Mostrando entradas con la etiqueta enfermedad. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta enfermedad. Mostrar todas las entradas

martes, 4 de noviembre de 2014

Mi pareja bebe mucho, ¿qué hago?

La adicción al alcohol es una enfermedad que no solo afecta directamente a la persona que bebe, sino también a su entorno más cercano, la familia, las amistades, el entorno laboral, etc.

Los familiares más directos, parejas, hermanos, padres, hijos... no solo sufren las consecuencias del comportamiento desordenado, a veces caótico, y siempre problemático de la persona adicta, sino que muchas veces se sienten en cierto modo “responsables” o hasta “culpables” de la conducta adictiva del otro.

Ya he explicado en otras ocasiones que uno de los pilares que sostiene la enfermedad adictiva es la mentira. Y una de las maneras que tiene de expresarse es precisamente cuando el propio adicto intenta traspasar la responsabilidad de su conducta hacia sus familiares o allegados.

Y en no pocas ocasiones éstos caen en la trampa y llegan a pensar que son ellos los que tienen que cambiar, que si fueran de otra manera su marido, esposa, hijo, padre, o lo que sea, no seguiría bebiendo de esa manera tan negativa.

Es un error muy común creer que uno puede curar la adicción de otro. O que uno es el culpable de lo que otro hace.

Cada persona es responsable de su propio comportamiento, y si el adicto no es capaz de controlar su consumo, y continúa bebiendo a pesar de las evidentes muestras de que le causa problemas de todo tipo, el él, o ella, quién tiene que tomar medidas. Sobre todo, pedir ayuda, ponerse en tratamiento con un profesional especializado, y superar su adicción.

Ahí topamos con otro de los pilares que sustentan la enfermedad adictiva. La soberbia. “Yo no necesito ayuda de nadie”, “cuando quiera lo dejo”, si tu me tratases mejor yo no bebería” y toda clase de pensamientos similares que retrasan el paso definitivo que puede llevar a la solución. Pedir ayuda terapéutica.

Aquí es donde los familiares pueden hacer algo práctico. Poner las cartas sobre la mesa, dejar de encubrir al adicto, dejar de intentar minimizar las consecuencias negativas de su adicción, y finalmente proponerle una soluciónterapéutica. El, o ella, es quién tiene que tomar la decisión final y ponerse en manos de un profesional, pero muchas veces la presión positiva de la familia,o de otros allegados, puede significar el pequeño empujón que el adicto necesita para cambiar de rumbo e iniciar su recuperación.

También los familiares pueden buscar ayuda ellos mismos para hacer todo esto y seguir las indicaciones de un profesional puede ser muy eficaz para acelerar el cambio.

Si es tú caso y tienes un amigo o familiar con problemas de adicción al alcohol o a otras drogas, podemos ayudarle. Nuestro tratamiento médico y psicológico conocido como el Programa Victoria le permitirá superar esa dependencia y volver a vivir sin alcohol, porque hay personas por las que merece la pena seguir luchando.

Así, recordamos que el próximo lunes día 10 de noviembre iniciamos un nuevo curso para dejar de beber alcohol. Si quieres más información, puedes ponerte en contacto con nosotros a través de nuestra página web o de los perfiles en las redes sociales. Además, puedes leer estas entradas del blog: Nuevo curso para superar el alcoholismo y Por qué el Programa Victoria dura solo 10 días.


Bernardo Ruiz Victoria
Psicólogo Clínico


miércoles, 22 de octubre de 2014

Yo no soy un alcohólico porque hay muchos días que no bebo

Muchas personas creen que solo hay problemas de alcoholismo cuando la persona bebe a diario, de una forma excesiva y sin capacidad de parar.

No cabe duda de que esa es una forma evidente de adicción, y que hay pacientes que desarrollan su problema de esa manera, pero también es cierto que cada vez hay más casos de personas que pasan temporadas sin consumir alcohol, o que incluso pueden tener días de consumo moderado, pero que periódicamente tienen episodios de descontrol que pueden llegar a tener graves consecuencias para propios y extraños.

La dependencia del alcohol, o de otras drogas, no significa que uno tenga que estar siempre consumiéndolas, sino sobre todo que uno va perdiendo la capacidad de autocotrolar su conducta una vez que ha empezado a consumir.

Es como si el alcohol, o la droga que sea, alterase el funcionamiento normal del cerebro del sujeto y le convirtiera en otra persona, capaz de hacer cosas totalmente ajenas a sus valores y hábitos normales en estado de sobriedad.

Y es que es eso exactamente lo que sucede. En el cerebro del adicto al alcohol se produce una especie de “golpe de estado” cuando empieza a beber que hace que la parte más primitiva e irracional de su mente tome el control y anule la mente lógica y racional que normalmente gobierna nuestras vidas.

