Cuando tenemos un problema, o aparece una contrariedad en nuestra vida, tendemos con mucha frecuencia a buscar a qué o a quién le echamos la culpa.Pareciera como si el hecho de hacer responsable a alguien de lo que nos pasa sirviera para aliviar el dolor o reparar los daños, pero la realidad es que no suele ser así.En el mundo de las adicciones nos encontramos con lo mismo. La culpa de que yo beba, o me drogue siempre es de algo o de alguien, por ejemplo:
Tengo mucho estrés en el trabajo, por eso necesito tomar unas copas para relajarme, Mis clientes beben mucho y yo tengo que estar con ellos para hacer negocio Me siento triste, deprimido, porque he perdido el empleo y no tengo más remedio que ir al bar a ver si me olvido por un rato de lo mal que estoy … y cientos de excusas como éstas que todos conocemos.Otros son especialistas en culparse a sí mismos. Se repiten una y otra vez que son idiotas, que son un desastre, que nunca van a superar sus problemas, que su vida es una porquería porque todo lo han hecho mal, y … siguen bebiendo o drogándose para aliviar el dolor emocional que ellos mismos se provocan por sentirse incapaces de salir de su adicción.Sin embargo, si es un amigo, un familiar o un jefe el que te reprocha tu comportamiento con el alcohol o las drogas, tendrás de nuevo cientos de excelentes justificaciones con las que culpar a alguien de lo que haces, y así tratar de salir del paso. Aunque después, frente al espejo, no puedas engañarte a ti mismo y, al menos por unos minutos, serás consciente de la verdad.Cuando hay un problema de abuso de alcohol, cocaína, marihuana o cualquier otra droga, cuando el alcoholismo o la drogadicción están apoderándose de uno, buscar culpables no sirve de nada. Rectifico. Sirve para seguir bebiendo o consumiendo drogas, debido al círculo vicioso de culpas y justificaciones que explicaba anteriormente.Frente al problema de la adicción, ya sea al tabaco, al alcohol o a cualquier otra substancia adictiva, no sirve de nada mirar al pasado, o a tu alrededor, para buscar culpables. Por el contrario, tienes que mirar a tu interior, y hacia el futuro, para encontrar soluciones.No importa tanto por qué se ha llegado a la adicción, es decir, de quién es la culpa, como encontrar el camino para salir de ella, y seguirlo con determinación y con firmeza.Y para conseguir eso solo hay una solución segura. La terapia. Hay multitud de ofertas terapéuticas al alcance de cualquier persona que tenga un sincero deseo de dejar atrás el sufrimiento que causa la adicción y de vivir la alegría de sentirse de nuevo libre y dueño de su vida.Nosotros contribuímos a ofrecer soluciones serias, profesionales y eficaces a través de nuestro Programa Victoria www.programavictoria.com¿Vas a seguir mucho tiempo buscando culpables en lugar de buscar soluciones?Bernardo Ruiz VictoriaPsicólogo Clínico
Blog del Programa Victoria, un innovador tratamiento del alcoholismo que te facilita las claves para aprender a vivir sin adicciones. Aquí se tratan los temas de actualidad sobre el alcohol y las drogas, además de las experiencias vividas por el psicólogo Bernardo Ruiz en sus más de 30 años de experiencia en una clínica de desintoxicación.
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viernes, 9 de octubre de 2015
¿Buscar culpables o buscar soluciones?
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lunes, 22 de diciembre de 2014
Feliz Navidad y próspero 2015
Un año más llegamos al momento en que todos reflexionamos sobre cómo nos ha ido el año y dedicamos algo más de tiempo a cultivar la vida familiar.
Para muchas personas el año 2014 ha sido el año de su gran decisión. El año en que han dado un giro a su vida y han dejado atrás su adicción al alcohol o a otras substancias. Para todas ellas mi más sincera felicitación y mi más sincero deseo de que el niño Dios que viene en Navidad sea una fuente de paz interior y de inspiración para mantener una vida sana, equilibrada y libre de adicciones.
Para otras personas 2014 ha sido un año más de sufrimiento a causa de la adicción. Tal vez por un familiar cercano que no termina de dar el paso de ponerse en tratamiento y afrontar de una manera positiva y eficaz su dependencia. Tal vez por ellas mismas, porque siguen luchando por salir del laberinto de la adicción y siguen creyendo que “esto lo puedo controlar” o que “yo mismo sabré y podré dejarlo por mi cuenta”.
También para ellas espero que la conmemoración del nacimiento del niño Jesús en Belén sea también el nacimiento en su corazón de un sincero deseo de curarse, de superar su adicción y de transformar ese sufrimiento que están padeciendo, y haciendo padecer a sus seres queridos, en la alegría inmensa de sentirse libre de adicciones.
