Blog del Programa Victoria, un innovador tratamiento del alcoholismo que te facilita las claves para aprender a vivir sin adicciones. Aquí se tratan los temas de actualidad sobre el alcohol y las drogas, además de las experiencias vividas por el psicólogo Bernardo Ruiz en sus más de 30 años de experiencia en una clínica de desintoxicación.
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viernes, 23 de enero de 2015
Amanecer sin resaca
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miércoles, 28 de mayo de 2014
Superar la adicción con humildad
Una de las barreras que más cuesta saltar a los pacientes que atiendo es la de la soberbia.
En primer lugar, el paciente adicto tiende a no reconocerse como tal. Puede aceptar que bebe, incluso que bebe en exceso. Puede aceptar que el alcohol le causa problemas en su vida. Pero aceptar que es adicto ¡¡¡uffff!!! eso cuesta mucho.
Y peor aún si el término que empleamos es el de alcohólico. Entonces aún menos.
Además, yo lo dejo cuando quiera, suelen pensar.
Y como esa es una verdad a media, porque cualquier adicto puede pasar unos días sin beber. Puede costarle más o menos, a veces nada, pero lo puede conseguir. Pero eso no significa que haya superado su enfermedad adictiva. Simplemente significa que ha entrado en una fase de no consumo, pero liberarse de una adicción va mucho más allá del hecho de no consumir.
Por eso, la falta de humildad lleva muchas veces a la recaída. Como no aceptamos nuestra condición de adictos, creemos que con el paso del tiempo las cosas serán diferentes. Es decir, que podremos beber un poco sin perder el control y sin sufrir de nuevo todas las consecuencias que ya conocemos.
Y por eso mismo, la terapia para la adicción tiene que ir más allá que el simple consejo de dejar de beber, que es imprescindible por otro lado.
El paciente tiene que asimilar humildemente su condición de adicto y su vulnerabilidad en determinadas circunstancias que debe conocer. Tiene que prepararse para hacer frente a las situaciones de riesgo, las que podrían generarle de nuevo el deseo de beber, y aprender a manejarlas con éxito para evitar las recaídas.
Si la mentira y el autoengaño son uno de los pilares que sustentan la enfermedad adictiva, la soberbia es otro muy importante. Y como remedio para ambas, la verdad y la humildad. Y trabajar todo esto en la terapia sin olvidarse nunca de que el peligro está siempre latente.
Bernardo Ruiz Victoria
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jueves, 24 de abril de 2014
¿Fácil o difícil?
En
estas últimas semanas he atendido a varios pacientes que han acudido
a nosotros agobiados y preocupados por su problema de adicción al
alcohol y por las graves consecuencias que estaba trayendo a sus
vidas su comportamiento adictivo, y me han hecho pensar sobre una
paradoja que se da con mucha frecuencia en estos casos.
Existe
una creencia generalizada de que superar una adicción es algo muy
difícil. Algo que supone un gran esfuerzo personal y que es un
camino jalonado de fracasos y recaídas.
También
existe la creencia de que vivir sin alcohol está lleno de
inconvenientes, ya que vivimos en una sociedad que nos ofrece bebidas
alcohólicas en todo tipo de eventos y situaciones sociales, y que
por eso, ser abstemio es una especie de automarginación social,
vamos que uno se convertiría en un bicho raro señalado por todo el
mundo si decide dejar de beber.
En
cambio, hay muchos casos en los que el cambio resulta
sorprendentemente fácil para el propio sujeto. Y esto es lo que he
observado en los dos pacientes que me han inspirado para escribir
esta entrada del blog.
Uno
de ellos es camarero, rodeado de alcohol por todas partes,
acostumbrado a beber con sus propios clientes, y de seguir después
del trabajo con los compañeros, lo cual le llevaba además a la
ludopatía, con graves consecuencias económicas para él y su
familia.
El
otro es un joven ejecutivo de una empresa familiar. También rodeado
de alcohol por todas partes, porque ya sabemos que, según cree mucha
gente, los negocios en España se cierran en los bares.
En
ambos casos estaban muy asustados pensando que iba a resultarles
extremadamente difícil decir que no a la presión social y seguir
haciendo su vida sin beber. Y en cambio, han conseguido dejarlo sin
esfuerzo, y empiezan a sentirse mucho mejor. Además empiezan a darse
cuenta de los beneficios de todo tipo que están recibiendo desde que
han dejado el alcohol.