Asi se empieza por perder las inhibiciones, y uno llega a creerse que es más sociable o más abierto con los demás, y puede terminar perdiendo los papeles en todos los sentidos, por ejemplo, llegando a su casa más tarde de lo habitual, o simplemente no llegando en toda la noche, descuidando su trabajo, cometiendo imprudencias al conducir, o al frecuentar ambientes ajenos a su vida social habitual, etc. etc.

Si una persona, cada vez que bebe, tiene un serio riesgo de terminar perdiendo los papeles y lamentando lo que ha llegado a hacer, es porque está desarrollando una fuerte dependencia del alcohol, probablemente ligada a una carencia en su capacidad de manejar correctamente los problemas de la vida cotidiana.

Por eso, cuando esto sucede, conviene buscar ayuda terpéutica cuanto antes. Para que los daños sean los menores posibles.


Bernardo Ruiz Victoria
Psicólogo Clínco

miércoles, 1 de octubre de 2014

Siempre hay una buena excusa para seguir bebiendo

Hoy viene a una sesión de seguimiento Juan, un paciente que hizo el Programa Victoria hace algo más de un año y que está cada día mejor. A pesar de que tuvo una breve recaída en diciembre pasado, volvió a la abstinencia de inmediato, pidió ayuda, retomó su seguimiento y puso en práctica todo lo aprendido durante la terapia, con lo que a día de hoy está muy bien y su vida ha cambiado.

Cómo el mismo dice, “me va mejor la vida sin alcohol”.

Me cuenta que ha cortado con todas las personas “tóxicas” que había en su vida. Todos aquellos que habían sido compañeros de bebida y también otras personas que le generaban situaciones de tensión emocional. Ahora practica yoga, trabaja de nuevo con eficacia en su negocio, se ocupa debidamente de sus hijos y se siente mejor.

Hace unos días pasó un rato con un amigo suyo el cual se tomó seis cubatas mientras Juan se tomaba dos tazas de te. El amigo le comentaba – te veo muy bien, Juan – pero se justificaba a si mismo diciendo que tiene que seguir bebiendo porque es la forma de tener relaciones con sus clientes.

Juan se reía al contármelo, al darse cuenta de que es una excusa barata que él mismo se había estado aplicando muchas veces. Durante años. Bebo porque es parte de mi vida social y profesional – se decía a si mismo.

La realidad es que desde que no bebe tiene más clientes que antes, atiende mejor su trabajo, ha racionalizado sus gastos y puesto orden a su economía personal y profesional, y no echa de menos el alcohol para nada.

Claro que para llegar a ese convencimiento y esa naturalidad ha necesitado la terapia del Programa Victoria, que es lo que le ha permitido liberarse de su adicción y aprender a vivir sin alcohol. Día tras día, eso si, que el enemigo no descansa. Pero con determinación y constancia, siguiendo las indicaciones terapéuticas y manteniendo fresco en su memoria el recuerdo de su experiencia en la terapia, cada día está mejor.

Juan lamenta que haya tantas personas que siguen bebiendo, y dándose excusas para beber, cuando podrían seguir su mismo camino, entrar en el Programa Victoria y vivir mejor libres de adicciones.

Yo, por mi parte, me lleno de alegría y de satisfacción profesional al ver a personas como Juan que aprenden a vivir sin alcohol.





Bernardo Ruiz Victoria
Psicólogo Clínico

viernes, 26 de septiembre de 2014

Entrevista

Esta semana colgamos un post extra con la intención de ofreceros algo más de información del Programa Victoria y del libro de nuestro psicólogo y director, Bernardo Ruiz, y que se titula "Objetivo Libertad. Hoja de ruta para salir del laberinto del alcohol".

En este vídeo de algo más de diez minutos, Bernardo Ruiz responde a algunas de las preguntas que podéis tener sobre nuestro tratamiento médico y psicológico para dejar la adicción al alcohol: qué daños hace el alcohol en el cuerpo humano, el funcionamiento del Programa Victoria, testimonios de algunos de las personas que han pasado por este tratamiento...

Si tenéis cualquier pregunta, no dudéis en poneros en contacto con nosotros a través de las redes sociales o de nuestra página web.

¡Esperamos que os guste!

https://www.youtube.com/watch?v=whn2u_bKeKs




miércoles, 24 de septiembre de 2014

¿Por qué el Programa Victoria dura solo 10 días?