En nombre propio y en el de todos los que trabajamos para que el Programa Victoria siga siendo un referente terapéutico para todas las personas que necesiten y quieran aprender a vivir sin alcohol y sin adicciones, aquí van mis mejores deseos de salud, bienestar interior, paz y serenidad, con la libertad recuperada del que ha dejado atrás para siempre las trampas de la adicción.
¡¡Feliz Navidad y próspero año 2015!!
Bernardo Ruiz Victoria
Psicólogo Clínico
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lunes, 15 de diciembre de 2014
Los post más leídos del año 2014
El año 2014 está llegando a su fin. El frío y las iluminación navideña así nos lo recuerdan cada día que salimos a la calle y el equipo del Programa Victoria no quería dejar de hacer un pequeño recordatorio de los post que más éxito han tenido a lo largo del año.
Han sido 27 entradas en este blog, que poco a poco se va acercando a las 10.000 visitas (¡¡muchísimas gracias!!), y los más destacados han sido:
- En tercera posición se encuentra la entrada que publicamos el día 6 de junio y que lleva por título "Hipnosis clínica para dejar de fumar". En este post dábamos a conocer uno de los tratamientos que ofrece el psicólogo y director del Programa Victoria, Bernardo Ruiz, y que permite al paciente aprender a vivir sin fumar y a liberarse de este hábito adictivo.
- En segundo lugar encontramos aquel post del 16 de enero de 2014 titulado "Las trampas de la mente adictiva". En este caso, contamos la historia de Javier, un paciente que ha dejado de consumir cocaína pero que no ve problema alguno en consumir de vez en cuando otro tipo de drogas "recreativas", como el las llama, como pueden ser la ketamina o drogas sintéticas.
- Y, en primer lugar, la entrada que mayor lecturas ha tenido este año es la de "Objetivo Libertad: Hoja de ruta para salir del laberinto del alcohol", publicada el 30 de junio. En esta entrada recogemos la opinión de uno de algunos de los usuarios de nuestro tratamiento médico y psicológico para superar el alcoholismo, unas opiniones que forman parte del un libro que da a conocer los entresijos de los 10 días de tratamiento y las impresiones personales de los asistentes a uno de esos grupos.
Esperamos seguir contando con vosotros el próximo 2015 y que nos sigáis haciendo crecer poco a poco. Nosotros seguiremos ofreciendo contenido relacionado con las adicciones, el tratamiento de las mismas y trataremos de resolver aquellas dudas que os puedan surgir a la hora de hablar con familiares y amigos que tengan problemas de este tipo.
Bernardo Ruiz Victoria
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viernes, 31 de octubre de 2014
Nuevo curso para superar el alcoholismo
¡Hola a todos!
Con este post queremos anunciaros que el próximo lunes día 10 de noviembre iniciaremos un nuevo curso para dejar de beber alcohol en Marbella y todavía nos quedan algunas plazas libres.
Para quienes aún no lo sepan, el Programa Victoria, que así es como se llama nuestro tratamiento, es un curso médico y psicológico que se realiza durante diez días en un hotel cercano a Marbella con un máximo de ocho participantes por edición. Para desarrollarlo, contamos con un equipo de profesionales médicos, psicólogos y terapeutas especializados que, gracias a sus más de 30 años de estudio y experiencia, han desarrollado un método terapéutico único y original que aporta soluciones al problema de la adicción al alcohol u otras drogas.
Durante los días que dura el tratamiento, los alumnos residen en un hotel especialmente elegido para promocionar un entorno agradable de paz y tranquilidad para lograr la máxima concentración, garantizando al mismo tiempo la confidencialidad y la discreción.
Si tienes un amigo o familiar con problemas de adicción al alcohol u otras drogas, podemos ayudarle a superarlos gracias a nuestro tratamiento. Ponte en contacto con nosotros a través de nuestros perfiles en las redes sociales o través de nuestra página web: www.programavictoria.com.
¡Estaremos encantados de ayudarte!
Y es que, recuerda, siempre hay cosas por las que merece la pena seguir luchando y aprender a vivir sin alcohol.
Bernardo Ruiz Victoria
Psicólogo Clínico
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miércoles, 22 de octubre de 2014
Yo no soy un alcohólico porque hay muchos días que no bebo
Muchas personas creen que solo hay problemas de alcoholismo cuando la persona bebe a diario, de una forma excesiva y sin capacidad de parar.
