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miércoles, 1 de octubre de 2014

Siempre hay una buena excusa para seguir bebiendo

Hoy viene a una sesión de seguimiento Juan, un paciente que hizo el Programa Victoria hace algo más de un año y que está cada día mejor. A pesar de que tuvo una breve recaída en diciembre pasado, volvió a la abstinencia de inmediato, pidió ayuda, retomó su seguimiento y puso en práctica todo lo aprendido durante la terapia, con lo que a día de hoy está muy bien y su vida ha cambiado.

Cómo el mismo dice, “me va mejor la vida sin alcohol”.

Me cuenta que ha cortado con todas las personas “tóxicas” que había en su vida. Todos aquellos que habían sido compañeros de bebida y también otras personas que le generaban situaciones de tensión emocional. Ahora practica yoga, trabaja de nuevo con eficacia en su negocio, se ocupa debidamente de sus hijos y se siente mejor.

Hace unos días pasó un rato con un amigo suyo el cual se tomó seis cubatas mientras Juan se tomaba dos tazas de te. El amigo le comentaba – te veo muy bien, Juan – pero se justificaba a si mismo diciendo que tiene que seguir bebiendo porque es la forma de tener relaciones con sus clientes.

Juan se reía al contármelo, al darse cuenta de que es una excusa barata que él mismo se había estado aplicando muchas veces. Durante años. Bebo porque es parte de mi vida social y profesional – se decía a si mismo.

La realidad es que desde que no bebe tiene más clientes que antes, atiende mejor su trabajo, ha racionalizado sus gastos y puesto orden a su economía personal y profesional, y no echa de menos el alcohol para nada.

Claro que para llegar a ese convencimiento y esa naturalidad ha necesitado la terapia del Programa Victoria, que es lo que le ha permitido liberarse de su adicción y aprender a vivir sin alcohol. Día tras día, eso si, que el enemigo no descansa. Pero con determinación y constancia, siguiendo las indicaciones terapéuticas y manteniendo fresco en su memoria el recuerdo de su experiencia en la terapia, cada día está mejor.

Juan lamenta que haya tantas personas que siguen bebiendo, y dándose excusas para beber, cuando podrían seguir su mismo camino, entrar en el Programa Victoria y vivir mejor libres de adicciones.

Yo, por mi parte, me lleno de alegría y de satisfacción profesional al ver a personas como Juan que aprenden a vivir sin alcohol.





Bernardo Ruiz Victoria
Psicólogo Clínico

lunes, 30 de junio de 2014

Objetivo Libertad: Hoja de ruta para salir del laberinto del alcohol

La entrada de esta semana en nuestro blog se centra en esta ocasión en el libro "Objetivo Libertad. Hoja de ruta para salir del laberinto del alcohol", escrito por el psicólogo y director del Programa Victoria, Bernardo Ruiz. En él, además de explicar cómo funciona nuestro tratamiento, algunos de los antiguos alumnos pusieron por escrito su experiencia con nosotros, como pueden ser:

“Te envidio, afortunado lector de este libro. Si yo hubiera alcanzado la fortuna de haberlo tenido en mis manos hace años, en las páginas de mi vida habría habido menos dolor”.
IOX, paciente del Programa Victoria en 2002.

“Fue difícil reconocer que era alcohólica, pero todavía fue peor reconocer que yo sola no podría salir de aquel estado. Supongo que me creía más fuerte de lo que en realidad era y, aunque lo intenté, no conseguí nada más que desesperarme y beber todavía más”.
María José, paciente del Programa Victoria en 2007.

“Hay muy pocas cosas en mi vida que yo considere que he hecho casi perfectas y una de ellas fue entrar en el Programa Victoria, al cual hoy le debo tantas cosas buenas que todos los años le doy gracias a Dios y a una pareja que me ajustó el coco. Yo soy de los que tienen muy claro que si hubiese seguido con la vida anterior al Programa estaría arruinado, casi muerto por salud o accidente y abandonado por toda la familia, en fin, hecho una mierda”.
Juan, paciente del Programa Victoria en 2003.