Naturalmente,
están en el principio de su proceso terapéutico y aún van a
necesitar mucho apoyo y mucho tiempo para consolidar sus nuevas
actitudes y convertirlas en hábitos sólidos y estables. Pero lo que
hoy me mueve a la reflexión la observación de que muchas veces es
más fácil de lo que supuestamente cabría esperar dejar el alcohol
y empezar a vivir de nuevo. Y que no es necesario pasar por un
calvario de síntomas de abstinencia ni por situaciones de rechazo
social, sino todo lo contrario.
Por
supuesto que la terapia es fundamental, y que ninguno de estos
cambios se hubieran iniciado sin la ayuda terapéutica, que seguirá
siendo necesaria durante un tiempo, pero ahí queda la reflexión.
Dejar de beber puede ser mucho más fácil de lo que nos tememos, y
se puede empezar a disfrutar de la vida sin alcohol de un modo
inmediato.
Bernardo
Ruiz Victoria
Psicólogo
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jueves, 27 de marzo de 2014
Todo el mundo bebe, es lo normal
Vivimos en una sociedad muy tolerante con el consumo de alcohol. Somos un país productor de bebidas alcohólicas, de vinos que se venden por todo el mundo, de cerveza y muchas otras variedades de líquidos contenedores de etanol.
No hay fiesta, celebración o evento de cualquier clase que no incluya como parte consubstancial el alcohol de una u otra forma. Desde la clásica copa de vino español en un acto oficial o con pretensiones de formalidad, hasta el botellón olímpico que organizan miles de jóvenes con las más diversas excusas en muchas ciudades españolas.
Y en ese entorno sociocultural, algunas personas tienen que lidiar con su problema de adicción, y vivir sin alcohol si quieren mantener una vida digna de tal nombre.
Porque cuando una persona es adicta al alcohol es porque ha perdido la capacidad de regular su consumo dentro de unos límites moderados, y porque ese consumo descontrolado va acompañado de todo tipo de consecuencias negativas para su salud, su familia, su autoestima, su vida profesional y un largo etcétera que no quiero repetir hoy una vez más.
Cuando una persona empieza a darse cuenta de que tiene un problema con el alcohol, una de sus justificaciones más habituales es la de pensar que - dado que todo el mundo bebe, es lo normal - yo no puedo dejar de beber sin perderme lo más hermoso de la vida social.
Falso, como tantas mentiras que el adicto va generando en su mente como consecuencia de su propio problema, porque lo cierto es que solo dejando de beber podrá llevar una vida sana y equilibrada, incluso en el terreno de la vida social.
Claro que hay que aprender a decir que uno no bebe, con naturalidad y con firmeza. Como el que deja de fumar lo dice con un sano orgullo que genera admiración en muchas otras personas.
Y al dejar de beber, se da uno cuenta de que hay muchas personas abstemias por el mundo, que tan normal es beber alcohol como no beberlo, y en los casos en que es necesario, no solo es normal sino que es la única opción sensata, responsable y saludable.
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miércoles, 23 de octubre de 2013
Contar los días
Llevo sin beber ciento cuarenta y tres días – dice un hombre
a su amigo – y lo llevo bien. Espero pronto celebrar los doscientos.
Para algunas personas contar los días que llevan sin beber
representa una ayuda para mantenerse en sobriedad, y tienden a hablar de ello
con frecuencia con las personas que saben que están en ese proceso.
En cambio otros prefieren simplemente pensar que ya no beben,
que han dejado atrás su pasado con el alcohol, y que no importa el tiempo
transcurrido sino su decisión y su voluntad de seguir en sobriedad.
Como hay gente para todo, lo más probable es que ambas
opciones sean válidas, y no voy a ser yo el que cuestione lo que a uno le
funciona, pero si me gustaría hacer una reflexión general sobre el tema con la
intención de ayudar al que lo necesite.
Lo importante es seguir sin beber, y no solo eso; que la
sobriedad sea el resultado de un cambio de actitudes y de comportamiento, una
forma diferente de pensar y de sentir que haga que la persona se encuentre
mejor consigo misma y, por lo tanto, sea consciente de que beber alcohol no le
aporta nada bueno, y de que se encuentra mejor libre de adicciones.