No cabe duda de que esa es una forma evidente de adicción, y que hay pacientes que desarrollan su problema de esa manera, pero también es cierto que cada vez hay más casos de personas que pasan temporadas sin consumir alcohol, o que incluso pueden tener días de consumo moderado, pero que periódicamente tienen episodios de descontrol que pueden llegar a tener graves consecuencias para propios y extraños.
La dependencia del alcohol, o de otras drogas, no significa que uno tenga que estar siempre consumiéndolas, sino sobre todo que uno va perdiendo la capacidad de autocotrolar su conducta una vez que ha empezado a consumir.
Es como si el alcohol, o la droga que sea, alterase el funcionamiento normal del cerebro del sujeto y le convirtiera en otra persona, capaz de hacer cosas totalmente ajenas a sus valores y hábitos normales en estado de sobriedad.
Y es que es eso exactamente lo que sucede. En el cerebro del adicto al alcohol se produce una especie de “golpe de estado” cuando empieza a beber que hace que la parte más primitiva e irracional de su mente tome el control y anule la mente lógica y racional que normalmente gobierna nuestras vidas.
Asi se empieza por perder las inhibiciones, y uno llega a creerse que es más sociable o más abierto con los demás, y puede terminar perdiendo los papeles en todos los sentidos, por ejemplo, llegando a su casa más tarde de lo habitual, o simplemente no llegando en toda la noche, descuidando su trabajo, cometiendo imprudencias al conducir, o al frecuentar ambientes ajenos a su vida social habitual, etc. etc.
Si una persona, cada vez que bebe, tiene un serio riesgo de terminar perdiendo los papeles y lamentando lo que ha llegado a hacer, es porque está desarrollando una fuerte dependencia del alcohol, probablemente ligada a una carencia en su capacidad de manejar correctamente los problemas de la vida cotidiana.
Por eso, cuando esto sucede, conviene buscar ayuda terpéutica cuanto antes. Para que los daños sean los menores posibles.
Bernardo Ruiz Victoria
Psicólogo Clínco
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lunes, 2 de junio de 2014
Hipnosis clínica para dejar de fumar
Una sola sesión de terapia con nuestro psicólogo experto en el tratamiento de las adicciones, Bernardo Ruiz, le permitirá aprender a vivir sin fumar y a liberarse de este adictivo hábito.
Para obtener más información sobre las sesiones, puede ponerse en contacto con el Programa Victoria a través del correo electrónico info@programavictoria.com.
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miércoles, 28 de mayo de 2014
Superar la adicción con humildad
Una de las barreras que más cuesta saltar a los pacientes que atiendo es la de la soberbia.
En primer lugar, el paciente adicto tiende a no reconocerse como tal. Puede aceptar que bebe, incluso que bebe en exceso. Puede aceptar que el alcohol le causa problemas en su vida. Pero aceptar que es adicto ¡¡¡uffff!!! eso cuesta mucho.
Y peor aún si el término que empleamos es el de alcohólico. Entonces aún menos.
Además, yo lo dejo cuando quiera, suelen pensar.
Y como esa es una verdad a media, porque cualquier adicto puede pasar unos días sin beber. Puede costarle más o menos, a veces nada, pero lo puede conseguir. Pero eso no significa que haya superado su enfermedad adictiva. Simplemente significa que ha entrado en una fase de no consumo, pero liberarse de una adicción va mucho más allá del hecho de no consumir.
Por eso, la falta de humildad lleva muchas veces a la recaída. Como no aceptamos nuestra condición de adictos, creemos que con el paso del tiempo las cosas serán diferentes. Es decir, que podremos beber un poco sin perder el control y sin sufrir de nuevo todas las consecuencias que ya conocemos.
Y por eso mismo, la terapia para la adicción tiene que ir más allá que el simple consejo de dejar de beber, que es imprescindible por otro lado.
El paciente tiene que asimilar humildemente su condición de adicto y su vulnerabilidad en determinadas circunstancias que debe conocer. Tiene que prepararse para hacer frente a las situaciones de riesgo, las que podrían generarle de nuevo el deseo de beber, y aprender a manejarlas con éxito para evitar las recaídas.
Si la mentira y el autoengaño son uno de los pilares que sustentan la enfermedad adictiva, la soberbia es otro muy importante. Y como remedio para ambas, la verdad y la humildad. Y trabajar todo esto en la terapia sin olvidarse nunca de que el peligro está siempre latente.
Bernardo Ruiz Victoria
Psicólogo Clínico
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jueves, 24 de abril de 2014
¿Fácil o difícil?