Para saber más, recordamos a todos los interesados visitar el apartado dedicado al libro en nuestra página web y contactar con los responsables del Programa Victoria si deciden adquirirlo.


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Bernardo Ruiz Victoria
Psicólogo Clínico

miércoles, 28 de mayo de 2014

Superar la adicción con humildad

Una de las barreras que más cuesta saltar a los pacientes que atiendo es la de la soberbia.

En primer lugar, el paciente adicto tiende a no reconocerse como tal. Puede aceptar que bebe, incluso que bebe en exceso. Puede aceptar que el alcohol le causa problemas en su vida. Pero aceptar que es adicto ¡¡¡uffff!!! eso cuesta mucho.

Y peor aún si el término que empleamos es el de alcohólico. Entonces aún menos. 

Además, yo lo dejo cuando quiera, suelen pensar. 

Y como esa es una verdad a media, porque cualquier adicto puede pasar unos días sin beber. Puede costarle más o menos, a veces nada, pero lo puede conseguir. Pero eso no significa que haya superado su enfermedad adictiva. Simplemente significa que ha entrado en una fase de no consumo, pero liberarse de una adicción va mucho más allá del hecho de no consumir.

Por eso, la falta de humildad lleva muchas veces a la recaída. Como no aceptamos nuestra condición de adictos, creemos que con el paso del tiempo las cosas serán diferentes. Es decir, que podremos beber un poco sin perder el control y sin sufrir de nuevo todas las consecuencias que ya conocemos.

Y por eso mismo, la terapia para la adicción tiene que ir más allá que el simple consejo de dejar de beber, que es imprescindible por otro lado. 

El paciente tiene que asimilar humildemente su condición de adicto y su vulnerabilidad en determinadas circunstancias que debe conocer. Tiene que prepararse para hacer frente a las situaciones de riesgo, las que podrían generarle de nuevo el deseo de beber, y aprender a manejarlas con éxito para evitar las recaídas.

Si la mentira y el autoengaño son uno de los pilares que sustentan la enfermedad adictiva, la soberbia es otro muy importante. Y como remedio para ambas, la verdad y la humildad. Y trabajar todo esto en la terapia sin olvidarse nunca de que el peligro está siempre latente.


Bernardo Ruiz Victoria
Psicólogo Clínico

jueves, 27 de marzo de 2014

Todo el mundo bebe, es lo normal

Vivimos en una sociedad muy tolerante con el consumo de alcohol. Somos un país productor de bebidas alcohólicas, de vinos que se venden por todo el mundo, de cerveza y muchas otras variedades de líquidos contenedores de etanol.

No hay fiesta, celebración o evento de cualquier clase que no incluya como parte consubstancial el alcohol de una u otra forma. Desde la clásica copa de vino español en un acto oficial o con pretensiones de formalidad, hasta el botellón olímpico que organizan miles de jóvenes con las más diversas excusas en muchas ciudades españolas.

Y en ese entorno sociocultural, algunas personas tienen que lidiar con su problema de adicción, y vivir sin alcohol si quieren mantener una vida digna de tal nombre. 

Porque cuando una persona es adicta al alcohol es porque ha perdido la capacidad de regular su consumo dentro de unos límites moderados, y porque ese consumo descontrolado va acompañado de todo tipo de consecuencias negativas para su salud, su familia, su autoestima, su vida profesional y un largo etcétera que no quiero repetir hoy una vez más.

Cuando una persona empieza a darse cuenta de que tiene un problema con el alcohol, una de sus justificaciones más habituales es la de pensar que - dado que todo el mundo bebe, es lo normal - yo no puedo dejar de beber sin perderme lo más hermoso de la vida social.

Falso, como tantas mentiras que el adicto va generando en su mente como consecuencia de su propio problema, porque lo cierto es que solo dejando de beber podrá llevar una vida sana y equilibrada, incluso en el terreno de la vida social.