Y en ese camino de estabilizarse en la sobriedad, la cuenta
de días puede tener un efecto perverso en algunas personas. A veces algunos
tienen como “cifras psicológicas” que una vez superadas les pueden hacer creer
que ya han superado su problema y que ya se han “curado” de su adicción.
Para algunos es un año, para otros diez años. No importa. Si
uno tiene una fecha de referencia, o una meta temporal, corre el riesgo de
sentir que, una vez superada, está ya en condiciones de tener otra relación
diferente con el alcohol, que ya no van a repetirse los problemas del pasado -
porque ya he aprendido a controlarme - y en definitiva, darse de nuevo permiso
para beber alcohol.
Craso error, ya que la adicción no olvida ni perdona. Y si
la ponemos de nuevo en marcha no tardará en apoderarse de nuevo de nuestra
mente y de nuestra conducta.
Así que yo prefiero centrarme en el día de hoy. Hoy no bebo.
Estoy mejor sin alcohol. Quiero seguir así porque estoy mejor. Y no importa el
tiempo transcurrido desde la última copa, porque lo que cuenta es el presente y
el futuro sin alcohol.
Bernardo Ruiz Victoria
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miércoles, 2 de octubre de 2013
Perseverar en la sobriedad
Cuando una persona se
plantea seriamente dejar de beber, y sobre todo si recibe la ayuda terapéutica
de un tratamiento especializado como el Programa Victoria, suele resultar
sorprendentemente fácil acabar con ese hábito que le ha venido acompañando
durante años y que ha hecho sufrir tanto a la propia persona adicta, así como a
su entorno.
De repente, uno ha
dejado de beber y se siente bien. Parece que todo ha sido muy fácil y que ya
está todo solucionado. Pero si nos quedamos en esa actitud autocomplaciente es
muy posible que las cosas se acaben torciendo antes o después y que el paciente
se lleve un tremendo batacazo el día menos esperado. Una recaída, que suele ser
muy frustrante y muy dolorosa, sobre todo para los que le rodean.
En el Programa
Victoria insistimos en la importancia de adquirir unos hábitos saludables
concretos que ayuden a mantener la actitud mental adecuada para seguir en
sobriedad. Y por eso ponemos un gran hincapié en la práctica de la Relajación.
A lo largo de la
terapia nuestros pacientes aprenden una sencilla técnica de Relajación,
Visualización y Pensamientos Positivos, que se llevan grabada en un disco para
poder practicarla en casa a diario, que es lo que recomendamos siempre.
La Relajación
contiene los ingredientes esenciales para continuar beneficiándose los efectos
positivos iniciales del Programa Victoria. En primer lugar ayuda a combatir la
ansiedad y evita la acumulación de tensiones emocionales. En segundo lugar potencia
la actitud mental positiva, que ayuda a seguir sin beber de una forma optimista
y con una sensación de bienestar y liberación, a través de los Pensamientos
Positivos que se incluyen en el ejercicio. Y por último, a través de la
Visualización el paciente se prepara psicológicamente para hacer frente a las
situaciones de riesgo que podrían conducirle a una recaída, aumentando así su
capacidad de reacción y evitando que la recaída llegue a materializarse.
En mi experiencia he
visto que aquéllas personas que incorporan la práctica de la relajación en su
rutina diaria y la mantienen a largo plazo son las que no tienen recaídas y
cada día se sienten mejor con su sobriedad. En cambio, cuando un paciente recae
y contacta conmigo, lo primero que me reconoce es que hace tiempo que había
dejado de practicarla.
Mantenerse en
sobriedad es una tarea de todos los días. Cada día empieza de cero, en cierto
sentido, aunque siempre es más fácil seguir sin beber cuando se van haciendo
las cosas bien día a día, pero cada jornada requiere de su tiempo para
perseverar en la sobriedad y seguir disfrutando de la vida libre de adicciones.
Bernardo Ruiz
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martes, 24 de septiembre de 2013
Miedo a las recaídas
Hace unos días me
llegó una consulta por e-mail de una persona que no conozco y que me cuenta que
lleva ya más de dos años sin beber y acudiendo a reuniones de Alcohólicos
Anónimos.
Su preocupación es
que se siente agobiado por la constante referencia que escucha en las reuniones
de que si deja de acudir a ellas va a recaer inevitablemente y que la única
solución para mantener la sobriedad es seguir acudiendo de por vida a reuniones
de AA.