En
estas últimas semanas he atendido a varios pacientes que han acudido
a nosotros agobiados y preocupados por su problema de adicción al
alcohol y por las graves consecuencias que estaba trayendo a sus
vidas su comportamiento adictivo, y me han hecho pensar sobre una
paradoja que se da con mucha frecuencia en estos casos.
Existe
una creencia generalizada de que superar una adicción es algo muy
difícil. Algo que supone un gran esfuerzo personal y que es un
camino jalonado de fracasos y recaídas.
También
existe la creencia de que vivir sin alcohol está lleno de
inconvenientes, ya que vivimos en una sociedad que nos ofrece bebidas
alcohólicas en todo tipo de eventos y situaciones sociales, y que
por eso, ser abstemio es una especie de automarginación social,
vamos que uno se convertiría en un bicho raro señalado por todo el
mundo si decide dejar de beber.
En
cambio, hay muchos casos en los que el cambio resulta
sorprendentemente fácil para el propio sujeto. Y esto es lo que he
observado en los dos pacientes que me han inspirado para escribir
esta entrada del blog.
Uno
de ellos es camarero, rodeado de alcohol por todas partes,
acostumbrado a beber con sus propios clientes, y de seguir después
del trabajo con los compañeros, lo cual le llevaba además a la
ludopatía, con graves consecuencias económicas para él y su
familia.
El
otro es un joven ejecutivo de una empresa familiar. También rodeado
de alcohol por todas partes, porque ya sabemos que, según cree mucha
gente, los negocios en España se cierran en los bares.
En
ambos casos estaban muy asustados pensando que iba a resultarles
extremadamente difícil decir que no a la presión social y seguir
haciendo su vida sin beber. Y en cambio, han conseguido dejarlo sin
esfuerzo, y empiezan a sentirse mucho mejor. Además empiezan a darse
cuenta de los beneficios de todo tipo que están recibiendo desde que
han dejado el alcohol.
Naturalmente,
están en el principio de su proceso terapéutico y aún van a
necesitar mucho apoyo y mucho tiempo para consolidar sus nuevas
actitudes y convertirlas en hábitos sólidos y estables. Pero lo que
hoy me mueve a la reflexión la observación de que muchas veces es
más fácil de lo que supuestamente cabría esperar dejar el alcohol
y empezar a vivir de nuevo. Y que no es necesario pasar por un
calvario de síntomas de abstinencia ni por situaciones de rechazo
social, sino todo lo contrario.
Por
supuesto que la terapia es fundamental, y que ninguno de estos
cambios se hubieran iniciado sin la ayuda terapéutica, que seguirá
siendo necesaria durante un tiempo, pero ahí queda la reflexión.
Dejar de beber puede ser mucho más fácil de lo que nos tememos, y
se puede empezar a disfrutar de la vida sin alcohol de un modo
inmediato.
Bernardo
Ruiz Victoria
Psicólogo
Clínico
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jueves, 27 de marzo de 2014
Todo el mundo bebe, es lo normal
Vivimos en una sociedad muy tolerante con el consumo de alcohol. Somos un país productor de bebidas alcohólicas, de vinos que se venden por todo el mundo, de cerveza y muchas otras variedades de líquidos contenedores de etanol.
No hay fiesta, celebración o evento de cualquier clase que no incluya como parte consubstancial el alcohol de una u otra forma. Desde la clásica copa de vino español en un acto oficial o con pretensiones de formalidad, hasta el botellón olímpico que organizan miles de jóvenes con las más diversas excusas en muchas ciudades españolas.
Y en ese entorno sociocultural, algunas personas tienen que lidiar con su problema de adicción, y vivir sin alcohol si quieren mantener una vida digna de tal nombre.
Porque cuando una persona es adicta al alcohol es porque ha perdido la capacidad de regular su consumo dentro de unos límites moderados, y porque ese consumo descontrolado va acompañado de todo tipo de consecuencias negativas para su salud, su familia, su autoestima, su vida profesional y un largo etcétera que no quiero repetir hoy una vez más.
Cuando una persona empieza a darse cuenta de que tiene un problema con el alcohol, una de sus justificaciones más habituales es la de pensar que - dado que todo el mundo bebe, es lo normal - yo no puedo dejar de beber sin perderme lo más hermoso de la vida social.
Falso, como tantas mentiras que el adicto va generando en su mente como consecuencia de su propio problema, porque lo cierto es que solo dejando de beber podrá llevar una vida sana y equilibrada, incluso en el terreno de la vida social.
Claro que hay que aprender a decir que uno no bebe, con naturalidad y con firmeza. Como el que deja de fumar lo dice con un sano orgullo que genera admiración en muchas otras personas.