Claro que hay que aprender a decir que uno no bebe, con naturalidad y con firmeza. Como el que deja de fumar lo dice con un sano orgullo que genera admiración en muchas otras personas.

Y al dejar de beber, se da uno cuenta de que hay muchas personas abstemias por el mundo, que tan normal es beber alcohol como no beberlo, y en los casos en que es necesario, no solo es normal sino que es la única opción sensata, responsable y saludable. 


Bernardo Ruiz Victoria
Psicólogo Clínico

jueves, 20 de marzo de 2014

Concurso de salvajadas

Hace unos días vi en la televisión una noticia según la cual hay una nueva moda entre algunos jóvenes que consiste en grabarse a si mismos en vídeo bebiendo una sucesión de diferentes bebidas para demostrar cuánto es capaz de aguantar uno, y posteriormente colgarlo en Internet para que todo el mundo pueda admirar la "hazaña".

La peregrina idea ya ha costado la vida a alguno de los participantes en semejante concurso de salvajadas. Parece que hay personas que se motivan con el hecho de hacerse daño a si mismas, y además de hacerlo ostentosamente, presumiendo de ello.

No es que los concursos de ese tipo no hayan existido en otras épocas. Siempre hay el que presume de ser capaz de tumbar a los demás bebiendo más cantidad que cualquier otro, pero hacer esto de una forma privada, en la soledad de una habitación, con el único fin de ser visto en estado de embriaguez parece un comportamiento totalmente fuera de cualquier clase de sensatez.

Cuando yo veo este tipo de noticias siempre pienso que estos muchachos, muchas veces adolescentes, deben tener padres y madres, deben tener también educadores en su escuela, y personas mayores, en general, que tendrían que haberles enseñado ciertas cosas que evidentemente les faltan a las personas que actúan así.

No me atrevo a juzgar a nadie, y mucho menos a los padres que se desesperan con mucha frecuencia al ver en lo que se van convirtiendo sus hijos, pero si creo que es necesario hacer una reflexión individual y colectiva en relación con los valores que estamos transmitiendo a los jóvenes de hoy.

Cuando en el mundo occidental y desarrollado en el que vivimos, vemos jóvenes con tan poca madurez y con tan poco contenido en el cerebro como para hacer tales cosas, creo que podemos concluir que el simple bienestar material no da ninguna garantía de que vayamos a conseguir la felicidad, el equilibrio psicológico y el bienestar personal.

El alcohol siempre es una sustancia peligrosa, pero cuando se hace un uso de él de este tipo estamos ante un comportamiento autodestructivo, probablemente por pura ignorancia, pero también por falta de referentes positivos que motiven a estos muchachos a obtener logros en otros campos de la vida que no sean el de hacerse daño a si mismos.

La noticia estaba ubicada en Gran Bretaña, pero me temo que no tardaremos mucho en tener alguna noticia similar en España. 

Espero que cada uno de nosotros seamos capaces, en nuestro entorno, de contribuir a que tales cosas no sigan proliferando.


Bernardo Ruiz Victoria
Psicólogo Clínico
www.programavictoria.com

martes, 25 de febrero de 2014

Guardar las apariencias

Una de las características de la mentira que envuelve todo el proceso adictivo es que, en muchas ocasiones, las personas adictas tratan de engañar a los demás, y de engañarse a si mismas, manteniendo en público un comportamiento moderado en relación con la bebida.

Hay quién es totalmente abstemio en público. Esto se suele dar con más frecuencia en el caso de las mujeres, sobre todo las que se han criado en una sociedad que es mucho más crítica con la embriaguez femenina que con la masculina, pero también hay hombres que caen en la misma trampa.

Estas personas no beben nada en público, o lo hacen de una manera extremadamente moderada, haciendo creer a quienes no les conocen en profundidad, que son personas totalmente indiferentes al alcohol. En cambio, estas mismas personas, cuando están a solas, beben a escondidas buscando precisamente el efecto embriagador del alcohol para calmar su malestar interior.

