitadas por unas normas que pocas veces entiende. Y esta sensación es muy desagradable para algunos, lo cual les lleva a veces a tomar la decisión de abandonar el tratamiento, o bien de “hacer trampas” y buscar la forma de saltarse las reglas.

En el Programa Victoria no actuamos así.

Nuestros pacientes se alojan en un hotel, son unos clientes como cualquier otro. No se sienten vigilados y constreñidos por normas impuestas.

Participan en las sesiones de terapia porque para eso han venido, y no beben durante su estancia porque para seguir bebiendo no necesitaban venir, podían seguir haciéndolo en su casa. Esto se lo explicamos desde el minuto uno, y actuamos en consecuencia.

Durante los diez días de su terapia conviven con otras personas que están en el mismo hotel por distintos motivos, se acostumbran a beber agua en sus comidas cuando en la mesa de al lado puede haber otras personas tomando vino, cerveza o lo que quieran, y son atendidos por camareros que actúan con ellos de un modo exactamente igual a lo que se encontrarán cuando vuelvan a la vida cotidiana después de su terapia.

Esta parte del Programa Victoria es un entrenamiento práctico que facilita mucho la toma de conciencia de que es posible y es fácil disfrutar de la vida sin alcohol. Es lo que llamamos la “terapia informal”. Lejos de sesiones estructuradas, que también las hay, en un ambiente distendido y relajado como puede ser la comida o la cena, donde el terapeuta comparte mesa y conversación con los pacientes, éstos cambian profundamente de actitud y modifican su comportamiento de una forma sorprendentemente fácil.

No es necesario tener un sistema de vigilancia y control del comportamiento de los pacientes para evitar que beban a escondidas o se droguen. Cuantas más normas y controles se pretendan poner más se induce a los pacientes a intentar saltárselas.

Al tratarlos como adultos responsables tienen la sensación de que son ellos los que deciden cada uno de sus comportamientos, e interiorizan que tienen la capacidad de mantenerse sin beber en cualquier situación.

Esta es una de las características del Programa Victoria que rompe moldes y que sorprende a los que conocen otros métodos “tradicionales” de tratamiento. Tenemos algunas otras, pero las comentaré en otra ocasión.

Bernardo Ruiz Victoria
Psicólogo Clínico

jueves, 23 de julio de 2015

El último vagón

El Último Vagón

En esta ocasión, cedo mi espacio en el blog a uno de mis pacientes, que tuvo la amabilidad de escribir este testimonio tras su paso por el Programa Victoria para la primera edición de mi libro Objetivo: Libertad - Hoja de ruta para salir del laberinto del alcohol.

Con mi agradecimiento hacia él y hacia tantos otros que me han enseñado tanto a lo largo de mi vida profesional, te dejo con sus palabras.
 

Te envidio, afortunado lector de este libro.
Si yo hubiera alcanzado la fortuna de haberlo tenido en mismanos hace años, en las páginas de mi vida habría habido menos dolor.

Te supongo afectado por la misma enfermedad que yo -la adicción-y no sólo una persona curiosa que quiere saber por dónde anda la investigación en el campo de la drogodependencia.Si es así, este texto puede ser la llave que cambie tu existencia y que como a mi, te salve.

Las enfermedades no reparan en el currículo de quienes las padecen, de modo que la máxima autoridad en cardiología puede morir de un infarto. Yo mismo he tenido que estudiar muchas horas la psicología del comportamiento humano y las técnicas de modificación de la conducta, y para nada me han servido a la hora de hacer frente a mi propio alcoholismo.

Pero tal vez esos saberes fríos, junto a la experiencia de haber estado varias veces en clínicas supuestamente especializadas en la atención a los pacientes que sufren esta enfermedad, me permiten valorar en su justa medida el trascendental avance que supone la obrade Bernardo Ruiz y su equipo: el Programa Victoria.Por primera vez, gracias a él, he visto la luz en un túnel de tinieblas que supuse que no tenía salida.

Es muy poco lo que se sabe en el ámbito del cerebro humano, ese gran desconocido. Apenas un diez por ciento. Y sin duda esa falta de soporte científico es una de las razones por las que fracasan las terapias que se aplican para superar esa extraña enfermedad. Pero estoy en condiciones de afirmarte, lector amigo, que si has intentado curarte una y otra vez sin éxito, ahora tienes la gran oportunidad de salir del laberinto.