Y al dejar de beber, se da uno cuenta de que hay muchas personas abstemias por el mundo, que tan normal es beber alcohol como no beberlo, y en los casos en que es necesario, no solo es normal sino que es la única opción sensata, responsable y saludable.
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jueves, 13 de marzo de 2014
Daños colaterales
Hace unos días me llamó una niña de catorce años preocpuada por su padre. Me contó que había estado leyendo varias páginas en internet, incluyendo la nuestra, y que se había dado cuenta de que su padre presentaba casi todos los síntomas que describimos en ellas como indicadores de que una persona pueda tener problemas con el alcohol.
Sus padres se separaron antes de que ella naciera, y ha tenido muy poca relación con su padre, pero a pesar de ello se siente en la obligación de ayudarle, aunque no sabe cómo.
Después de un rato de conversación y de hacerme unas cuantas preguntas, me dijo - ¿entonces no es culpa mía?
La pobre criatura había llegado a pensar que era ella la culpable de que su padre bebiera, de que la hubiera dejado antes de nacer y, en definitiva, de no sentirse querida por él.
Cuántas veces oigo a mis pacientes decirme "no, mis hijos son pequeños y no se han dado cuenta de nada". Y casi siempre es una nueva versión del autoengaño en el que viven los adictos. Como resultaría demasiado doloroso pensar que estamos haciendo daño a nuestros propios hijos, es mejor que creamos que no se han enterado de nada, porque nunca nos han visto en estado de embriaguez.
¡Como si no fuera diferente una persona que tiene problemas con el alcohol los días que ha bebido de los días que no lo ha hecho.!
Los niños son daños colaterales que sufren las consecuencias de la adicción de los demás. No son los únicos, también los cónyuges, los padres, hermanos, e incluso amigos y compañeros de trabajo o de diversión pueden serlo también.
Espero que esta niña sea capaz de tocar el corazón de su padre y le ayude a inciar un cambio que le lleve a superar su adicción. Por el bien de ambos, y de muchos más.
Bernardo Ruiz Victoria
Psicólogo Clínico
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jueves, 6 de marzo de 2014
El alcohol y otros males
Es frecuente que aparezcan en la consulta pacientes que, además de tener un problema con el alcohol, presentan síntomas de depresión, o de ansiedad, o problemas de pareja, etc.
En tales casos suelen pensar que su problema real no es el alcohol, sino que son los otros problemas los que les llevan de una forma u otra a seguir bebiendo, y que lo que necesitan es solucionar tal o cual problema para así poder dejar de beber, o al menos dejar de tener problemas con el alcohol.
Este planteamiento es una falacia que solo conduce a que el problema de la adicción siga aumentando, y que tampoco se solucione ninguno de los demás problemas que pueda estar padeciendo la persona afectada.
La mayor parte de las veces es muy difícil discernir cuál de los problemas es origen y cuál de ellos es consecuencia. Causa y efecto, en estos casos, están tan íntimamente intrincados que no hay forma de saber si uno bebe porque tiene problemas, o si tiene tales problemas porque bebe.
En cualquier caso, lo que es absolutamente claro es que el primer problema que hay que tratar y que hay que solucionar es el de la adicción. Hasta que no desaparezca el consumo de alcohol no podremos ver con claridad si realmente hay una depresión, por ejemplo, o si los síntomas depresivos no son sino una de las consecuencias que el abuso de alcohol ha causado en el paciente.
Y lo mismo es cierto para problemas de ansiedad, insomnio, disfunciones de pareja, etc. Primero hay que tratar la adicción al alcohol, y después, si fuera necesario, lo demás.
Por otra parte, en una terapia de deshabituación del alcohol, como por ejemplo el Programa Victoria, el paciente trabaja sobre una serie de aspectos psicológicos que la mayor parte de las veces actúan de una forma terapéutica no solo para el problema de la adicción, sino para el bienestar y equilibrio personal en general, con lo que es muy frecuente que desaparezcan totalmente los problemas que había asociados de un modo u otro al consumo de alcohol.
Por lo tanto, si tienes problemas, y además bebes alcohol, no olvides que el alcohol es el primer asunto que hay que solucionar.
Bernardo Ruiz Victoria
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jueves, 20 de febrero de 2014
¿Por qué no te decides?
Un día te levantas con una fuerte resaca. Te duele la cabeza, tienes la boca seca, no tienes idea de la hora que es, aunque supones que es tarde. Y te sientes mal.