Esta es una de las preguntas que con más frecuencia tengo que contestar cuando doy información sobre el Programa Victoria a una persona interesada.
A muchos les resulta sorprendente cuando comparan con otros métodos que prolongan su tratamiento en régimen interno durante meses o incluso años, y se preguntan cómo es posible que nosotros obtengamos buenos resultados terapéuticos con una terapia tan breve.
Una de las cosas principales es que el Programa Victoria está estructurado como si de un “curso” se tratara, es decir:
  • En otros lugares hay pacientes entrando y saliendo constantemente del centro. Al empezar y terminar todos a la vez podemos avanzar de una forma ordenada y sistemática en los contenidos terapéuticos sin tener que repetir una y otra vez las mismas sesiones ante la presencia de nuevos pacientes.
  • Todos los pacientes empiezan y terminan a la vez.
  • El grupo es muy reducido
  • Tratamos a un máximo de ocho pacientes en cada ocasión, con lo que es posible tener un trato y una atención muy personalizada e individualizada con cada uno de ellos.
  • El programa terapéutico abarca todo el día.
  • Por todo esto el Programa Victoria funciona en el breve tiempo de diez días intensivos de terapia, en los cuales los pacientes residen en un hotel alejado de los entornos urbanos y retirados de la presión de su trabajo, de su vida familiar, de sus amistades y de todas las fuentes de estrés de su vida cotidiana, que son los principales desencadenantes de su problema con el alcohol.
Los terapeutas están trabajando con los pacientes a lo largo de todo el día, ya sea en sesiones de terapia “formal”, es decir con contenidos estructurados, como de terapia “informal”, por ejemplo durante las comidas, durante los pequeños recesos que hay entre una y otra sesión formal y en los ratos en que los pacientes tienen que hacer sus propias tareas terapéuticas individuales (lecturas, etc.) Como decía el gran Francisco de Quevedo, lo breve, si bueno, dos veces bueno.

Bernardo Ruiz Victoria Psicólogo Clínico

lunes, 12 de mayo de 2014

Intervención familiar

Hace unos días recibí en mi consulta por primera vez a Pablo. 

Su decisión ha venido motivada por el trabajo que previamente hemos hecho con su entorno familiar, en concreto con su esposa y con una de sus hijas, con las que he tenido varias sesiones preparatorias, las cuales han propiciado un cambio de actitud y de comportamiento, primero en ellas mismas, después en el resto de la familia y, por fin, en el propio paciente.

Las familias sufren mucho al sentirse impotentes ante el problema de la persona adicta que no quiere cambiar. También es frecuente que se sientan culpables de la adicción del otro y de que no sean capaces de hacerle cambiar.

En cambio, con unas orientaciones adecuadas, con un poco de paciencia y de constancia, se puede romper el muro de la negación y ayudar al paciente a iniciar el camino de su recuperación.

Pablo no ha hecho más que empezar. Pero el primer paso es siempre el más difícil y el más importante.

Confiemos en que a partir de ahora todo el sufrimiento que ha pasado esta familia se transforme en alegría y gozo por la liberación de esta esclavitud.


Bernardo Ruiz Victoria
Psicólogo Clínico

jueves, 24 de abril de 2014

¿Fácil o difícil?

En estas últimas semanas he atendido a varios pacientes que han acudido a nosotros agobiados y preocupados por su problema de adicción al alcohol y por las graves consecuencias que estaba trayendo a sus vidas su comportamiento adictivo, y me han hecho pensar sobre una paradoja que se da con mucha frecuencia en estos casos.

Existe una creencia generalizada de que superar una adicción es algo muy difícil. Algo que supone un gran esfuerzo personal y que es un camino jalonado de fracasos y recaídas.

También existe la creencia de que vivir sin alcohol está lleno de inconvenientes, ya que vivimos en una sociedad que nos ofrece bebidas alcohólicas en todo tipo de eventos y situaciones sociales, y que por eso, ser abstemio es una especie de automarginación social, vamos que uno se convertiría en un bicho raro señalado por todo el mundo si decide dejar de beber.

En cambio, hay muchos casos en los que el cambio resulta sorprendentemente fácil para el propio sujeto. Y esto es lo que he observado en los dos pacientes que me han inspirado para escribir esta entrada del blog.

Uno de ellos es camarero, rodeado de alcohol por todas partes, acostumbrado a beber con sus propios clientes, y de seguir después del trabajo con los compañeros, lo cual le llevaba además a la ludopatía, con graves consecuencias económicas para él y su familia.

El otro es un joven ejecutivo de una empresa familiar. También rodeado de alcohol por todas partes, porque ya sabemos que, según cree mucha gente, los negocios en España se cierran en los bares.

