Mostrando entradas con la etiqueta alcoholico. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta alcoholico. Mostrar todas las entradas

miércoles, 28 de mayo de 2014

Superar la adicción con humildad

Una de las barreras que más cuesta saltar a los pacientes que atiendo es la de la soberbia.

En primer lugar, el paciente adicto tiende a no reconocerse como tal. Puede aceptar que bebe, incluso que bebe en exceso. Puede aceptar que el alcohol le causa problemas en su vida. Pero aceptar que es adicto ¡¡¡uffff!!! eso cuesta mucho.

Y peor aún si el término que empleamos es el de alcohólico. Entonces aún menos. 

Además, yo lo dejo cuando quiera, suelen pensar. 

Y como esa es una verdad a media, porque cualquier adicto puede pasar unos días sin beber. Puede costarle más o menos, a veces nada, pero lo puede conseguir. Pero eso no significa que haya superado su enfermedad adictiva. Simplemente significa que ha entrado en una fase de no consumo, pero liberarse de una adicción va mucho más allá del hecho de no consumir.

Por eso, la falta de humildad lleva muchas veces a la recaída. Como no aceptamos nuestra condición de adictos, creemos que con el paso del tiempo las cosas serán diferentes. Es decir, que podremos beber un poco sin perder el control y sin sufrir de nuevo todas las consecuencias que ya conocemos.

Y por eso mismo, la terapia para la adicción tiene que ir más allá que el simple consejo de dejar de beber, que es imprescindible por otro lado. 

El paciente tiene que asimilar humildemente su condición de adicto y su vulnerabilidad en determinadas circunstancias que debe conocer. Tiene que prepararse para hacer frente a las situaciones de riesgo, las que podrían generarle de nuevo el deseo de beber, y aprender a manejarlas con éxito para evitar las recaídas.

Si la mentira y el autoengaño son uno de los pilares que sustentan la enfermedad adictiva, la soberbia es otro muy importante. Y como remedio para ambas, la verdad y la humildad. Y trabajar todo esto en la terapia sin olvidarse nunca de que el peligro está siempre latente.


Bernardo Ruiz Victoria
Psicólogo Clínico

jueves, 24 de abril de 2014

¿Fácil o difícil?

En estas últimas semanas he atendido a varios pacientes que han acudido a nosotros agobiados y preocupados por su problema de adicción al alcohol y por las graves consecuencias que estaba trayendo a sus vidas su comportamiento adictivo, y me han hecho pensar sobre una paradoja que se da con mucha frecuencia en estos casos.

Existe una creencia generalizada de que superar una adicción es algo muy difícil. Algo que supone un gran esfuerzo personal y que es un camino jalonado de fracasos y recaídas.

También existe la creencia de que vivir sin alcohol está lleno de inconvenientes, ya que vivimos en una sociedad que nos ofrece bebidas alcohólicas en todo tipo de eventos y situaciones sociales, y que por eso, ser abstemio es una especie de automarginación social, vamos que uno se convertiría en un bicho raro señalado por todo el mundo si decide dejar de beber.

En cambio, hay muchos casos en los que el cambio resulta sorprendentemente fácil para el propio sujeto. Y esto es lo que he observado en los dos pacientes que me han inspirado para escribir esta entrada del blog.

Uno de ellos es camarero, rodeado de alcohol por todas partes, acostumbrado a beber con sus propios clientes, y de seguir después del trabajo con los compañeros, lo cual le llevaba además a la ludopatía, con graves consecuencias económicas para él y su familia.

El otro es un joven ejecutivo de una empresa familiar. También rodeado de alcohol por todas partes, porque ya sabemos que, según cree mucha gente, los negocios en España se cierran en los bares.

En ambos casos estaban muy asustados pensando que iba a resultarles extremadamente difícil decir que no a la presión social y seguir haciendo su vida sin beber. Y en cambio, han conseguido dejarlo sin esfuerzo, y empiezan a sentirse mucho mejor. Además empiezan a darse cuenta de los beneficios de todo tipo que están recibiendo desde que han dejado el alcohol.