Esta es una de las
creencias que están muy extendidas en los grupos de autoayuda, tales como
Alcohólicos Anónimos y también en Alcohólicos Rehabilitados y otras entidades
similares.
Se trata, como digo,
de una creencia basada en que en muchas ocasiones sucede eso. Cuando una
persona que ha estado un tiempo participando en reuniones de AA deja de ir es
porque ha vuelto a beber, o bien es el preludio de una recaída.
El error, en mi opinión,
está en sacar la conclusión de que hay una relación de causa y efecto entre
ambos hechos, y más aún, que es la única causa.
Muchas personas han
dejado el alcohol sin acudir en su vida a una reunión. Han podido hacerlo con
ayuda médica, psicológica, o tal vez siguiendo programas terapéuticos
diferentes de los doce pasos de Alcohólicos Anónimos, que también existen.
Yo mismo tengo la
experiencia de casi treinta años de trabajo con el Programa Victoria, en el que
nuestros pacientes aprenden a vivir sin alcohol sin necesidad de acudir a
reuniones de autoayuda de ninguna clase.
Aunque no tengo nada
en contra de que lo hagan y siempre les animo a que al menos vayan una vez para
conocer de qué se trata y valorar si les puede servir de ayuda, el caso es que solo
aquéllos que ya conocían previamente AA o AARR encuentra positiva la
participación en tales reuniones.
Y no por eso recaen
más que los demás, sino todo lo contrario.
Lo malo, en mi
opinión, es fomentar el miedo a la recaída, o más bien la superstición de que
uno “necesita” seguir yendo a reuniones o de lo contrario volverá a beber o a
drogarse. Al repetir una y otra vez ese mensaje, en la mente de muchas personas
se convierte en una programación mental que actúa en su subconsciente de modo
que, si por alguna razón dejan de acudir a reuniones, acaban recayendo.
Es como una profecía
autocumplida. Como me he creído, a fuerza de escucharlo, que voy a recaer si
dejo de venir, si alguna vez las circunstancias de la vida me llevan a dejar de
ir a reuniones acabo cayendo en aquello que he llegado a considerar como
inevitable.
Creo que esa es una
mala interpretación del fondo del programa de los doce pasos, que busca la
liberación del sujeto de su adicción. Bien es cierto que la adicción no se
elimina nunca y que el riesgo de la recaída es un peligro latente que siempre
está ahí, pero fomentar el miedo y condicionar la sobriedad a la asistencia a
reuniones es simplemente una superstición que no deberíamos fomentar los
terapeutas que trabajamos en estos campos.
La libertad es lo que
pierde el adicto, y recuperarla significa aprender a valerse por sí mismo para
evitar las recaídas. Las reuniones pueden ser una ayuda, y muchas veces lo son,
pero nunca deberían presentarse como la única solución, ya que simplemente no
es cierto.
Bernardo Ruiz
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jueves, 12 de septiembre de 2013
Volver a empezar
Después de unos días de vacaciones nos reincorporamos de
nuevo a la vida cotidiana y empezamos con una alegría.
Uno de nuestros pacientes cumple cinco años desde que hizo
el Programa Victoria con nosotros y nos ha escrito un mensaje muy hermoso en el
que relata cómo ha cambiado su vida desde que se decidió a dejar el alcohol.
A mi me ha hecho recordar lo mal que estaba este hombre la
primera vez que lo vi, el sufrimiento que había pasado su esposa hasta que él
se decidió a pedirnos ayuda. Para colmo ella es médico y se sentía doblemente
impotente al no ser capaz de ayudar a su marido a superar sus adicciones.
En cambio ahora ambos han recuperado la ilusión de vivir, se
han construído una casa nueva, han celebrado la boda de su único hijo, y están
disfrutando de la vida libre de adicciones.
Cuando recibimos estos testimonios, aparte de la gran
alegría que nos embarga, nos entra también una cierta tristeza, al menos a mi
me sucede, por todas las personas que están todavía esclavizadas por su
adicción, y que no se han decidido aún a dar el paso definitivo para liberarse
de ella.
Espero que en este nuevo curso ayudemos a muchos más a
conseguirlo.
Bernardo Ruiz Victoria
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martes, 10 de septiembre de 2013
Estrenamos página web
Después de unas merecidas vacaciones, hemos tenido unas semanas de intenso trabajo en las que hemos empezado nuevos proyectos para el Programa Victoria.