En ambos casos estaban muy asustados pensando que iba a resultarles extremadamente difícil decir que no a la presión social y seguir haciendo su vida sin beber. Y en cambio, han conseguido dejarlo sin esfuerzo, y empiezan a sentirse mucho mejor. Además empiezan a darse cuenta de los beneficios de todo tipo que están recibiendo desde que han dejado el alcohol.

Naturalmente, están en el principio de su proceso terapéutico y aún van a necesitar mucho apoyo y mucho tiempo para consolidar sus nuevas actitudes y convertirlas en hábitos sólidos y estables. Pero lo que hoy me mueve a la reflexión la observación de que muchas veces es más fácil de lo que supuestamente cabría esperar dejar el alcohol y empezar a vivir de nuevo. Y que no es necesario pasar por un calvario de síntomas de abstinencia ni por situaciones de rechazo social, sino todo lo contrario.

Por supuesto que la terapia es fundamental, y que ninguno de estos cambios se hubieran iniciado sin la ayuda terapéutica, que seguirá siendo necesaria durante un tiempo, pero ahí queda la reflexión. Dejar de beber puede ser mucho más fácil de lo que nos tememos, y se puede empezar a disfrutar de la vida sin alcohol de un modo inmediato.


Bernardo Ruiz Victoria
Psicólogo Clínico

jueves, 6 de marzo de 2014

El alcohol y otros males

Es frecuente que aparezcan en la consulta pacientes que, además de tener un problema con el alcohol, presentan síntomas de depresión, o de ansiedad, o problemas de pareja, etc. 

En tales casos suelen pensar que su problema real no es el alcohol, sino que son los otros problemas los que les llevan de una forma u otra a seguir bebiendo, y que lo que necesitan es solucionar tal o cual problema para así poder dejar de beber, o al menos dejar de tener problemas con el alcohol.

Este planteamiento es una falacia que solo conduce a que el problema de la adicción siga aumentando, y que tampoco se solucione ninguno de los demás problemas que pueda estar padeciendo la persona afectada.

La mayor parte de las veces es muy difícil discernir cuál de los problemas es origen y cuál de ellos es consecuencia. Causa y efecto, en estos casos, están tan íntimamente intrincados que no hay forma de saber si uno bebe porque tiene problemas, o si tiene tales problemas porque bebe.

En cualquier caso, lo que es absolutamente claro es que el primer problema que hay que tratar y que hay que solucionar es el de la adicción. Hasta que no desaparezca el consumo de alcohol no podremos ver con claridad si realmente hay una depresión, por ejemplo, o si los síntomas depresivos no son sino una de las consecuencias que el abuso de alcohol ha causado en el paciente.

Y lo mismo es cierto para problemas de ansiedad, insomnio, disfunciones de pareja, etc. Primero hay que tratar la adicción al alcohol, y después, si fuera necesario, lo demás.

Por otra parte, en una terapia de deshabituación del alcohol, como por ejemplo el Programa Victoria, el paciente trabaja sobre una serie de aspectos psicológicos que la mayor parte de las veces actúan de una forma terapéutica no solo para el problema de la adicción, sino para el bienestar y equilibrio personal en general, con lo que es muy frecuente que desaparezcan totalmente los problemas que había asociados de un modo u otro al consumo de alcohol.

Por lo tanto, si tienes problemas, y además bebes alcohol, no olvides que el alcohol es el primer asunto que hay que solucionar.


Bernardo Ruiz Victoria
Psicólogo Clínico

jueves, 13 de febrero de 2014

Evasión o Victoria

Tomo prestado el título de esta famosa película que narra la evasión de unos prisioneros de guerra durante la II Guerra Mundial para ilustrar el tema que hoy quiero tratar.

Detrás del consumo adictivo de alcohol, y de otras drogas, suele haber un componente de “evasión”. Uno busca reducir el sufrimiento que le producen determinadas circunstancias de su vida mediante el efecto anestesiante que tiene el alcohol. De ese modo parece que los problemas se resuelven, o al menos dejan de estar presentes durante un rato.

Es lo que la tradición de la lengua española llama “ahogar las penas en alcohol” o “beber para olvidar” o tantos otros refranes y frases hechas que hacen referencia a lo mismo. Uno bebe para sacudirse de encima el dolor que siente.

El problema es que el método no funciona. Las penas salen de nuevo a la superficie después de sumergirlas en un baño etílico, y además suelen volver reforzadas y aumentadas, por ejemplo con una buena resaca, o con una nueva acción que lamentar (un accidente, una discusión, una multa de tráfico, un descuido en el trabajo, etc.), con lo que la “evasión” no ha sido al final sino dar una vuelta en círculo para llegar al mismo sitio, pero en peores condiciones.