Naturalmente, están en el principio de su proceso terapéutico y aún van a necesitar mucho apoyo y mucho tiempo para consolidar sus nuevas actitudes y convertirlas en hábitos sólidos y estables. Pero lo que hoy me mueve a la reflexión la observación de que muchas veces es más fácil de lo que supuestamente cabría esperar dejar el alcohol y empezar a vivir de nuevo. Y que no es necesario pasar por un calvario de síntomas de abstinencia ni por situaciones de rechazo social, sino todo lo contrario.

Por supuesto que la terapia es fundamental, y que ninguno de estos cambios se hubieran iniciado sin la ayuda terapéutica, que seguirá siendo necesaria durante un tiempo, pero ahí queda la reflexión. Dejar de beber puede ser mucho más fácil de lo que nos tememos, y se puede empezar a disfrutar de la vida sin alcohol de un modo inmediato.


Bernardo Ruiz Victoria
Psicólogo Clínico

jueves, 27 de marzo de 2014

Todo el mundo bebe, es lo normal

Vivimos en una sociedad muy tolerante con el consumo de alcohol. Somos un país productor de bebidas alcohólicas, de vinos que se venden por todo el mundo, de cerveza y muchas otras variedades de líquidos contenedores de etanol.

No hay fiesta, celebración o evento de cualquier clase que no incluya como parte consubstancial el alcohol de una u otra forma. Desde la clásica copa de vino español en un acto oficial o con pretensiones de formalidad, hasta el botellón olímpico que organizan miles de jóvenes con las más diversas excusas en muchas ciudades españolas.

Y en ese entorno sociocultural, algunas personas tienen que lidiar con su problema de adicción, y vivir sin alcohol si quieren mantener una vida digna de tal nombre. 

Porque cuando una persona es adicta al alcohol es porque ha perdido la capacidad de regular su consumo dentro de unos límites moderados, y porque ese consumo descontrolado va acompañado de todo tipo de consecuencias negativas para su salud, su familia, su autoestima, su vida profesional y un largo etcétera que no quiero repetir hoy una vez más.

Cuando una persona empieza a darse cuenta de que tiene un problema con el alcohol, una de sus justificaciones más habituales es la de pensar que - dado que todo el mundo bebe, es lo normal - yo no puedo dejar de beber sin perderme lo más hermoso de la vida social.

Falso, como tantas mentiras que el adicto va generando en su mente como consecuencia de su propio problema, porque lo cierto es que solo dejando de beber podrá llevar una vida sana y equilibrada, incluso en el terreno de la vida social.

Claro que hay que aprender a decir que uno no bebe, con naturalidad y con firmeza. Como el que deja de fumar lo dice con un sano orgullo que genera admiración en muchas otras personas.

Y al dejar de beber, se da uno cuenta de que hay muchas personas abstemias por el mundo, que tan normal es beber alcohol como no beberlo, y en los casos en que es necesario, no solo es normal sino que es la única opción sensata, responsable y saludable. 


Bernardo Ruiz Victoria
Psicólogo Clínico

miércoles, 23 de octubre de 2013

Contar los días

Llevo sin beber ciento cuarenta y tres días – dice un hombre a su amigo – y lo llevo bien. Espero pronto celebrar los doscientos.

Para algunas personas contar los días que llevan sin beber representa una ayuda para mantenerse en sobriedad, y tienden a hablar de ello con frecuencia con las personas que saben que están en ese proceso.

En cambio otros prefieren simplemente pensar que ya no beben, que han dejado atrás su pasado con el alcohol, y que no importa el tiempo transcurrido sino su decisión y su voluntad de seguir en sobriedad.

Como hay gente para todo, lo más probable es que ambas opciones sean válidas, y no voy a ser yo el que cuestione lo que a uno le funciona, pero si me gustaría hacer una reflexión general sobre el tema con la intención de ayudar al que lo necesite.

Lo importante es seguir sin beber, y no solo eso; que la sobriedad sea el resultado de un cambio de actitudes y de comportamiento, una forma diferente de pensar y de sentir que haga que la persona se encuentre mejor consigo misma y, por lo tanto, sea consciente de que beber alcohol no le aporta nada bueno, y de que se encuentra mejor libre de adicciones.