La primera de ellas, y la que queremos dar a conocer hoy, es la nueva web www.programavictoria.com, una página mucho más visual, moderna e intuitiva en la que podréis informaros de todos los servicios que ofrecemos, adquirir el libro de nuestro psicólogo Bernardo Ruiz, titulado "Objetivo Libertad: Hoja de ruta para salir del laberinto del alcohol", o conocer al detalle en qué consisten nuestros cursos de relajación.
Pronto volveremos con las entradas semanales, mientras tanto, os recomendamos visitar la web y que nos dejéis vuestra opinión!
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jueves, 18 de julio de 2013
Normas terapéuticas
Siempre me ha sorprendido el hecho de que en la inmensa
mayoría de los tratamientos para la adicción se trata a los pacientes como si
fueran “presuntos delincuentes”.
Me refiero, por ejemplo, a que al ingresar en el centro lo
primero que se hace es registrar sus pertenencias para verificar que no
introducen alcohol o drogas en su equipaje, se les retira el dinero, el
teléfono, a veces también la documentación y hasta el reloj.
En algunos lugares incluso están cerrados con llave y no
tienen prácticamente libertad para hacer nada sin permiso de los cuidadores o
terapeutas.
Seguramente la idea que hay detrás de tales restricciones es
que los pacientes adictos no son fiables, mienten con frecuencia, tienden a
hacer trampas, etc. Y con tales controles se pretende evitar consumos y
problemas indeseados.
Mi sorpresa viene porque en nuestro Programa Victoria no
actuamos así. Nuestros pacientes no se ven privados de su libertad de
movimientos. Lógicamente hay unas mínimas normas que cumplir: participar en
todas las sesiones terapéuticas, respetar los horarios, no salir del recinto
del hotel donde se alojan durante la terapia, mantener el teléfono móvil en su
habitación y usarlo lo mínimo imprescindible, y lógicamente, no beber alcohol
ni consumir otras drogas.
Pero todo esto lo planteamos como un marco lógico de
actuación terapéutica, no como unas restricciones que se imponen
coercitivamente. Y por extraño que pueda parecer a algunos, la respuesta de los
pacientes es muy positiva. Al tratarlos como seres responsables de su propio
proceso terapéutico se dan cuenta del absurdo que sería ir contra sus propios
intereses, y al no tener normas rígidas, ni vigilantes para impedirles
saltárselas, dejan de pensar en cómo transgredirlas y empiezan a actuar de una
forma correcta y beneficiosa para tu tratamiento.
Si la adicción se caracteriza por la falta de libertad a la
que el sujeto llega por su dependencia del alcohol o de la substancia que sea,
no podemos pretender que la recupere si no se le permite ejercerla.
Naturalmente hay gente para todo, y es probable que en
algunos casos no haya más remedio que aplicar más control externo a ciertos
pacientes, pero creo que para la mayoría es mejor transmitirles
responsabilidad, confianza y seguridad en si mismos porque estos valores van en
la dirección adecuada de una vida libre de adicciones.
Bernardo Ruiz Victoria
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jueves, 13 de junio de 2013
Los pecados del adicto
Desde hace muchos años hablo a mis pacientes de que la
adicción es la enfermedad de la mentira, y desde hace algún tiempo he añadido
también de la soberbia.
Las personas adictas empiezan por engañarse a si mismas y a
continuación tratan de engañar a los demás. La mentira se va instalando en su
vida de una manera que a veces llegan a ser víctimas de sus propios embustes y
les cuesta trabajo hasta reconocer lo evidente.
Cuántas veces nos encontramos con pacientes que niegan su
consumo de alcohol incluso después de que una prueba de alcoholemia nos acaba
de demostrar que han bebido mucho recientemente. Pues no, que te lo juro que no
he bebido más que una cerveza anoche, pero era sin alcohol.
La soberbia es la que les lleva a negar que necesiten ayuda
para nada. Yo lo controlo, yo lo dejo cuando quiera, para qué voy a ir yo a un
psicólogo o a un médico, qué me van a decir que yo no sepa ya.
Y con estas actitudes, que son producto de la propia
enfermedad adictiva, el problema no hace sino crecer, aumentar y agravarse.
Hasta que en algún momento estalla.