Lo que hay que buscar es un método que conduzca a la Victoria. En lugar de evadirse de los problemas es mejor afrontarlos, aprender a manejar los estados de ánimo negativos que son la causa de tanto sufrimiento emocional, aprender a superar las situaciones que nos generan ansiedad, temor, inseguridad, falta de autoestima o cualquier otra cosa que sea lo que en el fondo acaba desencadenando esos sentimientos de los que nos queremos “evadir” anestesiando nuestros sentidos con el alcohol o las drogas.

Y para esa Victoria muchas veces es necesario invertir tiempo, paciencia, constancia, y casi siempre es necesaria también la ayuda profesional de un psicólogo experto que nos enseñe a encontrar el camino de la verdadera liberación.

Como los protagonistas de la película citada, necesitamos motivación, constancia, determinación, valentía y entrenamiento para lograr la Victoria. Solo entonces estaremos de verdad evadidos de la prisión de la adicción, es decir, victoriosos y liberados. 


Bernardo Ruiz Victoria
Psicólogo Clínico

jueves, 16 de enero de 2014

Las trampas de la mente adictiva

Viene a verme a la consulta Javier, 40 años, ex adicto a la cocaína. Actualmente lleva ocho años sin consumir, tras un tratamiento en una Comunidad Terapéutica. Regenta un negocio propio y le va bien económicamente.

Pero hablando de una cosa y otra me cuenta que de vez en cuando consume lo que él llama “drogas recreativas”. Se refiere a drogas sintéticas, o a ketamina, las cuales consume esporádicamente cuando sale de fiesta con sus amigos, o cuando sale solo en busca de pareja.

Me quiere convencer de que no tiene nada que ver con sus consumos anteriores y que no hay ningún peligro, porque los efectos son diferentes y porque esto “lo controla”.

Se justifica en el hecho de que es muy tímido y que estas drogas le ayudan a abrirse socialmente y facilitan sus relaciones.

Precisamente por eso, le digo, está cayendo en la trampa de la mente adictiva. Si recurres a una substancia química para modificar tu estado de ánimo, en este caso para superar tu timidez, en realidad estás consiguiendo el efecto contrario. Nunca dejarás de ser tímido si tu única manera de vencer la inseguridad y el retraimiento social es ponerte artificialmente bajo los efectos de una substancia adictiva que te cambia la percepción de la realidad.

Da igual que sea una droga diferente de las que anteriormente utilizabas. Lo que importa es que sigue siendo una conducta tramposa. En lugar de afrontar directa y abiertamente el problema que te preocupa, en este caso la falta de habilidades sociales, recurres al “doping” para transformar tu estado de ánimo. Pero de esta manera nunca vas a aprender a superar tus miedos en inseguridades, sino más bien todo lo contrario, serás cada vez más tímido y más dependiente de las substancias que utilices para cambiar tu estado mental.
Este es un ejemplo claro de cómo actúa la mente adictiva. Siempre tratando de engañarnos y de llevarnos de vuelta al consumo de substancias que nos devuelvan al círculo vicioso de antes.

No olvidemos que la adicción, una vez creada, se mantiene de una forma u otra en el cerebro del adicto. Podemos neutralizarla siempre que no consumamos de nuevo las substancias que la originaron, pero tampoco podemos autoengañarnos pensando que otras drogas van a darnos ciertos “beneficios” sin volver a activar de nuevo la conducta adictiva y todos los problemas que la acompañan.

Es más sensato, más inteligente y mucho más seguro vivir libre de adicciones. Y si tienes algún problema psicológico, o médico, o de cualquier otro tipo, recurre a los profesionales que te pueden ayudar a superarlos de verdad, y no a la falsa solución mágica que las drogas prometen, pero que nunca cumplen.


Bernardo Ruiz Victoria
Psicólogo Clínico

jueves, 28 de noviembre de 2013

Las mil y una excusas

Cuando uno tiene problemas de adicción no le faltan excusas y justificaciones, más o menos baratas, para beber.

Es que he tenido un problema con mi ex, me cuenta uno de mis pacientes. Se ha dado cuenta de que le he estado mintiendo mucho tiempo y se ha molestado conmigo. Lleva varios días sin hablarme. ¡Con lo bien que estábamos la semana pasada!Así que me he sentido muy mal, me he hundido y he vuelto a beber. Claro que la culpa también es de mi hermano, que también tiene problemas con el alcohol y fue él quién compró la bebida y la trajo a mi casa. ¿Qué le iba a hacer yo? 

Visto así, parece que uno no tiene ninguna responsabilidad, ni tampoco ninguna alternativa. Uno es simplemente víctima de sus circunstancias, como una hoja que el viento lleva de un lado para otro.