Y en ese camino de estabilizarse en la sobriedad, la cuenta de días puede tener un efecto perverso en algunas personas. A veces algunos tienen como “cifras psicológicas” que una vez superadas les pueden hacer creer que ya han superado su problema y que ya se han “curado” de su adicción.

Para algunos es un año, para otros diez años. No importa. Si uno tiene una fecha de referencia, o una meta temporal, corre el riesgo de sentir que, una vez superada, está ya en condiciones de tener otra relación diferente con el alcohol, que ya no van a repetirse los problemas del pasado - porque ya he aprendido a controlarme - y en definitiva, darse de nuevo permiso para beber alcohol.

Craso error, ya que la adicción no olvida ni perdona. Y si la ponemos de nuevo en marcha no tardará en apoderarse de nuevo de nuestra mente y de nuestra conducta.

Así que yo prefiero centrarme en el día de hoy. Hoy no bebo. Estoy mejor sin alcohol. Quiero seguir así porque estoy mejor. Y no importa el tiempo transcurrido desde la última copa, porque lo que cuenta es el presente y el futuro sin alcohol.


Bernardo Ruiz Victoria
Psicólogo Clínico

miércoles, 2 de octubre de 2013

Perseverar en la sobriedad

Cuando una persona se plantea seriamente dejar de beber, y sobre todo si recibe la ayuda terapéutica de un tratamiento especializado como el Programa Victoria, suele resultar sorprendentemente fácil acabar con ese hábito que le ha venido acompañando durante años y que ha hecho sufrir tanto a la propia persona adicta, así como a su entorno.

De repente, uno ha dejado de beber y se siente bien. Parece que todo ha sido muy fácil y que ya está todo solucionado. Pero si nos quedamos en esa actitud autocomplaciente es muy posible que las cosas se acaben torciendo antes o después y que el paciente se lleve un tremendo batacazo el día menos esperado. Una recaída, que suele ser muy frustrante y muy dolorosa, sobre todo para los que le rodean.

En el Programa Victoria insistimos en la importancia de adquirir unos hábitos saludables concretos que ayuden a mantener la actitud mental adecuada para seguir en sobriedad. Y por eso ponemos un gran hincapié en la práctica de la Relajación.

A lo largo de la terapia nuestros pacientes aprenden una sencilla técnica de Relajación, Visualización y Pensamientos Positivos, que se llevan grabada en un disco para poder practicarla en casa a diario, que es lo que recomendamos siempre.

La Relajación contiene los ingredientes esenciales para continuar beneficiándose los efectos positivos iniciales del Programa Victoria. En primer lugar ayuda a combatir la ansiedad y evita la acumulación de tensiones emocionales. En segundo lugar potencia la actitud mental positiva, que ayuda a seguir sin beber de una forma optimista y con una sensación de bienestar y liberación, a través de los Pensamientos Positivos que se incluyen en el ejercicio. Y por último, a través de la Visualización el paciente se prepara psicológicamente para hacer frente a las situaciones de riesgo que podrían conducirle a una recaída, aumentando así su capacidad de reacción y evitando que la recaída llegue a materializarse.

En mi experiencia he visto que aquéllas personas que incorporan la práctica de la relajación en su rutina diaria y la mantienen a largo plazo son las que no tienen recaídas y cada día se sienten mejor con su sobriedad. En cambio, cuando un paciente recae y contacta conmigo, lo primero que me reconoce es que hace tiempo que había dejado de practicarla.

Mantenerse en sobriedad es una tarea de todos los días. Cada día empieza de cero, en cierto sentido, aunque siempre es más fácil seguir sin beber cuando se van haciendo las cosas bien día a día, pero cada jornada requiere de su tiempo para perseverar en la sobriedad y seguir disfrutando de la vida libre de adicciones.


Bernardo Ruiz Victoria
Psicólogo Clínico

martes, 24 de septiembre de 2013

Miedo a las recaídas

Hace unos días me llegó una consulta por e-mail de una persona que no conozco y que me cuenta que lleva ya más de dos años sin beber y acudiendo a reuniones de Alcohólicos Anónimos.

Su preocupación es que se siente agobiado por la constante referencia que escucha en las reuniones de que si deja de acudir a ellas va a recaer inevitablemente y que la única solución para mantener la sobriedad es seguir acudiendo de por vida a reuniones de AA.

