Mostrando entradas con la etiqueta jóvenes. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta jóvenes. Mostrar todas las entradas

lunes, 2 de junio de 2014

Hipnosis clínica para dejar de fumar

Una sola sesión de terapia con nuestro psicólogo experto en el tratamiento de las adicciones, Bernardo Ruiz, le permitirá aprender a vivir sin fumar y a liberarse de este adictivo hábito.

Para obtener más información sobre las sesiones, puede ponerse en contacto con el Programa Victoria a través del correo electrónico info@programavictoria.com.


psicologia, bernardo ruiz, adiccion, tabaco, cannabis, drogas, alcoholismo

jueves, 24 de abril de 2014

¿Fácil o difícil?

En estas últimas semanas he atendido a varios pacientes que han acudido a nosotros agobiados y preocupados por su problema de adicción al alcohol y por las graves consecuencias que estaba trayendo a sus vidas su comportamiento adictivo, y me han hecho pensar sobre una paradoja que se da con mucha frecuencia en estos casos.

Existe una creencia generalizada de que superar una adicción es algo muy difícil. Algo que supone un gran esfuerzo personal y que es un camino jalonado de fracasos y recaídas.

También existe la creencia de que vivir sin alcohol está lleno de inconvenientes, ya que vivimos en una sociedad que nos ofrece bebidas alcohólicas en todo tipo de eventos y situaciones sociales, y que por eso, ser abstemio es una especie de automarginación social, vamos que uno se convertiría en un bicho raro señalado por todo el mundo si decide dejar de beber.

En cambio, hay muchos casos en los que el cambio resulta sorprendentemente fácil para el propio sujeto. Y esto es lo que he observado en los dos pacientes que me han inspirado para escribir esta entrada del blog.

Uno de ellos es camarero, rodeado de alcohol por todas partes, acostumbrado a beber con sus propios clientes, y de seguir después del trabajo con los compañeros, lo cual le llevaba además a la ludopatía, con graves consecuencias económicas para él y su familia.

El otro es un joven ejecutivo de una empresa familiar. También rodeado de alcohol por todas partes, porque ya sabemos que, según cree mucha gente, los negocios en España se cierran en los bares.

En ambos casos estaban muy asustados pensando que iba a resultarles extremadamente difícil decir que no a la presión social y seguir haciendo su vida sin beber. Y en cambio, han conseguido dejarlo sin esfuerzo, y empiezan a sentirse mucho mejor. Además empiezan a darse cuenta de los beneficios de todo tipo que están recibiendo desde que han dejado el alcohol.

Naturalmente, están en el principio de su proceso terapéutico y aún van a necesitar mucho apoyo y mucho tiempo para consolidar sus nuevas actitudes y convertirlas en hábitos sólidos y estables. Pero lo que hoy me mueve a la reflexión la observación de que muchas veces es más fácil de lo que supuestamente cabría esperar dejar el alcohol y empezar a vivir de nuevo. Y que no es necesario pasar por un calvario de síntomas de abstinencia ni por situaciones de rechazo social, sino todo lo contrario.

Por supuesto que la terapia es fundamental, y que ninguno de estos cambios se hubieran iniciado sin la ayuda terapéutica, que seguirá siendo necesaria durante un tiempo, pero ahí queda la reflexión. Dejar de beber puede ser mucho más fácil de lo que nos tememos, y se puede empezar a disfrutar de la vida sin alcohol de un modo inmediato.


Bernardo Ruiz Victoria
Psicólogo Clínico

jueves, 20 de marzo de 2014

Concurso de salvajadas

Hace unos días vi en la televisión una noticia según la cual hay una nueva moda entre algunos jóvenes que consiste en grabarse a si mismos en vídeo bebiendo una sucesión de diferentes bebidas para demostrar cuánto es capaz de aguantar uno, y posteriormente colgarlo en Internet para que todo el mundo pueda admirar la "hazaña".

La peregrina idea ya ha costado la vida a alguno de los participantes en semejante concurso de salvajadas. Parece que hay personas que se motivan con el hecho de hacerse daño a si mismas, y además de hacerlo ostentosamente, presumiendo de ello.