En estos días he tenido ocasión de ver la película “El
vuelo” en la que se ven con toda claridad estos temas. La soberbia y la mentira
llevadas hasta sus últimas consecuencias.
Un excelente guión y una muy buena interpretación de Denzel
Washington. Muy recomendable.
Bernardo Ruiz Victoria
Psicólogo Clínico
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miércoles, 24 de octubre de 2012
Yo no soy alcohólico
Suelo
decir a mis pacientes que las palabras las carga el diablo. Quiero con ello dar
a entender que nuestras actitudes y nuestros estados de ánimo están sostenidos
por diálogos internos de los que muchas veces no somos conscientes y que nos
juegan malas pasadas. Por eso digo que las carga el diablo, porque nos engañan
y nos llevan a donde no queremos.
Y un
ejemplo de esto es el término alcohólico, o la palabra alcoholismo.
Por
razones muy diversas, que no vale la pena detallar en estos momentos, estas
palabras se han llenado de un significado peyorativo para la mayoría de las
personas. Es algo cercano un insulto decir que alguien conocido es alcohólico,
o que ha caído en el alcoholismo.
Es
curioso, por un lado, porque nadie se ofende por que le llamen hipertenso,
diabético o por que le digan que sufre de colesterol, en cambio, casi todo el
mundo ve de muy mal gusto tildar de alcohólica a una persona, y mucho menos
aplicarse el término a uno mismo.
En mi
experiencia, solo las personas que han conseguido la sobriedad gracias a la
ayuda de Alcohólicos Anónimos, o a través de asociaciones de Alcohólicos
Rehabilitados, usan el término con naturalidad refiriéndose a si mismas sin la
carga negativa que tiene para la gente común. Pero son una minoría.
El
término alcohólico se equipara a vicioso, vago, maleante, a persona de moral
dudosa, a alguien de quién queremos alejarnos lo antes posible. Asociamos el
término con un vagabundo bebiendo un cartón de vino en el banco del parque, o a
un sujeto que de la mañana a la noche vive pegado a una copa, incapaz de llevar
una vida de persona decente y responsable. Y no digamos nada de lo que nos
viene a la mente si pensamos en una mujer alcohólica.
Este
conjunto tan negativo de asociaciones de ideas hace que rechacemos de plano
cualquier posibilidad de parecernos a seres tan despreciables, aunque nuestro
comportamiento, o el de alguien cercano a nosotros, esté dentro de los
parámetros de la enfermedad adicitiva, tal como la define la ciencia médica y
psicológica , y como explicamos en las primeras entradas de este blog.
Esta es
una de las primeras barreras que hay que superar para poder entrar en el camino
de la superación de la adicción. Aceptar que uno tiene un problema, una
enfermedad, física, psíquica y del alma, que le ha llevado a perder
progresivamente su libertad, su capacidad de actuar como un ser humano completo
y que le lleva progresivamente a consecuencias cada vez peores, a menos que se
ponga remedio a tiempo.
Pero
tampoco creo necesario luchar contra molinos de viento y forzar a nadie a
aplicarse a si mismo un término tan cargado de negatividad, injustamente, pero
así es, de modo que prefiero evitarlo con mis pacientes y hablar en cambio de
adicción, de enfermedad adictiva, de aprender a vivir sin alcohol y sin
adicciones, que es realmente la esencia del objetivo terapéutico.
Ojalá
algún día, hablar de estos temas sea tan natural como hablar del colesterol, de
la diabetes o de la presbicia, y que la sociedad entienda la adicción como una
enfermedad más, que necesita de un tratamiento adecuado y profesional, no solo
de buenas intenciones y de fuerza de voluntad.
Bernardo
Ruiz Victoria
Psicólogo
Clínico
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lunes, 1 de octubre de 2012
¿Tienes un familiar con problemas de Alcohol?
Desde la familia se puede ejercer una muy
importante presión positiva para que la persona afectada se decida a ponerse en
tratamiento y superar su problema. De hecho, la familia suele ser quién mejor
puede ayudar a esto.
Pero la presión familiar debe hacerse de
acuerdo con ciertos criterios para ser eficaz:
Hay que hablar de "Solución", no de "Problema"
No hay que insistir más en lo mal que está
la persona bebedora. Da por hecho que ya lo sabe, aunque nunca lo haya
reconocido a las claras o siempre tienda a justificar o minimizar el caso. Lo
sabe ... porque es quien primero lo sufre.