Al levantarte para ir al baño intentas recordar qué pasó anoche. Y no lo tienes claro. ¿cómo volviste a casa? ¿te acompañó alguien? ¿dónde dejaste el coche? … te asaltan dudas y más dudas, pero de repente una fuerte náusea interrumpe tus pensamientos y te hace darte cuenta de que tienes el estómago contraído y dolorido.
Te ves la cara en el espejo y no te reconoces. Te echas un poco de agua para ver si mejora tu aspecto, pero nada. Aún peor. Ves con más claridad tus ojos vidriosos, sin brillo, tu piel con un color mortecino. Y piensas … ¿me habrá visto así alguien? ¿se habrá dado cuenta mi familia de cómo estoy?
Tu cabeza empieza a trabajar rápidamente buscando excusas, justificaciones y explicaciones que puedan dar algún sentido presentable a tu estado. Pero lo peor es que no recuerdas bien lo que hiciste anoche. ¿y si conté algo al llegar a casa que ahora no recuerdo? ¿y si me contradigo ahora contando otra historia?
Y la ansiedad empieza a apoderarse de ti. Te dan ganas de meterte en la cama de nuevo y esperar que pase la tormenta. O mejor aún, te dan ganas de tomar una cerveza para calmar esos nervios que te están matando. Ya sabes que si lo haces te sentirás mejor y se acabará esa horrible resaca que tienes. Pero también piensas que vaya imagen de borracho vas a dar si lo primero que haces, antes de dar los buenos días, es ir a la nevera y abrirte una cerveza.
Pero no puedes permitir que te vean en este estado. ¿o ya te habrán visto? No recuerdas nada. Y es una sensación angustiante.
Alguien te dijo ya hace tiempo que tu forma de beber no es normal, que tienes un problema, que se te va de las manos. Y que necesitas ayuda. En algún sitio tienes guardado un teléfono al que te dijeron que llamaras para ponerte en manos de profesionales que te ayuden.
Pero ¿qué me va a decir un médico o un psicólogo que yo no sepa? Beber mucho no es bueno, ya lo sabemos. Pero yo lo controlo. Que hoy me haya pasado un poco no significa nada.
…
Y así, suma y sigue, hasta que un día las cosas se ponen imposibles y te propones cambiar. ¿por qué no te decides hoy mismo?
Bernardo Ruiz Victoria
Psicólogo Clínico
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jueves, 13 de febrero de 2014
Evasión o Victoria
Tomo prestado el título de esta famosa película que narra la evasión de unos prisioneros de guerra durante la II Guerra Mundial para ilustrar el tema que hoy quiero tratar.
Detrás del consumo adictivo de alcohol, y de otras drogas, suele haber un componente de “evasión”. Uno busca reducir el sufrimiento que le producen determinadas circunstancias de su vida mediante el efecto anestesiante que tiene el alcohol. De ese modo parece que los problemas se resuelven, o al menos dejan de estar presentes durante un rato.
Es lo que la tradición de la lengua española llama “ahogar las penas en alcohol” o “beber para olvidar” o tantos otros refranes y frases hechas que hacen referencia a lo mismo. Uno bebe para sacudirse de encima el dolor que siente.
El problema es que el método no funciona. Las penas salen de nuevo a la superficie después de sumergirlas en un baño etílico, y además suelen volver reforzadas y aumentadas, por ejemplo con una buena resaca, o con una nueva acción que lamentar (un accidente, una discusión, una multa de tráfico, un descuido en el trabajo, etc.), con lo que la “evasión” no ha sido al final sino dar una vuelta en círculo para llegar al mismo sitio, pero en peores condiciones.
Lo que hay que buscar es un método que conduzca a la Victoria. En lugar de evadirse de los problemas es mejor afrontarlos, aprender a manejar los estados de ánimo negativos que son la causa de tanto sufrimiento emocional, aprender a superar las situaciones que nos generan ansiedad, temor, inseguridad, falta de autoestima o cualquier otra cosa que sea lo que en el fondo acaba desencadenando esos sentimientos de los que nos queremos “evadir” anestesiando nuestros sentidos con el alcohol o las drogas.
Y para esa Victoria muchas veces es necesario invertir tiempo, paciencia, constancia, y casi siempre es necesaria también la ayuda profesional de un psicólogo experto que nos enseñe a encontrar el camino de la verdadera liberación.
Como los protagonistas de la película citada, necesitamos motivación, constancia, determinación, valentía y entrenamiento para lograr la Victoria. Solo entonces estaremos de verdad evadidos de la prisión de la adicción, es decir, victoriosos y liberados.
Bernardo Ruiz Victoria
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jueves, 6 de febrero de 2014
Síntomas iniciales
Hace unos días llegó a mi consulta un caso de los que no hay muchos, lamentablemente.