No es que los concursos de ese tipo no hayan existido en otras épocas. Siempre hay el que presume de ser capaz de tumbar a los demás bebiendo más cantidad que cualquier otro, pero hacer esto de una forma privada, en la soledad de una habitación, con el único fin de ser visto en estado de embriaguez parece un comportamiento totalmente fuera de cualquier clase de sensatez.

Cuando yo veo este tipo de noticias siempre pienso que estos muchachos, muchas veces adolescentes, deben tener padres y madres, deben tener también educadores en su escuela, y personas mayores, en general, que tendrían que haberles enseñado ciertas cosas que evidentemente les faltan a las personas que actúan así.

No me atrevo a juzgar a nadie, y mucho menos a los padres que se desesperan con mucha frecuencia al ver en lo que se van convirtiendo sus hijos, pero si creo que es necesario hacer una reflexión individual y colectiva en relación con los valores que estamos transmitiendo a los jóvenes de hoy.

Cuando en el mundo occidental y desarrollado en el que vivimos, vemos jóvenes con tan poca madurez y con tan poco contenido en el cerebro como para hacer tales cosas, creo que podemos concluir que el simple bienestar material no da ninguna garantía de que vayamos a conseguir la felicidad, el equilibrio psicológico y el bienestar personal.

El alcohol siempre es una sustancia peligrosa, pero cuando se hace un uso de él de este tipo estamos ante un comportamiento autodestructivo, probablemente por pura ignorancia, pero también por falta de referentes positivos que motiven a estos muchachos a obtener logros en otros campos de la vida que no sean el de hacerse daño a si mismos.

La noticia estaba ubicada en Gran Bretaña, pero me temo que no tardaremos mucho en tener alguna noticia similar en España. 

Espero que cada uno de nosotros seamos capaces, en nuestro entorno, de contribuir a que tales cosas no sigan proliferando.


Bernardo Ruiz Victoria
Psicólogo Clínico
www.programavictoria.com

jueves, 13 de marzo de 2014

Daños colaterales

Hace unos días me llamó una niña de catorce años preocpuada por su padre. Me contó que había estado leyendo varias páginas en internet, incluyendo la nuestra, y que se había dado cuenta de que su padre presentaba casi todos los síntomas que describimos en ellas como indicadores de que una persona pueda tener problemas con el alcohol.

Sus padres se separaron antes de que ella naciera, y ha tenido muy poca relación con su padre, pero a pesar de ello se siente en la obligación de ayudarle, aunque no sabe cómo.

Después de un rato de conversación y de hacerme unas cuantas preguntas, me dijo - ¿entonces no es culpa mía?

La pobre criatura había llegado a pensar que era ella la culpable de que su padre bebiera, de que la hubiera dejado antes de nacer y, en definitiva, de no sentirse querida por él.

Cuántas veces oigo a mis pacientes decirme "no, mis hijos son pequeños y no se han dado cuenta de nada". Y casi siempre es una nueva versión del autoengaño en el que viven los adictos. Como resultaría demasiado doloroso pensar que estamos haciendo daño a nuestros propios hijos, es mejor que creamos que no se han enterado de nada, porque nunca nos han visto en estado de embriaguez. 

¡Como si no fuera diferente una persona que tiene problemas con el alcohol los días que ha bebido de los días que no lo ha hecho.!

Los niños son daños colaterales que sufren las consecuencias de la adicción de los demás. No son los únicos, también los cónyuges, los padres, hermanos, e incluso amigos y compañeros de trabajo o de diversión pueden serlo también.

Espero que esta niña sea capaz de tocar el corazón de su padre y le ayude a inciar un cambio que le lleve a superar su adicción. Por el bien de ambos, y de muchos más.


Bernardo Ruiz Victoria
Psicólogo Clínico

jueves, 14 de noviembre de 2013

Día sin Alcohol

Un año más llega el momento de reflexionar sobre el consumo de alcohol en nuestra sociedad. El Día sin Alcohol se ha creado con la idea de hacer una pausa en la vida cotidiana y planearnos por un momento cómo es nuestra relación con el alcohol, y con los problemas que su consumo inmoderado causa en la sociedad.