Esta es una de las creencias que están muy extendidas en los grupos de autoayuda, tales como Alcohólicos Anónimos y también en Alcohólicos Rehabilitados y otras entidades similares.

Se trata, como digo, de una creencia basada en que en muchas ocasiones sucede eso. Cuando una persona que ha estado un tiempo participando en reuniones de AA deja de ir es porque ha vuelto a beber, o bien es el preludio de una recaída.

El error, en mi opinión, está en sacar la conclusión de que hay una relación de causa y efecto entre ambos hechos, y más aún, que es la única causa.

Muchas personas han dejado el alcohol sin acudir en su vida a una reunión. Han podido hacerlo con ayuda médica, psicológica, o tal vez siguiendo programas terapéuticos diferentes de los doce pasos de Alcohólicos Anónimos, que también existen.

Yo mismo tengo la experiencia de casi treinta años de trabajo con el Programa Victoria, en el que nuestros pacientes aprenden a vivir sin alcohol sin necesidad de acudir a reuniones de autoayuda de ninguna clase.

Aunque no tengo nada en contra de que lo hagan y siempre les animo a que al menos vayan una vez para conocer de qué se trata y valorar si les puede servir de ayuda, el caso es que solo aquéllos que ya conocían previamente AA o AARR encuentra positiva la participación en tales reuniones.

Y no por eso recaen más que los demás, sino todo lo contrario.

Lo malo, en mi opinión, es fomentar el miedo a la recaída, o más bien la superstición de que uno “necesita” seguir yendo a reuniones o de lo contrario volverá a beber o a drogarse. Al repetir una y otra vez ese mensaje, en la mente de muchas personas se convierte en una programación mental que actúa en su subconsciente de modo que, si por alguna razón dejan de acudir a reuniones, acaban recayendo.

Es como una profecía autocumplida. Como me he creído, a fuerza de escucharlo, que voy a recaer si dejo de venir, si alguna vez las circunstancias de la vida me llevan a dejar de ir a reuniones acabo cayendo en aquello que he llegado a considerar como inevitable.

Creo que esa es una mala interpretación del fondo del programa de los doce pasos, que busca la liberación del sujeto de su adicción. Bien es cierto que la adicción no se elimina nunca y que el riesgo de la recaída es un peligro latente que siempre está ahí, pero fomentar el miedo y condicionar la sobriedad a la asistencia a reuniones es simplemente una superstición que no deberíamos fomentar los terapeutas que trabajamos en estos campos.

La libertad es lo que pierde el adicto, y recuperarla significa aprender a valerse por sí mismo para evitar las recaídas. Las reuniones pueden ser una ayuda, y muchas veces lo son, pero nunca deberían presentarse como la única solución, ya que simplemente no es cierto.


Bernardo Ruiz Victoria
Psicólogo Clínico

jueves, 12 de septiembre de 2013

Volver a empezar

Después de unos días de vacaciones nos reincorporamos de nuevo a la vida cotidiana y empezamos con una alegría.

Uno de nuestros pacientes cumple cinco años desde que hizo el Programa Victoria con nosotros y nos ha escrito un mensaje muy hermoso en el que relata cómo ha cambiado su vida desde que se decidió a dejar el alcohol.

A mi me ha hecho recordar lo mal que estaba este hombre la primera vez que lo vi, el sufrimiento que había pasado su esposa hasta que él se decidió a pedirnos ayuda. Para colmo ella es médico y se sentía doblemente impotente al no ser capaz de ayudar a su marido a superar sus adicciones.

En cambio ahora ambos han recuperado la ilusión de vivir, se han construído una casa nueva, han celebrado la boda de su único hijo, y están disfrutando de la vida libre de adicciones.

Cuando recibimos estos testimonios, aparte de la gran alegría que nos embarga, nos entra también una cierta tristeza, al menos a mi me sucede, por todas las personas que están todavía esclavizadas por su adicción, y que no se han decidido aún a dar el paso definitivo para liberarse de ella.

Espero que en este nuevo curso ayudemos a muchos más a conseguirlo.


Bernardo Ruiz Victoria
Psicólogo Clínico

martes, 10 de septiembre de 2013

Estrenamos página web

Después de unas merecidas vacaciones, hemos tenido unas semanas de intenso trabajo en las que hemos empezado nuevos proyectos para el Programa Victoria.