Por eso lo importante es hablarle de solución. Proponerle ayuda. Hablarle de los beneficios que todos van a obtener cuando el problema se haya superado.
Por eso lo importante es hablarle de solución. Proponerle ayuda. Hablarle de los beneficios que todos van a obtener cuando el problema se haya superado.
Presionar para que
se ponga en tratamiento, no para que deje de beber.
Si la presión la ejercemos en la dirección
de intentar que deje de beber estaremos creándole una mayor angustia, ya que la
esencia del problema de una persona dependiente del alcohol es que no es capaz
de controlarse bebiendo, y por lo tanto, le estamos pidiendo algo que está
fuera de su alcance, y le estamos induciendo, sin querer, al fracaso, a la
ocultación de su conducta, a la mentira, a la agresividad etc.
Si le presionamos para que se ponga en
tratamiento le estamos pidiendo algo para lo que si está capacitado. Nada le
impide acudir a una consulta con un terapeuta especializado en la materia que
le ayude a iniciar el proceso de recuperación.
Por eso la presión siempre debe dirigirse a
que se ponga en tratamiento. Y ofrecerle una o varias alternativas terapéuticas
para que elija la que le resulte más adecuada a sus características personales.
Ser
firme en la presión.
Es fácil que en medio una discusión la
pareja plantee que no está dispuesta a seguir así, que si no deja de beber se
van a separar, etc. Y que luego, al cabo de un tiempo se ablande, una vez
pasado el enfado, y de por buenas las intenciones de cambio del familiar
bebedor.
Esto no sirve de ayuda.
La presión debe dirigirse siempre hacia que
se ponga en tratamiento, y además, hay que ser firme y cumplir cualquier
"amenaza" que se haya formulado.
En resumen, el mensaje es el siguiente: “Si
te pones en tratamiento aquí me tienes y podrás contar con todo mi apoyo para
salir adelante. Si no lo haces yo no quiero seguir así y nuestra relación se va
a terminar”.
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viernes, 28 de septiembre de 2012
Preguntas y Respuestas sobre el Alcohol y la Adicción
¿Cuándo se puede
considerar que una persona es "alcohólica"?
Decimos que una persona tiene adicta al
alcohol cuando continúa bebiendo a pesar de que el consumo de alcohol está
interfiriendo de forma negativa en su vida, ya sea en su salud, en su
equilibrio psicológico, en su trabajo, en su vida familiar, en su imagen
social, etc.
¿Es el alcoholismo una
enfermedad?
En lugar de “alcoholismo”, que es un término
que suele resultar muy duro de escuchar, preferimos hablar de adicción.
La adicción o dependencia del alcohol es un
problema serio que deteriora la salud de la persona que la padece en el sentido
más amplio de la palabra.
Más aún, es un problema que afecta a uno de
los elementos esenciales del ser humano: la libertad.
La persona adicta al alcohol va perdiendo su
capacidad de decidir si bebe o no bebe, se va reduciendo poco a poco el
autocontrol sobre su propia conducta, en definitiva: va perdiendo su libertad.
Podemos considerar que la adicción al
alcohol es una enfermedad, porque afecta a la salud y al equilibrio personal de
quién la padece y de los que le rodean, y porque es necesario un someterse a un
tratamiento adecuado para recuperarse de la misma.
Pero no es una enfermedad como tantas otras
que se pueden "curar" tomando ciertos medicamentos, mediante una
operación quirúrgica o mediante algún otro procedimiento médico habitual.
¿Nacen las personas predispuestas hacia el
alcoholismo?
Cada persona reacciona ante el consumo de
alcohol de una forma diferente. Esto es debido a que la constitución genética
de cada individuo es diferente y única. Sin embargo, esto no quiere decir que
la dependencia del alcohol está sólo determinada por la genética.
Así como cuando varias personas toman el sol
su piel reacciona de modo diferente, llevando a algunas a un agradable color
dorado y a otras a quemarse en el mismo tiempo, existen diferencias
individuales que hacen que unos individuos sean más sensibles al alcohol que
otros, y por tanto sea más fácil que desarrollen dependencia.
De todos modos, cualquier persona que beba
en exceso puede convertirse en adicta al alcohol en más o menos tiempo.