Nos encontramos ante una substancia adictiva, responsable de innumerables problemas de todo tipo y por todos conocidos. Accidentes de tráfico, problemas de salud, problemas en las relaciones familiares, conductas de violencia, etc. Y al mismo tiempo el alcohol habita en bebidas que consideramos parte casi consubstancial de nuestra vida y nuestra cultura. El vino, la cerveza, y otras bebidas alcohólicas que desde tiempos muy remotos forman parte de nuestras costumbres y tradiciones.

La sociedad tiene el difícil dilema de proponer un delicado equilibrio entre el arraigo cultural y social que tiene el consumo moderado de bebidas alcohólicas y el innegable efecto pernicioso que el abuso de alcohol ocasiona en muchas personas, y por ende, en el
conjunto de la sociedad.

Yo suelo decir a mis pacientes que más peligrosa que la propia bebida es la intención con la que se consume.

Una cerveza, o un vaso de vino, tomado como complemento de una comida, en un momento de vida social y encuentro con familiares o amigos, puede ser totalmente inofensiva. Mejor dicho. Aunque el alcohol que contienen tales bebidas siempre es un tóxico que nuestro cuerpo tiene que eliminar, en cantidades muy moderadas tenemos capacidad de neutralizarlo antes de que produzca unos daños significativos.

También es cierto que si aumenta la cantidad y la frecuencia de consumo, sea cual sea el contexto en el que se realice, podemos pronto superar los límites que nuestro organismo tiene para neutralizar el tóxico y llegar a causarnos daños físicos y de todo tipo en nuestra vida.

Pero lo más peligroso de todo es querer utilizar el alcohol, sea cual sea la bebida en la que lo consumamos, como un elemento que modifique nuestro estado de ánimo. Beber para superar la timidez, para ser más capaz de hablar en público, para desinhibirse, o para dejar de sentir un dolor emocional que la vida nos ha traído, es empezar a construir el camino de la adicción.

Cuántos pasos tiene que dar una persona por ese camino para llegar al punto de no retorno en el que se convierte en adicta al alcohol y empieza a perder su libertad y su capacidad de autocontrol es algo que nadie puede saber a priori. Pero lo que si sabemos es que las personas que no beben alcohol nunca llegan a ser adictas, y que las que lo hacen, a medida que perseveran en el consumo, sobre todo si las cantidades se alejan de la moderación, más van avanzando en un camino sin retorno.

Cuando una persona llega a la adicción, la única solución es aprender a vivir sin alcohol, y la mayoría de las veces, es necesario un tratamiento médico y psicológico para conseguirlo con garantías.

Por eso, lo mejor es vivir el Día sin Alcohol, no sólo hoy, sino todos los días de nuestra vida. O como segunda opción, tener un consumo mínimo, infrecuente y siempre alejado de buscar efectos psicológicos o emocionales en él.


Bernardo Ruiz Victoria
Psicólogo Clínico

jueves, 8 de agosto de 2013

Si conduces, no bebas

Desde hace muchos años el tema de beber alcohol y conducir se está poniendo cada vez más serio. No es para menos, ya que el alcohol es la causa directa de alrededor de la mitad de los accidentes mortales en la carretera, lo que es un número terrible.

Cada vez más las leyes se endurecen para tratar de evitar esta clase de siniestros y me parece muy bien. Es más, yo he observado que para algunos de mis pacientes, el hecho de verse sancionados por alcoholemia, aún sin haber tenido accidentes, la consiguiente multa y a veces la perdida del permiso de conducir, ha sido un elemento motivador para darse cuenta de que tenían un problema con el alcohol y eso les ha ayudado a tomar la decisión de ponerse en tratamiento.

Nunca sabremos cuántas vidas se han salvado al evitar accidentes producidos por conductores en estado de embiraguez, ni cuántas personas han sido rehabilitadas de su adicción precisamente porque su alcoholemia les ha hecho reflexionar y cambiar.

Hoy, que estamos en agosto, las carreteras están llenas y mucha gente de vacaciones puede caer en el error de beber y conducir, creo que es un buen momento para comentar este asunto.

Además, aunque no conduzcas, beber en exceso nunca es bueno. Y al exceso se llega enseguida, sin darse uno ni cuenta.

Feliz verano a todos.


Bernardo Ruiz Victoria
Psicólogo Clínico

miércoles, 26 de junio de 2013

Mañana lo dejo

Los adictos siempre tienen buenas "razones" para justificarse a si mismos y seguir con su comportamiento autodestructivo.