Mi experiencia personal al haber logrado maniatar la adicción, maniatar, no matar, ya que te acompañará hasta el último día de tu vida, no es ni única ni excepcional entre quienes hemos seguido su terapia.

El enfoque que el profesor Ruiz hace de la adicción es absolutamente original e innovador. Y en un alto porcentaje, sus soluciones pragmáticas han servido para romper las cadenas que oprimen nuestra libertad.

Te aconsejo con todo el calor de que soy capaz que no te limites a la lectura de las páginas de este libro. Que si quieres volver a ser dueño de tu destino, asistas a uno de sus cursos. Así podrás comprobar que puedes poner, como yo y como tantos otros, fin a tu condena.

Te escribo estas líneas como el hombre que lanza un aro salvavidas a quien ve que se está ahogando. Aprovecha esta ocasión. Tal vez sea el último vagón de un tren que se escapa sin retorno. No lo dudes, súbete a él con fe y piensa que si otros lo hemos logrado gracias a las teorías y técnicas del Programa Victoria, tú también puedes lograrlo.

Sin duda todavía te quedan años de vida. De ti depende que los vivas plena y libremente. Yo también he estado en muchas ocasiones a punto de tirar la toalla, desesperado, hasta que la suerte, o la Providencia, me llevó a conocer al autor de esta obra, hito en la investigación más rigurosa avalada por el éxito.

No te cuento “mi caso”. Por desafortunadas que hayan sido tus experiencias no creo que superen a las mías. Se que no estoy curado. El alcoholismo no desaparece jamás, pero sí que es posible eliminar todos sus síntomas, que es lo que en definitiva importa. Sumérgete en el agua clara de la lectura de “Objetivo: Libertad” y participa en alguno de sus seminarios. Un sol nuevo, radiante, alumbrará desde entonces tu camino. ¡Suerte, amigo! Y gracias, Bernardo, y no olvido a tu constante apoyo, María Eugenia, por haberme liberado.

IOX - Paciente del Programa Victoria en 2002.




Bernardo Ruiz VictoriaPsicólogo Clínicowww.programavictoria.com

jueves, 18 de junio de 2015

Tengo un amigo que bebe y estoy preocupado por él

Esta mañana he tenido mi sesión semanal del grupo BNI Ideas en el que me reúno con un grupo de empresarios y profesionales para compartir experiencias, aprender unos de otros, apoyarnos en nuestro trabajo y recomendar nuestros servicios a las personas que los puedan necesitar.

Uno de mis compañeros me ha planteado el caso de una persona que conoce y con la que se encuentra muchas mañanas. Lo ve con temblor en las manos, con olor a alcohol y con un aspecto físico deteriorado, y eso al comenzar el día. Está preocupado por él y no sabe cómo entrar en el tema para ayudarle.

Hay miles de casos así. Personas que ya presentan síntomas evidentes de tener una adicción grave -ya que eso es lo que indican los temblores matutinos y el olor a alcohol, por ejemplo- y en cambio no resulta fácil ofrecerles ayuda, consejo y orientación porque tienden a rechazar toda aproximación con un interminable conjunto de excusas.

Yo lo controlo, estoy pasando una mala racha, si las cosas me fueran mejor en la vida no tendría que beber, lo que yo necesito es un trabajo y lo dejo, etc.

Los adictos son expertos “cum laude” en el arte de inventarse excusas y justificaciones para seguir con su adicción, en lugar de asumir la responsabilidad de su propia situación y dar los pasos necesarios para superarla. Sobre todo un paso fundamental: ponerse en tratamiento.

¿Por qué cuesta tanto decidirse?

Aquí entra de nuevo en funcionamiento el mecanismo del autoengaño. El paciente adicto tarda mucho en aceptar que tiene un problema que se le escapa de las manos. Cuando lo acepta, lo hace solo de forma intermitente, es decir, que al cabo de un rato, o de un par de días, vuelve a cambiar de opinión y a pensar que realmente no tiene ningún problema que no pueda dominar.