La primera de ellas, y la que queremos dar a conocer hoy, es la nueva web www.programavictoria.com, una página mucho más visual, moderna e intuitiva en la que podréis informaros de todos los servicios que ofrecemos, adquirir el libro de nuestro psicólogo Bernardo Ruiz, titulado "Objetivo Libertad: Hoja de ruta para salir del laberinto del alcohol", o conocer al detalle en qué consisten nuestros cursos de relajación.

Pronto volveremos con las entradas semanales, mientras tanto, os recomendamos visitar la web y que nos dejéis vuestra opinión!


jueves, 18 de julio de 2013

Normas terapéuticas

Siempre me ha sorprendido el hecho de que en la inmensa mayoría de los tratamientos para la adicción se trata a los pacientes como si fueran “presuntos delincuentes”.

Me refiero, por ejemplo, a que al ingresar en el centro lo primero que se hace es registrar sus pertenencias para verificar que no introducen alcohol o drogas en su equipaje, se les retira el dinero, el teléfono, a veces también la documentación y hasta el reloj.

En algunos lugares incluso están cerrados con llave y no tienen prácticamente libertad para hacer nada sin permiso de los cuidadores o terapeutas.

Seguramente la idea que hay detrás de tales restricciones es que los pacientes adictos no son fiables, mienten con frecuencia, tienden a hacer trampas, etc. Y con tales controles se pretende evitar consumos y problemas indeseados.

Mi sorpresa viene porque en nuestro Programa Victoria no actuamos así. Nuestros pacientes no se ven privados de su libertad de movimientos. Lógicamente hay unas mínimas normas que cumplir: participar en todas las sesiones terapéuticas, respetar los horarios, no salir del recinto del hotel donde se alojan durante la terapia, mantener el teléfono móvil en su habitación y usarlo lo mínimo imprescindible, y lógicamente, no beber alcohol ni consumir otras drogas.

Pero todo esto lo planteamos como un marco lógico de actuación terapéutica, no como unas restricciones que se imponen coercitivamente. Y por extraño que pueda parecer a algunos, la respuesta de los pacientes es muy positiva. Al tratarlos como seres responsables de su propio proceso terapéutico se dan cuenta del absurdo que sería ir contra sus propios intereses, y al no tener normas rígidas, ni vigilantes para impedirles saltárselas, dejan de pensar en cómo transgredirlas y empiezan a actuar de una forma correcta y beneficiosa para tu tratamiento.

Si la adicción se caracteriza por la falta de libertad a la que el sujeto llega por su dependencia del alcohol o de la substancia que sea, no podemos pretender que la recupere si no se le permite ejercerla.

Naturalmente hay gente para todo, y es probable que en algunos casos no haya más remedio que aplicar más control externo a ciertos pacientes, pero creo que para la mayoría es mejor transmitirles responsabilidad, confianza y seguridad en si mismos porque estos valores van en la dirección adecuada de una vida libre de adicciones.


Bernardo Ruiz Victoria
Psicólogo Clínico

jueves, 13 de junio de 2013

Los pecados del adicto

Desde hace muchos años hablo a mis pacientes de que la adicción es la enfermedad de la mentira, y desde hace algún tiempo he añadido también de la soberbia.

Las personas adictas empiezan por engañarse a si mismas y a continuación tratan de engañar a los demás. La mentira se va instalando en su vida de una manera que a veces llegan a ser víctimas de sus propios embustes y les cuesta trabajo hasta reconocer lo evidente.

Cuántas veces nos encontramos con pacientes que niegan su consumo de alcohol incluso después de que una prueba de alcoholemia nos acaba de demostrar que han bebido mucho recientemente. Pues no, que te lo juro que no he bebido más que una cerveza anoche, pero era sin alcohol.

La soberbia es la que les lleva a negar que necesiten ayuda para nada. Yo lo controlo, yo lo dejo cuando quiera, para qué voy a ir yo a un psicólogo o a un médico, qué me van a decir que yo no sepa ya.

Y con estas actitudes, que son producto de la propia enfermedad adictiva, el problema no hace sino crecer, aumentar y agravarse. Hasta que en algún momento estalla.