El adicto se siente más cómodo con esa sensación de víctima. Yo no soy responsable de nada, qué podría yo hacer. Y así nos justificamos maravillosamente para seguir bebiendo y cometiendo los mismos errores, como si no fuéramos nosotros mismos lo que tomamos nuestras propias decisiones.

Decir que no siempre es una alternativa. No digo que sea fácil, ni siquiera que sea lo más fácil. En ocasiones es difícil y complicado sobreponerse a la tentación de dejarse llevar por la fugaz satisfacción inmediata de ese momento, que luego se transforma en culpabilidad, sufrimiento y lamentos. Por eso es mejor echarle la culpa a otro y no asumir que mis decisiones las tomo yo, y que en mi mano está cambiar.

Se acabaron las excusas. Hoy quiero seguir sin beber. Me siento mejor sin beber. Este es mi deseo y mi decisión. Y así sera.

Probemos a hacerlo de esta manera, y veremos como las cosas van mejor. Quizá tarden un poco más de lo que nos gustaría en mejorar, pero lo harán.


Bernardo Ruiz Victoria
Psicólogo Clínico

viernes, 22 de noviembre de 2013

Cuando un hombre ama a una mujer

Uno de mis pacientes de esta semana me ha contado un problema que le está empezando a preocupar desde que ha vuelto, sin beber alcohol, de su terapia en el Programa Victoria. Resulta que, pasados los primeros días de alegría familiar por su vuelta a casa, y por los cambios evidentes de su aspecto físico y de su actitud, empiezan a surgir problemas domésticos en cuanto al trato con sus hijos y con su esposa.

El asunto es que nuestro hombre, vamos a llamarle Paco para abreviar, se había pasado los últimos años metido cada vez más en una nube etílica que le tenía fuera de juego en todos los sentidos. Apenas se ocupaba de labores domésticas, ni de sus hijos, ni opinaba sobre la vida familiar, ni su opinión era tenida en cuenta si es que la daba.

Ahora, al recuperar la sobriedad, empieza a tener opiniones y actitudes que no siempre son bien recibidas por los demás. Por ejemplo, para los hijos es más cómodo tener un padre que les consiente todo, porque él mismo no está en condiciones de actuar de otra manera, que escuchar las reprimendas, las negativas, o las reconvenciones de un padre que actúa como tal y quiere educar a sus hijos como Dios manda.

También en el caso de su esposa está habiendo dificultades porque ella se había acostumbrado a organizar todo sin contar con él y ahora que él ha vuelto a la vida tiene su opinión, que a veces no coincide.

Dejar de beber es imprescindible para sanar una vida dañada por la adicción, pero solamente es el primer paso. Hay que tener paciencia, constancia y perseverancia para continuar en sobriedad y afrontar los problemas que puedan surgir, del estilo que estoy comentando o del que sea.

Hay una película que refleja muy bien este tema. "Cuando un hombre ama a una mujer", en la que la protagonista se ve sumida en problemas graves después de dejar el alcohol, similares a los que he relatado de Paco. Mi recomendación para verla con tranquilidad y aprender de ella. Además tiene una banda sonora preciosa y unas interpretaciones excelentes de Meg Ryan y Andy García.


Bernardo Ruiz Victoria
Psicólogo Clínico

miércoles, 30 de octubre de 2013

Caídas, recaídas y requetecaídas

Lo que a un terapeuta en adicciones le gustaría ver, siempre y en todos sus pacientes, es un éxito terapéutico a la primera, y de una vez por todas.

Nos gusta ver el cambio de actitud de la persona que se siente libre de su adicción, que empieza a disfrutar de la vida sin alcohol, y que mantiene ese cambio de forma estable a lo largo de su vida.

Yo tengo muchos pacientes con los que sigo manteniendo contacto desde hace muchos años, algunos casi trienta, y es una enorme satisfacción personal y profesional saber que están bien, que siguen sin beber y que han aprendido a vivir libres de la esclavitud a la que les tenía sometidos sus adicciones, ya sea al alcohol o a otras substancias.

Pero hoy quiero hablar de otros casos que, lamentablemente, también existen.

Hay personas que al cabo de un tiempo de abstinencia, y de hacer las cosas bien, se olvidan de lo que han aprendido en la terapia y poco a poco empiezan lo que llamamos en el Programa Victoria a "incubar" una recaída.

Al sentirse mejor, olvidan que su mejoría se debe precisamente a que han dejado el alcohol, y caen en la trampa de pensar que podrían beber un poco, en una ocasión especial, sin que las cosas se les vayan de las manos. Como hacen las personas "normales", piensan algunos.