Cuando las cosas se ponen feas, por uno u otro motivo, se hacen a si mismos la promesa solemne: "mañana lo dejo". A veces incluso se lo cuentan a otros. Me viene a la memoria ahora una escena de la película "Buscando a Amanda" en la que el protagonista, un adicto empedernido al juego, al alcohol y a todo lo que se le ponga por delante, dice a una camarera en un casino de Las Vegas: - tráigame dos copas porque a continuación voy a dejar de beber -. (Lo que sucede a continuación lo dejo en suspenso para animar a ver la película).

El caso es que uno lo va dejando para mañana, pero ese mañana nunca llega.

Hasta que un día pasa algo lo suficientemente grave como para tomar una determinación por fin. La semana pasada, por ejemplo, me vino a la consulta un paciente que lleva muchos años ya de carrera alcohólica. Y que ha dicho muchas veces "mañana lo dejo", pero que ha tenido que llegar el día en que ha tenido un accidente de tráfico, una pelea con la policía, un juicio, y una condena a 18 meses de prisión, que por suerte no va a cumplir en la cárcel sino en libertad condicional, para aceptar el hecho de que tiene un problema adictivo y de que necesita ayuda.

Y todo ello a pesar de que su propio padre, y un hermano más joven hace años ya que acudieron a nosotros por los mismos problemas y llevan una vida libre de adicciones desde entonces.

Aún así, su "mañana lo dejo" ha sido tan fuerte que ha tenido que estrellarse contra la pared para reaccionar.

Esperemos que ahora aprenda la lección, siga el tratamiento y empiece a vivir con la alegría de la libertad.


Bernardo Ruiz Victoria
Psicólogo Clínico

martes, 18 de junio de 2013

Asuntos de familia

Ayer me llamó una muchacha para informarse sobre el Programa Victoria. Le preocupa el caso de su padre, que está teniendo problemas con el alcohol, y que recientemente se ha visto castigado con la retirada del permiso de conducir lo cual le ha hecho reflexionar y pedir ayuda.

Lo curioso del caso es que me dice la joven que hace unos años ya habíamos tratado a su abuelo. Lo que ella tal vez no sepa es que también hemos tratado a otro hermano de su padre hace años, con lo que ya tenemos tres miembros de la misma familia padeciendo problemas de adicción al alcohol. El padre y dos hijos varones.

Esto me recuerda otro caso llamativo de una familia de cinco hermanos, cuatro varones y una mujer, de los que he tratado a todos los varones. Empezó uno de ellos, hace unos 20 años, y el último de ellos vino hace unos 5 años. También me vino después un sobrino de este último pero era por parte de su mujer, por lo que no había un vínculo de sangre.

Es de todos conocido que hay componentes genéticos que afectan al riesgo de desarrollar la enfermedad adictiva, y que también hay modos de comportamiento que se aprenden en el seno de la familia que pueden inducir el abuso y la dependencia del alcohol.

La combinación de ambos suele estar presente, en una u otra medida, en la mayoría de los pacientes que tratamos. No podemos hacer nada para cambiar la herencia genética que traemos, pero siempre podemos aprender a vivir sin adicción.

Y para nosotros es un motivo de alegría ver que diferentes miembros de la misma familia confían en el Programa Victoria para salir del problema y superar su adicción.


Bernardo Ruiz Victoria
Psicólogo Clínico

martes, 21 de mayo de 2013

Tocando fondo


Hace unos días he tenido la oportunidad de ver una película titulada originalmente Smashed, que se podría traducir como aplastado, o destrozado, y que en la versión española han titulado Tocando Fondo.

Es la historia de una pareja de jóvenes, aficionados ambos a la bebida, o mejor dicho, más que aficionados, grandes consumidores y ambos con problemas de adicción.

Un día, la mujer vive una situación en el trabajo que hace que tenga que empezar a enfrentarse a las consecuencias de su problema con el alcohol. Poco a poco empieza a tomar conciencia de su adicción y pone los medios para ponerle remedio.

La película relata su evolución hasta que consigue superar su adicción y cambiar su vida, y refleja muy bien los sentimientos que viven los protagonistas y las dificultades que tienen que afrontar para salir adelante y liberarse de la esclavitud del alcohol.