En estos días he tenido ocasión de ver la película “El vuelo” en la que se ven con toda claridad estos temas. La soberbia y la mentira llevadas hasta sus últimas consecuencias.
Un excelente guión y una muy buena interpretación de Denzel Washington. Muy recomendable.


Bernardo Ruiz Victoria
Psicólogo Clínico

miércoles, 24 de octubre de 2012

Yo no soy alcohólico


Suelo decir a mis pacientes que las palabras las carga el diablo. Quiero con ello dar a entender que nuestras actitudes y nuestros estados de ánimo están sostenidos por diálogos internos de los que muchas veces no somos conscientes y que nos juegan malas pasadas. Por eso digo que las carga el diablo, porque nos engañan y nos llevan a donde no queremos.

Y un ejemplo de esto es el término alcohólico, o la palabra alcoholismo.

Por razones muy diversas, que no vale la pena detallar en estos momentos, estas palabras se han llenado de un significado peyorativo para la mayoría de las personas. Es algo cercano un insulto decir que alguien conocido es alcohólico, o que ha caído en el alcoholismo.

Es curioso, por un lado, porque nadie se ofende por que le llamen hipertenso, diabético o por que le digan que sufre de colesterol, en cambio, casi todo el mundo ve de muy mal gusto tildar de alcohólica a una persona, y mucho menos aplicarse el término a uno mismo.

En mi experiencia, solo las personas que han conseguido la sobriedad gracias a la ayuda de Alcohólicos Anónimos, o a través de asociaciones de Alcohólicos Rehabilitados, usan el término con naturalidad refiriéndose a si mismas sin la carga negativa que tiene para la gente común. Pero son una minoría.

El término alcohólico se equipara a vicioso, vago, maleante, a persona de moral dudosa, a alguien de quién queremos alejarnos lo antes posible. Asociamos el término con un vagabundo bebiendo un cartón de vino en el banco del parque, o a un sujeto que de la mañana a la noche vive pegado a una copa, incapaz de llevar una vida de persona decente y responsable. Y no digamos nada de lo que nos viene a la mente si pensamos en una mujer alcohólica.

Este conjunto tan negativo de asociaciones de ideas hace que rechacemos de plano cualquier posibilidad de parecernos a seres tan despreciables, aunque nuestro comportamiento, o el de alguien cercano a nosotros, esté dentro de los parámetros de la enfermedad adicitiva, tal como la define la ciencia médica y psicológica , y como explicamos en las primeras entradas de este blog.

Esta es una de las primeras barreras que hay que superar para poder entrar en el camino de la superación de la adicción. Aceptar que uno tiene un problema, una enfermedad, física, psíquica y del alma, que le ha llevado a perder progresivamente su libertad, su capacidad de actuar como un ser humano completo y que le lleva progresivamente a consecuencias cada vez peores, a menos que se ponga remedio a tiempo.

Pero tampoco creo necesario luchar contra molinos de viento y forzar a nadie a aplicarse a si mismo un término tan cargado de negatividad, injustamente, pero así es, de modo que prefiero evitarlo con mis pacientes y hablar en cambio de adicción, de enfermedad adictiva, de aprender a vivir sin alcohol y sin adicciones, que es realmente la esencia del objetivo terapéutico.

Ojalá algún día, hablar de estos temas sea tan natural como hablar del colesterol, de la diabetes o de la presbicia, y que la sociedad entienda la adicción como una enfermedad más, que necesita de un tratamiento adecuado y profesional, no solo de buenas intenciones y de fuerza de voluntad.


Bernardo Ruiz Victoria
Psicólogo Clínico
www.programavictoria.com

lunes, 1 de octubre de 2012

¿Tienes un familiar con problemas de Alcohol?


Desde la familia se puede ejercer una muy importante presión positiva para que la persona afectada se decida a ponerse en tratamiento y superar su problema. De hecho, la familia suele ser quién mejor puede ayudar a esto.
Pero la presión familiar debe hacerse de acuerdo con ciertos criterios para ser eficaz:

Hay que hablar de "Solución", no de "Problema" 
No hay que insistir más en lo mal que está la persona bebedora. Da por hecho que ya lo sabe, aunque nunca lo haya reconocido a las claras o siempre tienda a justificar o minimizar el caso. Lo sabe ... porque es quien primero lo sufre.
Por eso lo importante es hablarle de solución. Proponerle ayuda. Hablarle de los beneficios que todos van a obtener cuando el problema se haya superado.