Algunos lo hacen en su casa, cuando se quedan a solas, pero otros lo hacen yéndose lejos de su entorno social habitual. Acuden a establecimientos lejanos de su barrio o de su pueblo, entran en lugares donde nunca esperan encontrarse a nadie de sus círculos sociales habituales, y creen con eso que están evitando de la crítica social que suponen que tendrían si alguien los viera bebiendo en público tal y como lo hacen a escondidas.

Curiosamente, me encuentro con frecuencia pacientes que están más preocupados por el hecho de que alguien se entere de que están acudiendo a terapia para dejar su adicción que por el hecho de haber podido ser visto cuando sus comportamientos eran totalmente desajustados bajo la influencia del alcohol, o de otras drogas.

Este guardar las apariencias no es sino otra forma de manifestarse el autoengaño que siempre está presente en la persona adicta, y del que es imprescindible liberarse si se quiere salir de verdad de la adicción.


Bernardo Ruiz Victoria
Psicólogo Clínico

jueves, 13 de febrero de 2014

Evasión o Victoria

Tomo prestado el título de esta famosa película que narra la evasión de unos prisioneros de guerra durante la II Guerra Mundial para ilustrar el tema que hoy quiero tratar.

Detrás del consumo adictivo de alcohol, y de otras drogas, suele haber un componente de “evasión”. Uno busca reducir el sufrimiento que le producen determinadas circunstancias de su vida mediante el efecto anestesiante que tiene el alcohol. De ese modo parece que los problemas se resuelven, o al menos dejan de estar presentes durante un rato.

Es lo que la tradición de la lengua española llama “ahogar las penas en alcohol” o “beber para olvidar” o tantos otros refranes y frases hechas que hacen referencia a lo mismo. Uno bebe para sacudirse de encima el dolor que siente.

El problema es que el método no funciona. Las penas salen de nuevo a la superficie después de sumergirlas en un baño etílico, y además suelen volver reforzadas y aumentadas, por ejemplo con una buena resaca, o con una nueva acción que lamentar (un accidente, una discusión, una multa de tráfico, un descuido en el trabajo, etc.), con lo que la “evasión” no ha sido al final sino dar una vuelta en círculo para llegar al mismo sitio, pero en peores condiciones.

Lo que hay que buscar es un método que conduzca a la Victoria. En lugar de evadirse de los problemas es mejor afrontarlos, aprender a manejar los estados de ánimo negativos que son la causa de tanto sufrimiento emocional, aprender a superar las situaciones que nos generan ansiedad, temor, inseguridad, falta de autoestima o cualquier otra cosa que sea lo que en el fondo acaba desencadenando esos sentimientos de los que nos queremos “evadir” anestesiando nuestros sentidos con el alcohol o las drogas.

Y para esa Victoria muchas veces es necesario invertir tiempo, paciencia, constancia, y casi siempre es necesaria también la ayuda profesional de un psicólogo experto que nos enseñe a encontrar el camino de la verdadera liberación.

Como los protagonistas de la película citada, necesitamos motivación, constancia, determinación, valentía y entrenamiento para lograr la Victoria. Solo entonces estaremos de verdad evadidos de la prisión de la adicción, es decir, victoriosos y liberados. 


Bernardo Ruiz Victoria
Psicólogo Clínico

jueves, 6 de febrero de 2014

Síntomas iniciales

Hace unos días llegó a mi consulta un caso de los que no hay muchos, lamentablemente.

Se trata de un joven varón de 35 años, con una profesión de mucha responsabilidad que ejerce con éxito, soltero, con una pareja con la que lleva unos meses de relación y en un estado de salud general bueno. Hace mucho deporte, se cuida, y lleva una vida que muchas personas envidiarían sanamente.

Pero también es cierto que desde los 15 años bebe alcohol con cierta frecuencia. Es un bebedor social, con los amigos, al salir de fiesta – una cosa normal – me dice.

Las alarmas han empezado a sonarle porque en sus dos o tres últimos episodios de bebida ha tenido problemas con su pareja debido a que al beber se desentendía de ella, dejaba de llamarle y de comportarse con ella como hace cuando está en perfecto estado.