No es una película comercial, y dudo mucho que llegue a hacerse famosa. Tampoco los actores son muy conocidos, pero está muy bien realizada e interpretada y la encuentro muy recomendable para todos.

En la vida de un adicto siempre hay un momento que significa un punto de inflexión. Es cuando uno se da cuenta de que necesita cambiar y dejar el alcohol. Algunos lo llaman precisamente "tocar fondo", como el título de la película.

Cuanto antes uno se de cuenta de las cosas, menos profundo será el lugar donde toque fondo antes de empezar a cambiar. Y menores serán los daños y las consecuencias sufridas por uno mismo y causadas a los demás.


Bernardo Ruiz Victoria
Psicólogo Clínico
www.programavictoria.com

miércoles, 24 de abril de 2013

Mañana lo hago


Una de las cosas que caracterizan la conducta de la persona adicta es la de postergar las decisiones correctas, dejarlo todo para mejor ocasión (la que no llega nunca) y seguir manteniendo vivo el problema un día tras otro.
 
Por ejemplo, un día se levanta uno con una fuerte resaca, con una sensación de angustia creciente al recordar lo que hizo la noche anterior, o peor aún, por no acordarse de nada. Entonces piensa: esto no puede seguir así, tengo que hacer algo, tengo que dejar de beber porque así estoy arruinando mi vida, o cosas por el estilo.
 
Pero después de una ducha, y tal vez de una cerveza, las cosas empiezan a verse de otro modo.
 
- Si, creo que no debo seguir así, pero lo malo fue que me dejé llevar por los amigos que no paraban de insistir para tomar una copa más, la penúltima siempre dicen. De modo que voy a intentar salir menos con ellos, y desde luego, no volver tan tarde a casa. Si, eso es lo que voy a hacer. Claro que mañana es el cumpleaños de Pedro, y menudas fiestas suele organizar este, como para perdérmela. Y la semana que viene tenemos el partido de la Champions. Bueno, a partir del mes que viene empezaré a llevar una vida más ordenada. Eso es lo que voy a hacer.
 
Pero cuando llega el comienzo del mes, seguro que vuelve a haber otro cumpleaños, o una boda, o una despedida. Tal vez otro partido, un mundial o una olimpiada. Y si ha terminado el fútbol, empieza el ciclismo.
 
Bueno, mejor será dejarlo para después del verano, porque no me voy a pasar el verano de secano, con todos mis amigo poniéndose morados a cervezas. No, no. Empezaré pasadas las vacaciones, y entonces me lo tomaré en serio.
 
Y así día tras día, mes tras mes, hasta que un día las cosas revientan por algún lado.
 
Dejarlo para mañana no es una buena idea, además es un síntoma de falta de autocontrol, de poco compromiso con uno mismo, y muchas veces no se sino una señal más de lo atrapado que está el sujeto en su adicción.
 
Si el alcohol se ha convertido en un problema, hoy es el momento de actuar. No mañana. Y mucho menos el mes que viene.
 
Bernardo Ruiz Victoria
Psicólogo Clínico

martes, 9 de abril de 2013

Emborracharse sin beber


La semana pasada vi en la televisión un reportaje sobre lo que presentaban como una nueva moda que se está difundiendo entre las mujeres jóvenes en España, que consiste en introducirse el alcohol en el cuerpo no por la boca, como es tradicional, sino a través de la vagina.

El procedimiento consiste en empapar un tampón en una bebida de alta graduación y acto seguido introducírselo en la vagina. Al hacerlo, el alcohol se absorbe rápidamente y pasa a la sangre produciendo un embriaguez muy rápida y muy intensa.

Naturalmente, dado que la vagina no está preparada para tales agresiones, se pueden producir serias lesiones en las mucosas debido a la acción del alcohol sobre ellas.

Pero la reflexión que yo quiero hacer aquí no va solo en relación a los daños físicos específicos que esta forma de introducirse alcohol en el cuerpo causa en el cuerpo humano, sino más bien hacia qué clase de procesos mentales pueden llevar a una muchacha a hacer semejante barbaridad.