Mal asunto. Una vez que se abre la puerta y se rompe la abstiencia lo más probable es que se repita la conducta, es decir, que se vuelva a beber. Y un día determinado, puede ser el primero o tras varios meses de consumos "controlados", empiezan de nuevo todos los problemas.

La adicción retoma de nuevo el control de la vida del paciente y las cosas vuelven a estar tan mal, o peor, como estuvieron en el momento en que se decidió pedir ayuda terapéutica.

A partir de ahí algunos pacientes vuelven a pedir ayuda. Ahora mismo estoy escribiendo sobre esto porque tengo a varios en este estado. Coinciden todos ellos en ser personas de inteligencia elevada, bien formadas, con una situación profesional que despertaría la envidia en muchos, y en cambio, han repetido el Programa Victoria varias veces, porque seguían recayendo.

Es de valorar el hecho de volver a pedir ayuda, y de confiar de nuevo en nuestra terapia, ya que siguen considerando que les resulta útil, a pesar de las recaídas. Y es de valorar la capacidad de superación que representa el volver una y otra vez a terapia, a pesar de que teóricamente "se lo saben ya todo".

Para mi sigue siendo un misterio cómo se producen las recaídas cuando analizas casos concretos. Personas que, sobre el papel tienen todos los elementos necesarios para seguir bien y en abstinencia, que inexplicablemnte se olvidan de todo un día y beben.

Por eso la sobriedad es un trabajo que hay que realizar día a día. El enemigo no descansa, y a la menor oportunidad que le permitamos, enseña sus armas. Pero estando atentos, y manteniendo los hábitos saludables que se aprenden en la terapia se puede vivir libre de adicciones para siempre.


Bernardo Ruiz Victoria
Psicólogo Clínico

Twitter: @vivirsinalcohol

martes, 15 de octubre de 2013

La intención es lo que cuenta

Uno de mis pacientes, que lleva ya casi tres meses sin beber tras su paso por el Programa Victoria, me cuenta que hace unos días pidió un “tinto de verano” sin alcohol y le resultó muy agradable. Al terminar de tomárselo, vio en la etiqueta que contiene un 1% de alcohol y empezó a tener dudas de si había hecho bien o no y de si eso podría considerarse como una recaída.

Lo que ha hecho mejor este paciente es venir a contármelo, porque lo peor en estos casos es dejar que se incube el pensamiento de que “he bebido un poco de alcohol y no me ha pasado nada, no me ha llevado a seguir bebiendo, no me lo ha notado nadie, etc.”

Esa forma de pensar, típica de la mente adictiva, es la que podría llegar a convertirse en el desencadenante de una recaída en toda regla.

En casos como este lo importante es la intención del sujeto a la hora de elegir esa bebida. Si lo que pretendía era tomar una bebida sin alcohol no hay ningún problema por el hecho de que químicamente hubiera una ínfima cantidad de etanol en ese líquido. En nuestro cuerpo se produce etanol todos los días como resultado de la digestión de las comidas, y ese alcohol no genera el deseo de beber en nadie ni desencadena recaídas.

Pero si el caso fuera al contrario, si el sujeto hubiera pedido ese “tinto de verano” sabiendo que contiene alcohol y pretendiendo jugar con su propia adicción, entonces si que estaría en peligro de recaída, no por el efecto químico del alcohol en su cerebro, que sería insignificante en todo caso, sino por el efecto psicológico de haber tomado la decisión consciente de tomar una bebida con alcohol y posteriormente autojustificarse la conducta pensando “no ha pasado nada”.

Este comportamiento, y esa forma de pensar, son los que acaban incubando la recaída y antes o después se suele producir el descontrol.

Más peligroso que el efecto químico del alcohol en el cuerpo es el efecto psicológico de creerse capaz de evitar que la adicción se vuelva a poner en marcha. La intención es lo que cuenta, sobre todo.

En definitiva, es mucho peor tomar una cerveza sin alcohol que te haya servido un camarero que quiere ayudarte a no recaer, a pesar de que hayas pedido una normal, que tomar una cerveza, habiendo pedido una sin alcohol, porque el camarero se ha confundido.


Bernardo Ruiz Victoria
Psicólogo Clínico

jueves, 1 de agosto de 2013

Optimismo

En estos días he estado trabajando con un nuevo grupo de pacientes haciendo el Programa Victoria, y al ver con ellos algunos documentales que utilizamos como material terapéutico hemos reflexionado sobre un tema que resulta recurrente en muchos de ellos.

Resulta que hay personas que han estado en tratamientos prolongados, tal vez de varios meses de duración, y que a la hora de reincorporarse a la vida cotidiana lo hacen llenos de miedo y de inseguridad. También se ve a terapeutas que dudan de la capacidad de mantenerse en abstinencia los pacientes que están tratando.