¿Qué es beber
"moderadamente"?
Consideremos una "unidad" de
consumo de alcohol a la cantidad contenida en un vaso de vino, en una cerveza,
en una copa de cava, vino dulce o jerez, (unos doce gramos de alcohol puro).
Las copas de licor: anís, whisky, cognac,
ginebra, etc. o los combinados de estas bebidas equivalen a dos
"unidades".
Diversos estudios científicos establecen
como límites máximos de consumo de alcohol los siguientes:
Sexo Límite
diario Límite semanal
Hombre 4 20
Mujer 3 15
Estos datos se refieren siempre a personas
sanas que no hayan tenido previamente problemas con el alcohol y no representan
una seguridad absoluta de que no se vaya a sufrir daños en su salud o el
desarrollo de la dependencia alcohólica.
Cada vez que una persona supera estos
límites está sometiendo a su organismo a un efecto negativo que altera su
funcionamiento, y puede conducirle al desarrollo de la adicción al alcohol, o
de otros problemas de salud derivados del efecto tóxico del alcohol en el
cuerpo humano.
¿Se puede curar la dependencia del alcohol?
Sí y
No.
Si entendemos la "curación" como
la vuelta a una situación como la que tenía la persona antes de haber bebido su
primer trago de alcohol la respuesta es negativa. Una vez que se ha abusado del
alcohol y se ha desarrollado la adicción siempre habrá unas alteraciones
fisiológicas y conductuales que permanecerán latentes en el individuo.
Sin embargo, con una terapia adecuada, se
puede aprender a vivir sin alcohol de una forma saludable y equilibrada. Es
decir la dependencia se puede superar y la persona puede recuperar su libertad.
Al
tratarse de una conducta que ha pasado de ser un hábito a ser una adicción es
necesario un tratamiento psicológico que restituya a la persona su capacidad de
autocontrol ante las situaciones, ya sean de presión social, de alteración
emocional, o de otro tipo, en las que anteriormente bebía.
¿Son todos los tratamientos iguales?
No.
A lo largo de los últimos años se han
desarrollado diferentes maneras de abordar el problema y métodos terapéuticos
muy diferentes entre sí.
Una cosa es ingresar en un Hospital
Psiquiátrico y otra acudir a una reunión de Alcohólicos Anónimos o de
Alcohólicos Rehabilitados.
No es lo mismo tomar "Colme" o
"Antabus" que tomar medicamentos ansiolíticos, o naltrexona. Tampoco
es lo mismo hacerse un psicoanálisis o someterse a acupuntura.
Todos estos tratamientos son a su vez muy
diferentes del Programa Victoria
Antes de ponerse en tratamiento, o de
recomendar a alguien que lo haga, infórmese cuidadosamente de las
características del método de trabajo que sigue cada entidad, así como de los
resultados terapéuticos que tiene.
¿Es necesario beber todos los días para ser
adicto?
No.
Muchas personas desarrollan una forma de
dependencia que se manifiesta de forma intermitente.
Algunas veces el sujeto es capaz de no beber
nada, tal vez durante días o semanas, o incluso de beber moderadamente. Pero
esto no evita que en ocasiones beba de una forma descontrolada y que ello le
traiga consecuencias negativas de toda índole.
¿Qué
síntomas indican que una persona abusa del alcohol?
A continuación mostramos algunos de los
principales y más comunes síntomas que presentan las personas que tienen
problemas con el alcohol.
La presencia de cualquiera de ellos hace
recomendable la consulta del caso particular con un profesional especializado:
Síntomas físicos
Beber grandes
cantidades sin embriagarse
Náuseas o vómitos
al levantarse
Pérdida de apetito
Lagunas de memoria
(olvidar detalles de lo que se ha hecho o dicho)
Ligero temblor en
las manos que se alivia al beber alcohol
Valores elevados en
la enzima Gamma GT o en el Volumen Corpuscular Medio en un análisis de sangre.
Síntomas psicológicos
Sentimientos de
culpabilidad, sobre todo a la mañana siguiente.
Justificaciones del
tipo de "yo lo dejo cuando
quiera", "todo el mundo bebe", etc.
Sentirse molesto
cuando alguien le sugiere que deje de beber o que al menos no beba tanto
Intentos y promesas
de no beber, o de beber menos.
Bernardo
Ruiz Victoria
Psicólogo
Clínico
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