En primer lugar está la búsqueda deliberada y rápida de la embriaguez, es decir, tomar el alcohol con el único objetivo que provocar un cambio de su estado emocional. Por eso no importa la clase de bebida, ni el modo de administrarla, el caso es sentir sus efectos lo antes posible.

El segundo aspecto es el de tratar de disimular el hecho de que se ha consumido alcohol. Al tomar el alcohol de esta forma no se produce el aliento alcohólico típico de la persona que ha bebido mucho, con lo que se puede pretender que a uno no se le va a descubrir por el olor que desprende.

Y el trasfondo de todo esto es que estas jóvenes creen que embriagarse es algo necesario, o al menos conveniente, para pasar un rato agradable y divertirse. Y ésta es una de las principales actitudes perniciosas que hay que combatir para evitar que sigan aumentando los problemas relacionados con el alcohol y otras drogas en nuestra sociedad.

La embriaguez es siempre un estado peligroso. Si se produce de forma involuntaria, porque uno ha bebido más de la cuenta en un evento social es malo, pero mucho peor es cuando la persona busca activamente esa embriaguez como si fuera algo bueno para ella en algún sentido. Entonces no es solo algo peligroso sino también una conducta gravemente irresponsable que puede acarrear consecuencias muy perniciosas para el propio sujeto que lo hace y para los que le rodean.

Cuando una persona recurre al alcohol o a las drogas para divertirse, es porque no sabe realmente disfrutar de las cosas positivas que todos tenemos a nuestro alrededor, y en nuestro propio interior, y buscan una evasión que no conduce a ninguna parte. En todo caso, al sufrimiento, al hospital, o a la muerte.

Bernardo Ruiz Victoria
Psicólogo Clínico
www.programavictoria.com

martes, 26 de marzo de 2013

Caer y levantarse


Las recaídas son una pesadilla para todos los que trabajamos en adicciones. O al menos lo son para mi. Aunque no hay más remedio que aceptar el hecho de que van a producirse recaídas en algunos pacientes, por muy bien que hayan llevado a cabo su terapia, no deja de dolerme personal y profesionalmente enterarme de forma directa o indirecta de que uno de mis pacientes ha vuelto a beber.

Ayer tuve uno de esos casos, Juan, que lleva ya varios años de seguimiento terapéutico conmigo después de haber hecho el Programa Victoria, viene a la consulta y me confiesa que ha vuelto a tener una recaída. No es la primera, y espero que sea la última.

Como ya se sabe de memoria toda la "teoría", no en vano es un hombre inteligente, preparado intelectualmente y con una profesión de mucha responsabilidad, simplemente le hice una pregunta. ¿por qué me cuentas hoy que llevas un tiempo bebiendo y no me has llamado antes?

Y me contesta: porque si te hubiera llamado, probablemente no habría bebido.

Valoro su sinceridad, muestra de las contradicciones vitales en las que viven los adictos. El sabe perfectamente cómo detener las recaídas, en cambio, en lugar de hacerlo, se deja llevar por la tentación, y a continuación lo pasa fatal física y psicológicamente, por no hablar de los problemas domésticos que se generan.

La parte positiva de todo esto es que siempre se puede volver a empezar. Cada día empezamos de cero, y hoy es el día en el que tenemos que mantenernos en sobriedad. Día a día.

Y Juan parece ahora dispuesto a hacerlo y a retomar el contacto terapéutico conmigo. Espero que así sea.


Bernardo Ruiz Victoria
Psicólogo Clínico

martes, 12 de marzo de 2013

Noticias estremecedoras



Hoy me ha llamado la atención una de las noticias de la televisión. Un bebe ha sido ingresado en un hospital con síntomas de maltrato físico y tras hacer unas averiguaciones se ha comprobado que la madre padece problemas de alcoholismo y que admite "no haber tratado bien al niño"

La violencia doméstica es una de las consecuencias que tiene el abuso del alcohol. La mayoría de las veces se manifiesta en los malos tratos hacia el cónyuge, porque uno de los efectos del alcohol es el de eliminar las inhibiciones e impedir el control racional de nuestros actos, y por eso la violencia se desata muchas veces cuando la persona está bajo los efectos de la bebida.