Presionar para que se ponga en tratamiento, no para que deje de beber.
Si la presión la ejercemos en la dirección de intentar que deje de beber estaremos creándole una mayor angustia, ya que la esencia del problema de una persona dependiente del alcohol es que no es capaz de controlarse bebiendo, y por lo tanto, le estamos pidiendo algo que está fuera de su alcance, y le estamos induciendo, sin querer, al fracaso, a la ocultación de su conducta, a la mentira, a la agresividad etc.
Si le presionamos para que se ponga en tratamiento le estamos pidiendo algo para lo que si está capacitado. Nada le impide acudir a una consulta con un terapeuta especializado en la materia que le ayude a iniciar el proceso de recuperación.
Por eso la presión siempre debe dirigirse a que se ponga en tratamiento. Y ofrecerle una o varias alternativas terapéuticas para que elija la que le resulte más adecuada a sus características personales.

Ser firme en la presión.
Es fácil que en medio una discusión la pareja plantee que no está dispuesta a seguir así, que si no deja de beber se van a separar, etc. Y que luego, al cabo de un tiempo se ablande, una vez pasado el enfado, y de por buenas las intenciones de cambio del familiar bebedor.
Esto no sirve de ayuda.
La presión debe dirigirse siempre hacia que se ponga en tratamiento, y además, hay que ser firme y cumplir cualquier "amenaza" que se haya formulado.

En resumen, el mensaje es el siguiente: “Si te pones en tratamiento aquí me tienes y podrás contar con todo mi apoyo para salir adelante. Si no lo haces yo no quiero seguir así y nuestra relación se va a terminar”.


Bernardo Ruiz Victoria
Psicólogo Clínico

viernes, 28 de septiembre de 2012

Preguntas y Respuestas sobre el Alcohol y la Adicción

¿Cuándo se puede considerar que una persona es "alcohólica"?
Decimos que una persona tiene adicta al alcohol cuando continúa bebiendo a pesar de que el consumo de alcohol está interfiriendo de forma negativa en su vida, ya sea en su salud, en su equilibrio psicológico, en su trabajo, en su vida familiar, en su imagen social, etc.

¿Es el alcoholismo una enfermedad?
En lugar de “alcoholismo”, que es un término que suele resultar muy duro de escuchar, preferimos hablar de adicción.
La adicción o dependencia del alcohol es un problema serio que deteriora la salud de la persona que la padece en el sentido más amplio de la palabra.
Más aún, es un problema que afecta a uno de los elementos esenciales del ser humano: la libertad.
La persona adicta al alcohol va perdiendo su capacidad de decidir si bebe o no bebe, se va reduciendo poco a poco el autocontrol sobre su propia conducta, en definitiva: va perdiendo su libertad.
Podemos considerar que la adicción al alcohol es una enfermedad, porque afecta a la salud y al equilibrio personal de quién la padece y de los que le rodean, y porque es necesario un someterse a un tratamiento adecuado para recuperarse de la misma.
Pero no es una enfermedad como tantas otras que se pueden "curar" tomando ciertos medicamentos, mediante una operación quirúrgica o mediante algún otro procedimiento médico habitual.

¿Nacen las personas predispuestas hacia el alcoholismo?
Cada persona reacciona ante el consumo de alcohol de una forma diferente. Esto es debido a que la constitución genética de cada individuo es diferente y única. Sin embargo, esto no quiere decir que la dependencia del alcohol está sólo determinada por la genética.
Así como cuando varias personas toman el sol su piel reacciona de modo diferente, llevando a algunas a un agradable color dorado y a otras a quemarse en el mismo tiempo, existen diferencias individuales que hacen que unos individuos sean más sensibles al alcohol que otros, y por tanto sea más fácil que desarrollen dependencia.
De todos modos, cualquier persona que beba en exceso puede convertirse en adicta al alcohol en más o menos tiempo.

