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miércoles, 8 de abril de 2015

Qué decir a un paciente que demanda Antabús

Ayer estaba charlando con mi amigo Salvador, médico de familia, y me comentaba un caso que se le da con cierta frecuencia. Un paciente se le presenta y le pide que le recete Antabús o Colme porque quiere dejar de beber.

Cuando una persona plantea esa demanda está asumiendo de una forma expresa que reconoce tener un problema con el alcohol y que necesita ayuda, porque no se siente capaz de mantenerse sin beber por sus propios medios.

En estos casos, el médico tiene una oportunidad de oro para encaminar a este paciente de una manera correcta hacia un tratamiento especializado, ayudándole a entender que su problema no se va a solucionar simplemente tomando un fármaco que le va a inducir un cierto “miedo” a beber, por las consecuencias graves que puede tener el consumo de alcohol cuando se ha tomado una de tales medicinas.

Estamos acostumbrados a buscar soluciones rápidas, simples y en cierto modo “mágicas”, y para muchas personas el Antabús o el Colme entran en estas categorías.

Si bien es cierto que un fármaco como éstos puede ser una pequeña ayuda para lograr una abstinencia por un tiempo limitado, hay que ser consciente de que todo paciente adicto necesita una terapia psicológica específica para entender por qué su conducta de beber ha pasado de ser algo voluntario y moderado a ser algo excesivo, descontrolado y, en cierto modo, involuntario, ya que el propio paciente se avergüenza muchas veces de lo que ha hecho cuando se le ha ido la mano bebiendo.

El momento más crítico para ayudar a una persona adicta a superar su dependencia es precisamente aquél en que reconoce su necesidad de recibir ayuda. Este momento suele ser breve y transitorio, y si no lo aprovechamos puede que tarde meses en volver a aparecer la ocasión de que esta persona acepte iniciar un proceso terapéutico en serio.

Por lo tanto, a mi amigo Salvador, y a todos los médicos que un día se encuentren con un paciente que le pida “una medicina para no poder beber alcohol” les recuerdo que tienen en sus manos una ocasión de oro y una responsabilidad grande. Pueden ayudar a esa persona a replantearse su demanda de ayuda y derivarlo hacia un especialista en la materia  - modestamente pienso que el Programa Victoria es una excelente opción en estos casos - o pueden entrar en el juego engañoso del paciente y prescribirle sin más el fármaco que, antes o después será abandonado y el paciente volverá a las andadas.

Es lo que hizo mi amigo hace unos días con uno de sus pacientes que hoy está felizmente encaminado en su tratamiento. Gracias.

Bernardo Ruiz Victoria
Psicólogo Clínico
www.programavictoria.com

miércoles, 9 de enero de 2013

Año nuevo, vida nueva



Con el cambio de año llega el momento de hacerse buenos propósitos. Y uno de los que suelen hacerse con frecuencia muchas personas es dejar de beber. O dejar de fumar, o dejar de consumir drogas.

La intención suele ser sincera, al menos durante un tiempo. Mientras la persona reflexiona sobre sus motivos y se da cuenta de que las adicciones son negativas para su vida, que le quitan libertad, salud, vida familiar, rendimiento en su trabajo y toda clase de otras consecuencias perjudiciales.

El problema es que con la intención no basta. Es necesaria, pero no suficiente.

Por eso muchas personas lo intentan unos días, o unas semanas, y a la primera de cambio encuentran una buena razón, mejor dicho una mala excusa, para permitirse tomar de nuevo un poquito, con moderación, naturlamente.

Y tras ese primer permiso la propia dinámica de la conducta adictiva vuelve a llevar las cosas a donde estaban antes, y vuelta a empezar.

Si verdaderamente quieres iniciar una vida nueva este año, libre de adicciones, no te conformes con la simple intención. Busca ayuda profesional, sigue una terapia, y libérate de una vez de las cadenas de la adicción.

Feliz Año Nuevo.


Bernardo Ruiz Victoria
Psicólogo Clínico

lunes, 12 de noviembre de 2012

De tal palo, tal astilla


Cualquier persona que permanezca atenta al problema de la adicción al alcohol puede darse cuenta de que las personas que la padecen suelen tener antecedentes familiares con el mismo problema.