En otros casos, como puede ser el que nos ocupa hoy, no solo hay esta falta de autocontrol racional, sino también otro de los efectos perniciosos del alcohol, a saber: el descuido de las responsabilidades de cada uno.

Si hay algo que todas las mujeres llevan grabado en su adn es el cuidado de sus propios hijos, es algo que la naturaleza nos proporciona para la propia supervivencia de la especie humana.

En cambio, bajo los efectos del alcohol, puede una madre llegar a producir daños en su bebe que le hagan necesitar de tratamiento en un hospital. Parece increíble, pero hasta ahí puede llegar a trastornar el alcohol a una persona.

Y luego que nos digan que beber un poco es bueno para la salud, que lo recomiendan los médicos, y esas cosas que se oyen de vez en cuando.

Bernardo Ruiz Victoria
Psicólogo Clínico
www.programavictoria.com

martes, 26 de febrero de 2013

Puntos de inflexión


En la vida de un adicto siempre hay momentos clave que le pueden hacer cambiar. Algunos lo llaman "tocar fondo", y yo prefiero llamarlos puntos de inflexión.

Se trata de un momento íntimo de toma de conciencia, en el cual el sujeto se da cuenta de que su comportamiento no es normal, que lo que está haciendo se sale de la lógica y de la vida saludable y equilibrada, y que debe hacer algo para cambiar.

Estos puntos de inflexión son el inicio de los buenos propósitos de dejar de beber, o bien de buscar ayuda terapéutica de una u otra forma.

En la película "Dias de vino y rosas", el punto de inflexión lo vive el protagonista cuando un día, caminando en busca de trabajo por las calles de la ciudad ve la imagen de un hombre en un escaparate y piensa - ¿quién será ese borracho? - y al momento se da cuenta de que es él mismo reflejado en el cristal. A partir de ahí reacciona, cambia su perspectiva dándose cuenta de que el alcohol era la auténtica causa de sus desdichas, y empieza el camino de la recuperación.

Como la realidad siempre supera a la ficción, hace unos días vino a verme Jaime, uno de mis pacientes que ha tenido varias recaídas, debidas en parte a su falta de conciencia de la gravedad de su problema.

Me contó que había vuelto a la bebida una vez más, lleno de mala conciencia y de problemas de salud que le hacía sentir muy mal, y que un día, había comprado una botella de bolsillo de vodka para bebérsela a escondidas como tantas veces. Pero al salir del supermercado se encontró con un indigente durmiendo en el suelo, tuvo un momento de lucidez, su punto de inflexión, y le preguntó - ¿bebe usted? - a lo que el hombre le contestó, - si, pero con moderación -.

Ahí Jaime tomó la decisión, le entregó la botella que acababa de comprar y se sintió liberado. Desde entonces no ha vuelto a beber, ha vuelto a la terapia y le veo mejor que nunca.

Cada uno tiene su punto de inflexión, a veces más de uno, en su camino de liberación de la conducta adictiva. Y hay que aprovechar las ocasiones, porque nunca sabemos cuál de ellas va a ser la última.

Bernardo Ruiz Victoria
Psicólogo Clínico

martes, 19 de febrero de 2013

Cambios generacionales


Cuando yo empecé a trabajar en el campo del alcoholismo y las adicciones, allá por 1984, el patrón más común de consumo de alcohol entre nuestros pacientes era el de las personas que bebían de forma continua, a diario, normalmente de forma social, aunque en ocasiones siguieran en solitario.

En estos casos, el abuso de alcohol durante mucho tiempo iba creando una adicción física y también psicológica porque los sujetos no sabían, o no podían, sacar de su rutina diaria el consumo de alcohol.

En cambio, la embriaguez no era un efecto buscado de forma prioritaria. Era algo a lo que se llegaba porque a fuerza de beber mucho se termina con un cierto grado de embriaguez, pero estos pacientes no buscaban per se el efecto del alcohol.

A veces incluso la tolerancia que iban desarrollando hacía que los efectos de la embriaguez fueran menos evidentes, produciendo en los pacientes el engañoso efecto de que, puesto que "aguantaban" mucho alcohol, éste no les podía estar haciendo daño.

En cambio, con el paso de los años han ido apareciendo otro tipo de bebedores, que son los que predominan en la acutalidad.