Al analizar con él la situación reconoce que una vez que sobrepasa un cierto límite de unas tres o cuatro cervezas, que es lo que suele beber, algo cambia dentro de él y empieza a beber sin medida y acaba tomando mucho más de lo que le gustaría haber hecho. A la mañana siguiente se siente mal, física y moralmente, se levanta tarde y pasa el día entero con desgana.

Mientras no ha tenido novia, todo esto pasaba desapercibido ya que no era algo llamativo en su círculo de amistades, ni tampoco sus padres, con los que aún vive, pasaron de un leve reproche hacia su comportamiento, sobre todo por levantarse tarde y echar a perder el día festivo con una resaca de campeonato.

Ahora se ha dado cuenta de que su conducta tiene todos los ingredientes de la conducta adictiva y de que, si continúa bebiendo, el problema no hará más que empeorar.

Por el momento ha tomado la decisión de dejarlo, y lleva ya más de un mes de sobriedad y sintiéndose mucho mejor.

La reflexión que me hago es que hay mucha gente que, a pesar de presentar claros síntomas de adicción, incipientes eso si, en su vida, los ignoran y dejan que el proceso continúe avanzando hasta que las consecuencias se hacen lo suficientemente graves como para plantearse que hay que cambiar.

Ojalá mucha más gente se diera cuenta a tiempo y pidiera ayuda terapéutica antes de que la adicción llegue a destruir sus vidas de formas mucho más serias que en el caso que comentamos, y que en esta ocasión espero podamos evitar tales sufrimientos a nuestro paciente y a sus allegados.


Bernardo Ruiz Victoria
Psicólogo Clínico

jueves, 28 de noviembre de 2013

Las mil y una excusas

Cuando uno tiene problemas de adicción no le faltan excusas y justificaciones, más o menos baratas, para beber.

Es que he tenido un problema con mi ex, me cuenta uno de mis pacientes. Se ha dado cuenta de que le he estado mintiendo mucho tiempo y se ha molestado conmigo. Lleva varios días sin hablarme. ¡Con lo bien que estábamos la semana pasada!Así que me he sentido muy mal, me he hundido y he vuelto a beber. Claro que la culpa también es de mi hermano, que también tiene problemas con el alcohol y fue él quién compró la bebida y la trajo a mi casa. ¿Qué le iba a hacer yo? 

Visto así, parece que uno no tiene ninguna responsabilidad, ni tampoco ninguna alternativa. Uno es simplemente víctima de sus circunstancias, como una hoja que el viento lleva de un lado para otro.

El adicto se siente más cómodo con esa sensación de víctima. Yo no soy responsable de nada, qué podría yo hacer. Y así nos justificamos maravillosamente para seguir bebiendo y cometiendo los mismos errores, como si no fuéramos nosotros mismos lo que tomamos nuestras propias decisiones.

Decir que no siempre es una alternativa. No digo que sea fácil, ni siquiera que sea lo más fácil. En ocasiones es difícil y complicado sobreponerse a la tentación de dejarse llevar por la fugaz satisfacción inmediata de ese momento, que luego se transforma en culpabilidad, sufrimiento y lamentos. Por eso es mejor echarle la culpa a otro y no asumir que mis decisiones las tomo yo, y que en mi mano está cambiar.

Se acabaron las excusas. Hoy quiero seguir sin beber. Me siento mejor sin beber. Este es mi deseo y mi decisión. Y así sera.

Probemos a hacerlo de esta manera, y veremos como las cosas van mejor. Quizá tarden un poco más de lo que nos gustaría en mejorar, pero lo harán.


Bernardo Ruiz Victoria
Psicólogo Clínico

miércoles, 2 de octubre de 2013

Perseverar en la sobriedad

Cuando una persona se plantea seriamente dejar de beber, y sobre todo si recibe la ayuda terapéutica de un tratamiento especializado como el Programa Victoria, suele resultar sorprendentemente fácil acabar con ese hábito que le ha venido acompañando durante años y que ha hecho sufrir tanto a la propia persona adicta, así como a su entorno.