Y es que las cosas son así. Muchos estudios científicos han demostrado que hay un cierto componente hereditario que explica por qué el alcoholismo se reproduce con mucha frecuencia en miembros de la misma familia.

Aunque no se ha encontrado una sencilla explicación genética, de lo que no cabe duda es de que cada persona tiene en su propia naturaleza un determinado grado de sensibilidad ante los efectos adictivos del alcohol, y también de otras drogas.

Esa diferencia de sensibilidad hace que, al ponerse en contacto con la bebida, unos sujetos desarrollen la adicción antes y otros más tarde. Siempre es una cuestión de copas y de tiempo, es cierto, pero para algunas personas hacen falta menos copas y menos tiempo que para otras.

Esta diferente sensibilidad a los efectos adictivos del alcohol y de las drogas se transmite por vía genética de padres a hijos, aunque no en todos los casos individuales, pero se estima que cuando uno de los padres, o uno de los abuelos, ha tenido problemas con el alcohol, el riesgo de padecerlos se multiplica por cuatro.

Pero no olvidemos que el alcohol solo genera adicción en las personas que lo consumen, de modo que por muchos antecedentes familiares que uno tenga, si no bebe alcohol, o lo hace siempre dentro de unos límites extremadamente moderados, podrá mantenerse a salvo de la enfermedad adictiva.

También es cierto que aunque uno no tenga ni rastro de familiares adictos, si se empeña lo suficiente en beber o consumir drogas, acabará generándose la adicción. Insisto, es cuestión de copas y de tiempo. Nadie está libre del riesgo de convertirse un día en alcohólico o adicto a cualquier otra substancia. Solo la abstinencia es la garantía de que tal cosa no llegará a suceder.


Bernardo Ruiz Victoria
Psicólogo Clínico

lunes, 22 de octubre de 2012

Predicar con el ejemplo


Hace unos días me preguntó la madre de un hijo de dos años que a qué edad debe empezar a hablarle de las drogas para prevenir que tenga problemas en el futuro.

De entrada se sorprendió cuando le dije que ya debía haber empezado. - ¿Pero no es muy pequeño para hablarle de esas cosas? – me dijo -. No, contesté. Tal vez sea muy pequeño para entender un sesudo discurso sobre los efectos perjudiciales de las drogas y el alcohol sobre la salud, pero no es pequeño para observar un comportamiento correcto y poco a poco interiorizarlo.

El ejemplo es el mejor lenguaje que podemos utilizar con nuestros hijos para enseñarles a llevar una vida sana en todos los sentidos, y especialmente en lo relativo al consumo de sustancias adictivas.

Y eso nos lleva a cuestionarnos nuestras propias actitudes y comportamientos al respecto. Por ejemplo: ¿no es cierto que solemos reír la gracia a las personas que se embriagan en una fiesta familiar y se ponen a hacer cosas que resultan graciosas para la concurrencia? Pues al hacer eso estamos transmitiendo a nuestros hijos que emborracharse es algo divertido, que hace disfrutar a los demás y que es aceptado e incluso celebrado por todos.

Si exponemos a nuestros hijos a este tipo de conducta, sin ningún elemento de crítica o de alusión al riesgo que supone para la salud o el bienestar del protagonista del episodio etílico, sin aprovechar la ocasión para hacer ver la diferencia entre un consumo moderado y el cambio de comportamiento que produce el abuso, etc. estamos perdiendo autoridad para en un futuro pretender que no se emborrachen o se coloquen con otro tipo de sustancias cuando salgan a divertirse con sus amigos.

La asociación entre diversión y abuso de alcohol, o de otras drogas, es muy peligrosa para la mente adolescente, ya que lleva a muchos jóvenes a pensar que no es posible pasarlo bien si no hay consumo de algo que le haga a uno sentir mejor de modo artificial. Esta es una de las causas de problemas serios de adicción en muchos jóvenes expuestos al consumo de todo tipo de sustancias adictivas en sus salidas debido, sobre todo, a que tienen en su mente esa idea. Para divertirse hay que tomar algo.

Lo malo es que los padres, y en general los adultos, somos los que muchas veces fomentamos estas actitudes con nuestro propio comportamiento, con nuestros comentarios, o con la falta de ellos.