Después viene la fase de soberbia. Yo no necesito ayuda. Solo me hace falta “fuerza de voluntad” y yo solo lo voy a conseguir. Y tal vez lo consiga unos días, con lo que se refuerza en su idea de que no es tan adicto como se había llegado a creer y, por lo tanto, puede volver a beber -eso si, con moderación- y vuelta a empezar.

De la moderación se pasa de nuevo al descontrol sin solución de continuidad y otra vez está el sujeto temblando por las mañanas y buscando tomarse dos o tres copas que le calmen ese malestar, sin tener en cuenta que así solo está empeorando su adicción y preparando el temblor del día siguiente.

Solo hay una solución: ponerse en tratamiento.

Llevo ya más de treinta años tratando personas con problemas de adicción al alcohol y a otras drogas y estoy convencido de que es muy complicado salir de ese laberinto sin participar en una terapia como la que desarrollamos en el Programa Victoria.

Hay que comprender las razones por la que uno bebe, hay que desactivar los mecanismos psicológicos del autoengaño y de la soberbia, hay que aprender a decir NO a la presión social que nos induce a todos a beber en ciertos momentos. Hay que aprender a manejar los estados emocionales que cada uno tiene asociados con su consumo, etc. Y todo eso solo se puede conseguir con garantías participando en un programa de terapia psicológica específico y bien estructurado.

Confío en que mi compañero de BNI Ideas sea capaz de encontrar el momento y la forma de dirigirse a su amigo y mostrarle el camino de salida, que empieza por pedir ayuda y comenzar su terapia. Aquí me tiene a la espera.

Bernardo Ruiz Victoria
Psicólogo Clinico

lunes, 1 de junio de 2015

Tengo problemas con la cocaína, no con el alcohol

En las últimas semanas he tenido que atender a varios pacientes que me contaban más o menos la misma historia. Tengo problemas con la cocaína, pero no con el alcohol.

No es que sean abstemios y consuman cocaína, no. Lo que sucede es que consideran que la cocaína se les ha ido de las manos, que las consecuencias de su consumo ya empiezan a ser insoportables, pero en cambio, tienen la percepción de que el alcohol lo pueden “controlar”.

Cuando empezamos a hablar con más profundidad se pone en evidencia la fortísima asociación entre ambos consumos. De hecho, es muy extraño que una persona llegue a la cocaína sin haber pasado antes por unos cuantos tragos de alcohol. Y viceversa. Una vez que que se ha consumido cocaína, es muy frecuente recurrir al alcohol para intentar contrarrestar los efectos excitantes de aquélla con los efectos sedantes de éste.

En cualquier caso, se empiece por donde se empiece, el uno llama a la otra, y viceversa.

También es frecuente el caso de una persona que se propone dejar la cocaína y lo hace durante unos días o semanas. Entonces, en la confianza de que ya lo tiene “controlado”, se toma un par de copas creyendo que, al no ser el alcohol su problema, puede beber como cualquier persona “normal”.

En tales situaciones, lo más habitual es que el efecto relajante y desinhibidor del alcohol haga decaer la determinación de abstenerse de la cocaína. Así el sujeto, al sentir el deseo de tomarla, que está asociado al alcohol, no tiene la suficiente capacidad de autocontrol como para resistir la tentación, y volvemos a empezar.

Alcohol, cocaína, problemas, lamentaciones, propósitos de cambiar. Una vez más estamos en el punto de partida.

La conducta adictiva, una vez establecida como tal en el cerebro de una persona, no está ligada exclusivamente a una substancia. Es más bien un patrón de comportamiento patológico que lleva a consumir una y otra vez con el fin de “sentirse mejor”, supuestamente, de ser más “capaz” de afrontar situaciones difíciles, estresantes o dolorosas. Y es muy común cambiar de substancia y orientar la adicción hacia otro lugar.

Estoy seguro de que el alcohol es la principal puerta de entrada a otras adicciones. Ya sea por su integración en nuestra cultura y en la vida familiar y social, ya sea por su innegable poder de generar adicción, ya sea porque lo asociamos a la fiesta, a la diversión y al “alivio de las penas”, el caso es que prácticamente siempre está presente en todos los pacientes que atendemos en el Programa Victoria, y supongo que sucederá lo mismo en otros centros de tratamiento de adicciones.