De repente, uno ha dejado de beber y se siente bien. Parece que todo ha sido muy fácil y que ya está todo solucionado. Pero si nos quedamos en esa actitud autocomplaciente es muy posible que las cosas se acaben torciendo antes o después y que el paciente se lleve un tremendo batacazo el día menos esperado. Una recaída, que suele ser muy frustrante y muy dolorosa, sobre todo para los que le rodean.

En el Programa Victoria insistimos en la importancia de adquirir unos hábitos saludables concretos que ayuden a mantener la actitud mental adecuada para seguir en sobriedad. Y por eso ponemos un gran hincapié en la práctica de la Relajación.

A lo largo de la terapia nuestros pacientes aprenden una sencilla técnica de Relajación, Visualización y Pensamientos Positivos, que se llevan grabada en un disco para poder practicarla en casa a diario, que es lo que recomendamos siempre.

La Relajación contiene los ingredientes esenciales para continuar beneficiándose los efectos positivos iniciales del Programa Victoria. En primer lugar ayuda a combatir la ansiedad y evita la acumulación de tensiones emocionales. En segundo lugar potencia la actitud mental positiva, que ayuda a seguir sin beber de una forma optimista y con una sensación de bienestar y liberación, a través de los Pensamientos Positivos que se incluyen en el ejercicio. Y por último, a través de la Visualización el paciente se prepara psicológicamente para hacer frente a las situaciones de riesgo que podrían conducirle a una recaída, aumentando así su capacidad de reacción y evitando que la recaída llegue a materializarse.

En mi experiencia he visto que aquéllas personas que incorporan la práctica de la relajación en su rutina diaria y la mantienen a largo plazo son las que no tienen recaídas y cada día se sienten mejor con su sobriedad. En cambio, cuando un paciente recae y contacta conmigo, lo primero que me reconoce es que hace tiempo que había dejado de practicarla.

Mantenerse en sobriedad es una tarea de todos los días. Cada día empieza de cero, en cierto sentido, aunque siempre es más fácil seguir sin beber cuando se van haciendo las cosas bien día a día, pero cada jornada requiere de su tiempo para perseverar en la sobriedad y seguir disfrutando de la vida libre de adicciones.


Bernardo Ruiz Victoria
Psicólogo Clínico

martes, 21 de mayo de 2013

Tocando fondo


Hace unos días he tenido la oportunidad de ver una película titulada originalmente Smashed, que se podría traducir como aplastado, o destrozado, y que en la versión española han titulado Tocando Fondo.

Es la historia de una pareja de jóvenes, aficionados ambos a la bebida, o mejor dicho, más que aficionados, grandes consumidores y ambos con problemas de adicción.

Un día, la mujer vive una situación en el trabajo que hace que tenga que empezar a enfrentarse a las consecuencias de su problema con el alcohol. Poco a poco empieza a tomar conciencia de su adicción y pone los medios para ponerle remedio.

La película relata su evolución hasta que consigue superar su adicción y cambiar su vida, y refleja muy bien los sentimientos que viven los protagonistas y las dificultades que tienen que afrontar para salir adelante y liberarse de la esclavitud del alcohol.

No es una película comercial, y dudo mucho que llegue a hacerse famosa. Tampoco los actores son muy conocidos, pero está muy bien realizada e interpretada y la encuentro muy recomendable para todos.

En la vida de un adicto siempre hay un momento que significa un punto de inflexión. Es cuando uno se da cuenta de que necesita cambiar y dejar el alcohol. Algunos lo llaman precisamente "tocar fondo", como el título de la película.

Cuanto antes uno se de cuenta de las cosas, menos profundo será el lugar donde toque fondo antes de empezar a cambiar. Y menores serán los daños y las consecuencias sufridas por uno mismo y causadas a los demás.