Son personas que beben buscando el efecto del alcohol. Quieren cambiar su estado de ánimo o su estado mental mediante el uso de sustancias adictivas. El alcohol, y otras drogas.

En estos casos la embriaguez es el objetivo, no una consecuencia del abuso, sino un fin en si mismo.

Esta forma de consumo hace que la adicción psicológica se desarrolle de una forma mucho más rápida y que los daños que sufre el paciente, sobre todo en su sistema nervioso, sean mucho más intensos.

En lugar de exportar las pautas de consumo moderado que tradicionalmente existían en nuestra cultura mediterránea, hemos importado las formas de beber explosivas del norte de Europa. Hemos salido perdiendo con el cambio.

Bernardo Ruiz Victoria
Psicólogo Clínico
www.programavictoria.com

jueves, 24 de enero de 2013

Intervención


Cuando tenemos un familiar adicto y queremos ayudarle nos vemos ante una situación de muy difícil manejo. Ya lo hemos comentado anteriormente en este blog.

En Estados Unidos se ha desarrollado una técnica llamada Intervención mediante la cual se trata de provocar el cambio de actitud en una persona adicta, para que acepte ponerse en tratamiento y solucionar su problema.

Esta técnica implica la participación de todas las personas más significativas en la vida del paciente, especialmente sus familiares más cercanos, amigos, compañeros de trabajo, etc. En definitiva, todos aquellos que se preocupan y sufren indirectamente los efectos de la adicción del sujeto.

Un profesional especializado en esta técnica dirige el proceso y prepara el terreno con los familiares y allegados antes del encuentro con el paciente para intentar que el resultado sea el deseado, que acepte ponerse en tratamiento de forma inmediata y cambie la situación totalmente.

Anoche empezó a emitir el canal Xplora, de la televisón, los episodios de la serie americana "Intervention", que ha sido traducida en España como Adicción, en la cual se ven casos reales de personas adictas y sus familiares.

Hasta ahora solo podía verse en canales de pago, pero desde ahora está al alcance de todos.

Si te preocupa el problema de adicción de un familiar, estos programas pueden ayudarte a plantear el problema con más éxito y motivarle para ponerse en tratamiento.

Bernardo Ruiz Victoria
Psicólogo Clínico
www.programavictoria.com

lunes, 12 de noviembre de 2012

De tal palo, tal astilla


Cualquier persona que permanezca atenta al problema de la adicción al alcohol puede darse cuenta de que las personas que la padecen suelen tener antecedentes familiares con el mismo problema.

Y es que las cosas son así. Muchos estudios científicos han demostrado que hay un cierto componente hereditario que explica por qué el alcoholismo se reproduce con mucha frecuencia en miembros de la misma familia.

Aunque no se ha encontrado una sencilla explicación genética, de lo que no cabe duda es de que cada persona tiene en su propia naturaleza un determinado grado de sensibilidad ante los efectos adictivos del alcohol, y también de otras drogas.

Esa diferencia de sensibilidad hace que, al ponerse en contacto con la bebida, unos sujetos desarrollen la adicción antes y otros más tarde. Siempre es una cuestión de copas y de tiempo, es cierto, pero para algunas personas hacen falta menos copas y menos tiempo que para otras.

Esta diferente sensibilidad a los efectos adictivos del alcohol y de las drogas se transmite por vía genética de padres a hijos, aunque no en todos los casos individuales, pero se estima que cuando uno de los padres, o uno de los abuelos, ha tenido problemas con el alcohol, el riesgo de padecerlos se multiplica por cuatro.

Pero no olvidemos que el alcohol solo genera adicción en las personas que lo consumen, de modo que por muchos antecedentes familiares que uno tenga, si no bebe alcohol, o lo hace siempre dentro de unos límites extremadamente moderados, podrá mantenerse a salvo de la enfermedad adictiva.

También es cierto que aunque uno no tenga ni rastro de familiares adictos, si se empeña lo suficiente en beber o consumir drogas, acabará generándose la adicción. Insisto, es cuestión de copas y de tiempo. Nadie está libre del riesgo de convertirse un día en alcohólico o adicto a cualquier otra substancia. Solo la abstinencia es la garantía de que tal cosa no llegará a suceder.


Bernardo Ruiz Victoria
Psicólogo Clínico