Se trata de un joven varón de 35 años, con una profesión de mucha responsabilidad que ejerce con éxito, soltero, con una pareja con la que lleva unos meses de relación y en un estado de salud general bueno. Hace mucho deporte, se cuida, y lleva una vida que muchas personas envidiarían sanamente.
Pero también es cierto que desde los 15 años bebe alcohol con cierta frecuencia. Es un bebedor social, con los amigos, al salir de fiesta – una cosa normal – me dice.
Las alarmas han empezado a sonarle porque en sus dos o tres últimos episodios de bebida ha tenido problemas con su pareja debido a que al beber se desentendía de ella, dejaba de llamarle y de comportarse con ella como hace cuando está en perfecto estado.
Al analizar con él la situación reconoce que una vez que sobrepasa un cierto límite de unas tres o cuatro cervezas, que es lo que suele beber, algo cambia dentro de él y empieza a beber sin medida y acaba tomando mucho más de lo que le gustaría haber hecho. A la mañana siguiente se siente mal, física y moralmente, se levanta tarde y pasa el día entero con desgana.
Mientras no ha tenido novia, todo esto pasaba desapercibido ya que no era algo llamativo en su círculo de amistades, ni tampoco sus padres, con los que aún vive, pasaron de un leve reproche hacia su comportamiento, sobre todo por levantarse tarde y echar a perder el día festivo con una resaca de campeonato.
Ahora se ha dado cuenta de que su conducta tiene todos los ingredientes de la conducta adictiva y de que, si continúa bebiendo, el problema no hará más que empeorar.
Por el momento ha tomado la decisión de dejarlo, y lleva ya más de un mes de sobriedad y sintiéndose mucho mejor.
La reflexión que me hago es que hay mucha gente que, a pesar de presentar claros síntomas de adicción, incipientes eso si, en su vida, los ignoran y dejan que el proceso continúe avanzando hasta que las consecuencias se hacen lo suficientemente graves como para plantearse que hay que cambiar.
Ojalá mucha más gente se diera cuenta a tiempo y pidiera ayuda terapéutica antes de que la adicción llegue a destruir sus vidas de formas mucho más serias que en el caso que comentamos, y que en esta ocasión espero podamos evitar tales sufrimientos a nuestro paciente y a sus allegados.
Bernardo Ruiz Victoria
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jueves, 30 de enero de 2014
Corazón rebelde
Hace unos días he comprado del DVD de
una excelente película que trata el tema de la adicción al alcohol
desde un punto de vista muy interesante. Se llama Corazón Rebelde,
en inglés Crazy Heart.
La película narra la historia de un
cantante de música country, ya entradito en años, que no para de
beber antes, durante y después de cada actuación.
A pesar de que su salud está muy
deteriorada, y de que su imagen en el mundo de la música también
está afectada por su desmesurado abuso de alcohol, él no encuentra
ningún motivo para dejarlo.
Si hay un punto común en todas las
personas adictas que llegan a rehabilitarse es que un día tienen el
sentimiento de que ya no pueden más seguir así y que hay que
cambiar. Algunos lo llaman a eso tocar fondo, yo prefiero llamarlo
punto de inflexión, pero en cualquier caso es lo mismo.
Hay sujetos, como el personaje que
interpreta Jeff Bridges de forma magistral en esta película, que
parecen no tener fin, y que desaprovechan una y otra vez las
oportunidades que la vida les pone en bandeja para cambiar.
Finalmente, más vale tarde que nunca,
nuestro protagonista pedirá ayuda, pero tal vez sea demasiado tarde
para reparar todo lo que se ha destruído previamente.
Además de una gran interpretación y
un excelente guión, la película tiene una banda sonora de primera
calidad. Por todas esas razones, la recomiendo con entusiasmo.
Bernardo Ruiz Victoria
Psicólogo Clínico
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jueves, 28 de noviembre de 2013
Las mil y una excusas
Cuando uno tiene problemas de adicción no le faltan excusas y justificaciones, más o menos baratas, para beber.
Es que he tenido un problema con mi ex, me cuenta uno de mis pacientes. Se ha dado cuenta de que le he estado mintiendo mucho tiempo y se ha molestado conmigo. Lleva varios días sin hablarme. ¡Con lo bien que estábamos la semana pasada!Así que me he sentido muy mal, me he hundido y he vuelto a beber. Claro que la culpa también es de mi hermano, que también tiene problemas con el alcohol y fue él quién compró la bebida y la trajo a mi casa. ¿Qué le iba a hacer yo?