Bernardo Ruiz Victoria
Psicólogo Clínico
www.programavictoria.com

miércoles, 17 de abril de 2013

La importancia de decir "no bebo"


Cuando una persona toma la sabia decisión de dejar de fumar, no solo empieza a sentirse mejor a los pocos días, sino que todo el mundo se lo nota y aplaude su decisión. Además, el fumador que deja de serlo se siente orgulloso de su cambio y dice con alegría y convicción “he dejado de fumar”, despertando admiración y apoyo en la gente que le rodea.

En cambio, con el alcohol las cosas son muy diferentes.

Cuando una persona deja de beber no suele resultarle fácil decirlo con naturalidad y convicción a todo el mundo. Ni tampoco la gente acoge con entusiasmo al que deja de beber. Muchas veces hay comentarios del tipo - ¿pero estás enfermo? – que hacen sentir mal al que ha dejado de beber. Como si para dejar de beber fuera necesario estar enfermo y, por lo tanto, como si beber alcohol fuera simplemente uno de los grandes placeres de la vida a los que el pobre enfermo no tiene más remedio que renunciar.

Nada más lejos de la realidad. Cuando una persona es adicta al alcohol, ya está padeciendo la enfermedad adictiva, y precisamente la única manera de liberarse de ella es dejando de beber. Por lo tanto la razón para dejar de beber no es la de estar enfermo, en el sentido de padecer una enfermedad común para la que el alcohol es perjudicial, sino todo lo contrario, la de estar sano y conservar la salud precisamente gracias a la sobriedad.

Pero hay otro aspecto importante del hecho de decir con claridad “he dejado de beber”. Al hacerlo uno se reafirma en su decisión, se compromete consigo mismo y se pone más fácil el seguir así, evitando las recaídas que siempre son un peligro latente en todas las adicciones.

Todos estamos mejor sin beber alcohol, y especialmente aquellos que han llegado a estar muy mal debido a sus efectos nocivos.


Bernardo Ruiz Victoria
Psicólogo Clínico

martes, 26 de febrero de 2013

Puntos de inflexión


En la vida de un adicto siempre hay momentos clave que le pueden hacer cambiar. Algunos lo llaman "tocar fondo", y yo prefiero llamarlos puntos de inflexión.

Se trata de un momento íntimo de toma de conciencia, en el cual el sujeto se da cuenta de que su comportamiento no es normal, que lo que está haciendo se sale de la lógica y de la vida saludable y equilibrada, y que debe hacer algo para cambiar.

Estos puntos de inflexión son el inicio de los buenos propósitos de dejar de beber, o bien de buscar ayuda terapéutica de una u otra forma.

En la película "Dias de vino y rosas", el punto de inflexión lo vive el protagonista cuando un día, caminando en busca de trabajo por las calles de la ciudad ve la imagen de un hombre en un escaparate y piensa - ¿quién será ese borracho? - y al momento se da cuenta de que es él mismo reflejado en el cristal. A partir de ahí reacciona, cambia su perspectiva dándose cuenta de que el alcohol era la auténtica causa de sus desdichas, y empieza el camino de la recuperación.

Como la realidad siempre supera a la ficción, hace unos días vino a verme Jaime, uno de mis pacientes que ha tenido varias recaídas, debidas en parte a su falta de conciencia de la gravedad de su problema.

Me contó que había vuelto a la bebida una vez más, lleno de mala conciencia y de problemas de salud que le hacía sentir muy mal, y que un día, había comprado una botella de bolsillo de vodka para bebérsela a escondidas como tantas veces. Pero al salir del supermercado se encontró con un indigente durmiendo en el suelo, tuvo un momento de lucidez, su punto de inflexión, y le preguntó - ¿bebe usted? - a lo que el hombre le contestó, - si, pero con moderación -.

Ahí Jaime tomó la decisión, le entregó la botella que acababa de comprar y se sintió liberado. Desde entonces no ha vuelto a beber, ha vuelto a la terapia y le veo mejor que nunca.