¿No te parece que es un tema para pensar?


 Bernardo Ruiz Victoria
Psicólogo Clínico

viernes, 19 de octubre de 2012

"Yo cuando quiera lo dejo", segunda parte

Han pasado ya dos semanas desde que Pedro acudió a mi consulta con su padre y se comprometió a pasar un mes sin beber. Hoy tenía cita conmigo y no se ha presentado. Tampoco ha llamado para cancelarla o cambiarla para otro día. Simplemente no ha venido.

Esto es una muestra de falta de responsabilidad y de seriedad;  un rasgo típico de comportamiento de las personas adictas, que tienden a eludir sus compromisos buscando todo tipo de justificaciones.

Me atrevo a aventurar que no habrá sido capaz de cumplir su promesa de no beber, y no tiene el valor de venir a decírmelo. Seguirá sumido en su autoengaño, diciéndose a si mismo que todo es una exageración de sus padres, que ya es mayorcito para que le sigan controlando su vida, que, total, por unas copas de vez en cuando no hace nada malo, que todo el mundo lo hace, y una serie de justificaciones similares.

Lo malo de todo ello es que con esa actitud no hace sino contribuír a que su adicción continúe avanzando. Y aumenta el riesgo de tener complicaciones mayores y consecuencias más graves.

Lo más probable es que un día lo lamente en el futuro, y que cuando por fin se decida a afrontar su problema y ponerse en tratamiento se de cuenta de que hubiera sido mucho mejor hacerlo antes de que las cosas se complicaran aún más.

Cuántas veces a lo largo de mis años de experiencia profesional me he encontrado con casos similares. Confiemos en que Pedro reaccione, asuma su problema y acepte la ayuda terapéutica que se le ofrece, antes de que llegue a situaciones irreparables.


Bernardo Ruiz Victoria
Psicólogo Clínico

lunes, 15 de octubre de 2012

Poner el cascabel al gato

Si miras a tu alrededor seguro que encuentras a alguien que bebe en exceso o que ya tiene claro un problema de alcoholismo. Puede ser un miembro de tu familia, alguien de tu trabajo o de tu círculo de amistades, una persona de tu mismo barrio o urbanización e, incluso, más de uno.

Seguramente ya hayas tenido la ocasión de comentar el tema con alguien cercano. Habéis compartido la preocupación por el estado de esta persona que se pasa con el alcohol, o que tiende a beber cuando se siente mal, o que cuando se toma una o dos copas no es capaz de parar hasta que ya no puede más.

Y es probable que hayas sentido una mezcla de compasión, pena, enfado y desprecio por esta persona. Y puede que aun lo sigas sintiendo, porque es alguien cercano para ti, alguien a quien aprecias y a quien te gustaría ver bien, pero que sigue tropezando una y otra vez en su adicción. Sufre y hace sufrir a los que le rodean. Y tú lo ves, pero no sabes qué hacer.

Puede que alguna vez hayas intentado recomendarle que no beba tanto, o le hayas reñido, o te hayas enfadado seriamente debido a sus excesos y a su comportamiento inadecuado. Y puede que hayas sentido la impotencia de ver que tus esfuerzos no han servido de mucho, porque te dice que no te metas en su vida, que “lo controla”, que ya es mayorcito para saber que tiene que hacer, y cosas así.

No es fácil, pero si de verdad quieres lo mejor para esta persona, tendrías que intentar ayudarle a superar su enfermedad y salir del círculo vicioso de la adicción. A pesar de su rechazo, de sus negativas y de sus mentiras, háblale de que su problema tiene solución, que necesita ayuda profesional para superarlo y de que tú estarás a su lado para apoyarle siempre que ponga de su parte para curarse.

Puedes informarte en páginas web como la del Programa Victoria (www.programavictoria.com), y también empezar por pedir ayuda profesional para ti, para saber cuál es el mejor método de llegar al corazón de esta persona que te preocupa y ayudarle a salir de su rueda de mentiras y soberbia.

Si lo haces, te lo agradecerá siempre y tú tendrás la satisfacción de haber contribuido a la curación de una persona a la que quieres y por la que te preocupas.


Bernardo Ruiz Victoria
Psicólogo Clínico