Visto así, parece que uno no tiene ninguna responsabilidad, ni tampoco ninguna alternativa. Uno es simplemente víctima de sus circunstancias, como una hoja que el viento lleva de un lado para otro.
El adicto se siente más cómodo con esa sensación de víctima. Yo no soy responsable de nada, qué podría yo hacer. Y así nos justificamos maravillosamente para seguir bebiendo y cometiendo los mismos errores, como si no fuéramos nosotros mismos lo que tomamos nuestras propias decisiones.
Decir que no siempre es una alternativa. No digo que sea fácil, ni siquiera que sea lo más fácil. En ocasiones es difícil y complicado sobreponerse a la tentación de dejarse llevar por la fugaz satisfacción inmediata de ese momento, que luego se transforma en culpabilidad, sufrimiento y lamentos. Por eso es mejor echarle la culpa a otro y no asumir que mis decisiones las tomo yo, y que en mi mano está cambiar.
Se acabaron las excusas. Hoy quiero seguir sin beber. Me siento mejor sin beber. Este es mi deseo y mi decisión. Y así sera.
Probemos a hacerlo de esta manera, y veremos como las cosas van mejor. Quizá tarden un poco más de lo que nos gustaría en mejorar, pero lo harán.
Bernardo Ruiz Victoria
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Marbella, Málaga, España
jueves, 14 de noviembre de 2013
Día sin Alcohol
Un año más llega el momento de reflexionar sobre el
consumo de alcohol en nuestra sociedad. El Día sin Alcohol se ha creado con la idea de hacer una pausa en la vida
cotidiana y planearnos por un momento cómo es nuestra relación con el alcohol, y con los problemas que su
consumo inmoderado causa en la sociedad.
Nos encontramos ante una substancia adictiva,
responsable de innumerables problemas de todo tipo y por todos conocidos. Accidentes de tráfico, problemas de
salud, problemas en las relaciones familiares, conductas de
violencia, etc. Y al mismo tiempo el alcohol habita en bebidas que
consideramos parte casi consubstancial de nuestra vida y nuestra cultura. El vino, la cerveza, y otras bebidas
alcohólicas que desde tiempos muy remotos forman parte de nuestras
costumbres y tradiciones.
La sociedad tiene el difícil dilema de proponer un
delicado equilibrio entre el arraigo cultural y social que tiene el
consumo moderado de bebidas alcohólicas y el innegable efecto
pernicioso que el abuso de alcohol ocasiona en muchas personas, y por
ende, en el
conjunto de la sociedad.
Yo suelo decir a mis pacientes que más peligrosa que
la propia bebida es la intención con la que se consume.
Una cerveza, o un vaso de vino, tomado como
complemento de una comida, en un momento de vida social y encuentro
con familiares o amigos, puede ser totalmente inofensiva.
Mejor dicho. Aunque el alcohol que contienen tales bebidas siempre es
un tóxico que nuestro cuerpo tiene que eliminar, en
cantidades muy moderadas tenemos capacidad de neutralizarlo antes de que produzca unos daños significativos.
También es cierto que si aumenta la cantidad y la
frecuencia de consumo, sea cual sea el contexto en el que se realice,
podemos pronto superar los límites que nuestro organismo
tiene para neutralizar el tóxico y llegar a causarnos daños físicos
y de todo tipo en nuestra vida.
Pero lo más peligroso de todo es querer utilizar el
alcohol, sea cual sea la bebida en la que lo consumamos, como un
elemento que modifique nuestro estado de ánimo. Beber para
superar la timidez, para ser más capaz de hablar en público, para
desinhibirse, o para dejar de sentir un dolor emocional que la vida nos ha
traído, es empezar a construir el camino de la adicción.
Cuántos pasos tiene que dar una persona por ese
camino para llegar al punto de no retorno en el que se convierte en
adicta al alcohol y empieza a perder su libertad y su capacidad de
autocontrol es algo que nadie puede saber a priori. Pero lo que si
sabemos es que las personas que no beben alcohol nunca llegan a ser
adictas, y que las que lo hacen, a medida que perseveran en el
consumo, sobre todo si las cantidades se alejan de la moderación,
más van avanzando en un camino sin retorno.
Cuando una persona llega a la adicción, la única
solución es aprender a vivir sin alcohol, y la mayoría de las
veces, es necesario un tratamiento médico y psicológico para
conseguirlo con garantías.
Por eso, lo mejor es vivir el Día sin Alcohol, no
sólo hoy, sino todos los días de nuestra vida. O como segunda
opción, tener un consumo mínimo, infrecuente y siempre alejado de buscar
efectos psicológicos o emocionales en él.
Bernardo Ruiz Victoria
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