¿Qué es beber "moderadamente"?
Consideremos una "unidad" de consumo de alcohol a la cantidad contenida en un vaso de vino, en una cerveza, en una copa de cava, vino dulce o jerez, (unos doce gramos de alcohol puro).
Las copas de licor: anís, whisky, cognac, ginebra, etc. o los combinados de estas bebidas equivalen a dos "unidades".
Diversos estudios científicos establecen como límites máximos de consumo de alcohol los siguientes:
  
Sexo                       Límite diario                 Límite semanal
Hombre                   4                                  20
Mujer                       3                                  15
  
Estos datos se refieren siempre a personas sanas que no hayan tenido previamente problemas con el alcohol y no representan una seguridad absoluta de que no se vaya a sufrir daños en su salud o el desarrollo de la dependencia alcohólica.
Cada vez que una persona supera estos límites está sometiendo a su organismo a un efecto negativo que altera su funcionamiento, y puede conducirle al desarrollo de la adicción al alcohol, o de otros problemas de salud derivados del efecto tóxico del alcohol en el cuerpo humano.

¿Se puede curar la dependencia del alcohol?
Sí y No.
Si entendemos la "curación" como la vuelta a una situación como la que tenía la persona antes de haber bebido su primer trago de alcohol la respuesta es negativa. Una vez que se ha abusado del alcohol y se ha desarrollado la adicción siempre habrá unas alteraciones fisiológicas y conductuales que permanecerán latentes en el individuo.
Sin embargo, con una terapia adecuada, se puede aprender a vivir sin alcohol de una forma saludable y equilibrada. Es decir la dependencia se puede superar y la persona puede recuperar su libertad.
Al tratarse de una conducta que ha pasado de ser un hábito a ser una adicción es necesario un tratamiento psicológico que restituya a la persona su capacidad de autocontrol ante las situaciones, ya sean de presión social, de alteración emocional, o de otro tipo, en las que anteriormente bebía.

¿Son todos los tratamientos iguales?
No.
A lo largo de los últimos años se han desarrollado diferentes maneras de abordar el problema y métodos terapéuticos muy diferentes entre sí.
Una cosa es ingresar en un Hospital Psiquiátrico y otra acudir a una reunión de Alcohólicos Anónimos o de Alcohólicos Rehabilitados.
No es lo mismo tomar "Colme" o "Antabus" que tomar medicamentos ansiolíticos, o naltrexona. Tampoco es lo mismo hacerse un psicoanálisis o someterse a acupuntura.
Todos estos tratamientos son a su vez muy diferentes del Programa Victoria
Antes de ponerse en tratamiento, o de recomendar a alguien que lo haga, infórmese cuidadosamente de las características del método de trabajo que sigue cada entidad, así como de los resultados terapéuticos que tiene.

¿Es necesario beber todos los días para ser adicto?
No.
Muchas personas desarrollan una forma de dependencia que se manifiesta de forma intermitente.
Algunas veces el sujeto es capaz de no beber nada, tal vez durante días o semanas, o incluso de beber moderadamente. Pero esto no evita que en ocasiones beba de una forma descontrolada y que ello le traiga consecuencias negativas de toda índole.

¿Qué síntomas indican que una persona abusa del alcohol?
A continuación mostramos algunos de los principales y más comunes síntomas que presentan las personas que tienen problemas con el alcohol.
La presencia de cualquiera de ellos hace recomendable la consulta del caso particular con un profesional especializado:

Síntomas físicos
Beber grandes cantidades sin embriagarse
Náuseas o vómitos al levantarse
Pérdida de apetito
Lagunas de memoria (olvidar detalles de lo que se ha hecho o dicho)
Ligero temblor en las manos que se alivia al beber alcohol
Valores elevados en la enzima Gamma GT o en el Volumen Corpuscular Medio en un análisis de sangre.
Síntomas psicológicos
Sentimientos de culpabilidad, sobre todo a la mañana siguiente.
Justificaciones del tipo de "yo lo dejo cuando quiera", "todo el mundo bebe", etc.
Sentirse molesto cuando alguien le sugiere que deje de beber o que al menos no beba tanto
Intentos y promesas de no beber, o de beber menos.


Bernardo Ruiz Victoria
Psicólogo Clínico