Cada uno tiene su punto de inflexión, a veces más de uno, en su camino de liberación de la conducta adictiva. Y hay que aprovechar las ocasiones, porque nunca sabemos cuál de ellas va a ser la última.

Bernardo Ruiz Victoria
Psicólogo Clínico

jueves, 17 de enero de 2013

Temblores



Me contaba hace años uno de mis pacientes, que afortunadamente lleva ya más de quince años de sobriedad, el sufrimiento que para él suponía cada mañana despertarse con las manos temblorosas.

En aquél tiempo su trabajo le obligaba a firmar numerosos documentos a primera hora de la mañana, y muchos días era incapaz de hacerlo porque su letra era ininteligible y sus manos no paraban de temblar.

¿Cuál era el remedio? Tomarse dos o tres copas y poco a poco los temblores remitían y podía, por fin, firmar sus cheques y otros papeles importantes.

Pero con eso comenzaba de nuevo el círculo vicioso, se le despertaban de nuevo los deseos de beber, seguía bebiendo todo el día, y a la mañana siguiente volvía a encontrarse igual, tembloroso, ansioso, intranquilo y con un cuerpo fatal.

Estos síntomas aparecen en muchas personas que abusan del alcohol y son un signo claro de adicción física. El sistema nervioso se ha habituado a trabajar en contra de los efectos sedantes producidos por el alcohol, y cuando por la noche, durante el sueño, se elimina una parte importante del que circulaba por la sangre, el sujeto se siente más acelerado de lo normal porque su cuerpo todavía está reaccionando como si el alcohol siguiera frenando el normal funcionamiento del organismo, especialmente del sistema nervioso.

Esto es lo que se llama síndrome de abstinencia, y es un signo claro de dependencia física, que se reconfirma una vez más si desaparece al consumir de nuevo alcohol.

La solución, dejar  de beber del todo. Y para conseguirlo, si no basta con la propia voluntad y determinación personal, lo mejor es pedir ayuda profesional y seguir un programa terapéutico para aprender a vivir sin alcohol.


Bernardo Ruiz Victoria
Psicólogo Clínico
www.programavictoria.com

miércoles, 28 de noviembre de 2012

Abstinencia y sobriedad


Sigo enfrascado estos días en el trabajo con el grupo de pacientes que está realizando el Programa Victoria, de ahí que haya tenido menos tiempo para mantener actualizado el blog.

Hoy hemos empezado a hablar del tema de la Prevención de Recaídas, que es una de las cuestiones claves de cualquier terapia para la adicción, y especialmente de la nuestra.

En el curso de la sesión uno de los pacientes ha planteado su sentimiento de perplejidad porque no acaba de sentirse cien por cien seguro de que vaya a mantenerse sin beber en el futuro, aunque es su deseo y su decisión, pero duda un poco de su capacidad, y ve las dificultades que han pasado otras personas y él mismo en otras ocasiones y tiene un poco de miedo.

También ha planteado la cuestión de que no entiende bien la diferencia entre abstinencia y sobriedad. Por eso he aprovechado para explicárselo a todos.

Una persona está en abstinencia cuando simplemente no bebe alcohol. No importa tanto el motivo. Puede ser una abstinencia forzada por las circunstancias, como cuando uno no tiene acceso a bebidas alcohólicas, o puede ser una abstinencia autoinducida por una u otras razones.

Pero la sobriedad es otra cosa, es como subir a un nivel más alto. El estado de sobriedad lo alcanza la persona que, no solo se mantiene en abstinencia un tiempo prolongado por decisión propia, sino que llega a sentirse cómoda de esa forma, llega a interiorizar el hecho de no beber como forma natural de comportamiento, y llega a dejar de pensar en el alcohol de forma recurrente en su vida.

Cuando una persona alcanza la sobriedad en este sentido, ha dado un gran paso adelante en su proceso de superación de a adicción. Pero aún así, la sobriedad hay que mantenerla, no hay que bajar la guardia porque la adicción es un problema latente que nunca desaparece del todo.


Bernardo Ruiz Victoria
Psicólogo Clínico
www.programavictoria.com