Dejar de beber alcohol es siempre una medida necesaria para superar la adicción, aunque la conciencia del paciente le haga creer que no tiene problemas con la bebida sino con otras substancias. Y nuestra responsabilidad como terapeutas es saber transmitir estos hechos de forma eficaz a nuestros pacientes para que de verdad aprendan a vivir sin adicciones.


Bernardo Ruiz Victoria
Psicólogo Clínico

viernes, 8 de mayo de 2015

Nuevo curso de Mind Wellness

¿Quieres activar el potencial de tu mente? Entonces nuestro nuevo curso de Mind Wellness está indicado para ti.

Los más de 30 años de experiencia en Psicología Clínica del director del Programa Victoria, Bernardo Ruiz, se ponen al servicio de todos aquellos que quieran sacar el mayor partido posible a su mente y lograr el estado de bienestar ideal.

Funcionamiento

El curso de Mind Wellness tiene una duración de ocho horas, que se puede realizar en dos sesiones de cuatro horas o en cuatro sesiones de dos horas. Aunque podemos organizarlo a las necesidades que puedas tener e, incluso, adaptarlo a las empresas que quieran mejorar su productividad y la cohesión de los equipos humanos.

Las próximas fechas, para las que ya quedan pocas plazas son: 18 y 21 de mayo y 1 y 8 de junio en la Clínica del Río de San Pedro Alcántara, ¿te interesa?

Si quieres conocer un poco más en profundidad los detalles de este curso de bienestar mental, visita la página web:



programa victoria bernardo ruiz
















Bernardo Ruiz Victoria
Psicólogo Clínico

miércoles, 29 de abril de 2015

¿Por qué los médicos no derivan pacientes con adicciones?

miércoles, 8 de abril de 2015

Qué decir a un paciente que demanda Antabús

Ayer estaba charlando con mi amigo Salvador, médico de familia, y me comentaba un caso que se le da con cierta frecuencia. Un paciente se le presenta y le pide que le recete Antabús o Colme porque quiere dejar de beber.

Cuando una persona plantea esa demanda está asumiendo de una forma expresa que reconoce tener un problema con el alcohol y que necesita ayuda, porque no se siente capaz de mantenerse sin beber por sus propios medios.

En estos casos, el médico tiene una oportunidad de oro para encaminar a este paciente de una manera correcta hacia un tratamiento especializado, ayudándole a entender que su problema no se va a solucionar simplemente tomando un fármaco que le va a inducir un cierto “miedo” a beber, por las consecuencias graves que puede tener el consumo de alcohol cuando se ha tomado una de tales medicinas.

Estamos acostumbrados a buscar soluciones rápidas, simples y en cierto modo “mágicas”, y para muchas personas el Antabús o el Colme entran en estas categorías.

Si bien es cierto que un fármaco como éstos puede ser una pequeña ayuda para lograr una abstinencia por un tiempo limitado, hay que ser consciente de que todo paciente adicto necesita una terapia psicológica específica para entender por qué su conducta de beber ha pasado de ser algo voluntario y moderado a ser algo excesivo, descontrolado y, en cierto modo, involuntario, ya que el propio paciente se avergüenza muchas veces de lo que ha hecho cuando se le ha ido la mano bebiendo.

El momento más crítico para ayudar a una persona adicta a superar su dependencia es precisamente aquél en que reconoce su necesidad de recibir ayuda. Este momento suele ser breve y transitorio, y si no lo aprovechamos puede que tarde meses en volver a aparecer la ocasión de que esta persona acepte iniciar un proceso terapéutico en serio.

Por lo tanto, a mi amigo Salvador, y a todos los médicos que un día se encuentren con un paciente que le pida “una medicina para no poder beber alcohol” les recuerdo que tienen en sus manos una ocasión de oro y una responsabilidad grande. Pueden ayudar a esa persona a replantearse su demanda de ayuda y derivarlo hacia un especialista en la materia  - modestamente pienso que el Programa Victoria es una excelente opción en estos casos - o pueden entrar en el juego engañoso del paciente y prescribirle sin más el fármaco que, antes o después será abandonado y el paciente volverá a las andadas.

Es lo que hizo mi amigo hace unos días con uno de sus pacientes que hoy está felizmente encaminado en su tratamiento. Gracias.

Bernardo Ruiz Victoria
Psicólogo Clínico
www.programavictoria.com