Es sorprendente la visión tan pesimista que se transmite muchas veces acerca de los tratamientos para la adicción, y para el alcoholismo en particular. Se presentan las recaídas como algo inevitable y se induce a los pacientes a estar siempre atemorizados y recordando su pasado para seguir sin beber.

En el Programa Victoria tenemos una actitud muy diferente. Nuestros pacientes, tras diez días de terapia, salen cargados de optimismo y de confianza en su capacidad de mantenerse libres de adicción. Y los terapeutas que lo llevamos a cabo estamos convencidos de que es posible, y es fácil, salir de la adicción.

Si no creemos en nosotros mismos y en las terapias que aplicamos, mal podemos ayudar a nuestros pacientes a salir adelante. Por eso considero fundamental transmitir confianza y optimismo, para ayudarlos a sentirse, y ser, capaces de evitar las recaídas y llevar una vida equilibrada y libre de adicciones.


Bernardo Ruiz Victoria
Psicólogo Clínico

jueves, 25 de julio de 2013

La ley de la gravedad

Hay leyes de la naturaleza que no podemos cambiar, están ahí queramos o no, podemos aceptarlas o ignorarlas, pero no podemos sustraernos a sus efectos.

Por ejemplo la ley de la gravedad. Si yo sostengo un objeto en mi mano y lo suelto, el objeto caerá irremediablemente hasta el suelo. Y si lo recojo de nuevo y lo vuelto a soltar, volverá a caer. Una y otra vez, invariablemente. La ley de la gravedad es la explicación. La atracción que la masa del planeta Tierra ejerce sobre el objeto hace que caiga. No hay alternativa.

Si yo sujeto el objeto con una cuerda desde el techo puedo evitar que caiga, pero en el momento en que corte la cuerda volverá a caer. No podemos evitar el efecto de la gravedad. Así es la vida.

Para un adicto existe también una variante de la ley de la gravedad que es igual de cierta y segura, aunque muchas veces queramos ignorarla o desconocerla.

Si una persona adicta se mantiene abstinente, si no consume, es como cuando tenemos el objeto atado al techo con la cuerda. No se caerá. Pero en el momento en que se vuelva a repetir la conducta adictiva, si se vuelve a consumir, la adicción volverá a actuar y a llevar al sujeto a reproducir los mismos comportamientos y a tener los mismos problemas, si no peores.

Aunque pase mucho tiempo uno sin consumir, no por ello desaparece la "ley de la gravedad" del adicto. Es como el objeto que tenemos atado. Aunque esté sujeto muchos años, el día que lo soltemos se caerá.

Cuesta mucho aceptar esto, porque parece que nuestra tendencia a creernos capaces de cualquier cosa nos lleva a ponernos en peligro de nuevo y a olvidar que la adicción sigue ahí, en lo profundo del cerebro, y que se puede reactivar en cualquier momento.

Es tarea de los terapeutas enseñar a nuestros pacientes a comprender esto, interiorizarlo y así, poder liberarse de la adicción y vivir sin beber, o sin otras drogas, con toda naturalidad y alegría.


Bernardo Ruiz Victoria
Psicólogo Clínico

www.programavictoria.com

jueves, 11 de julio de 2013

Decisiones

Para superar una adicción lo primero que hay que hacer es tomar una decisión: dejar de consumir.

Parece simple, pero tiene sus complicaciones.

Además, la única persona que tiene derecho de voto en ese asunto es quién sufre la adicción en sus propias carnes. Los demás, ya seamos terapeutas, familiares, jefes o autoridades, lo único que podemos hacer es animar, presionar, aconsejar, influir, opinar..., pero solo la propia persona adicta puede tomar esa decisión.

Para los que lo ven desde fuera parece una decisión sencilla. Simplemente dejas de beber, o de tomar lo que sea, y punto. Pero para el propio adicto muchas veces es tan complicado como pedirle a una persona con una fuerte gripe que deje de toser. Es la propia enfermedad lo que limita la capacidad de decisión del sujeto, la que mina su propia libertad de actuación, y eso es lo que cuesta entender, muchas veces, por todos los demás, y hasta por la propia persona afectada.

En cambio, también es cierto que puede ser mucho más fácil de lo que parece.

Cuando llevas ya unos cuantos años tratando a personas adictas, como es mi caso, te das cuenta de que hay quien es capaz de dejar de beber, o de tomar otras drogas, de un día para otro, sin un gran esfuerzo y además con una sensación de liberación y bienestar.

Pero también es cierto que hay personas a las que les cuesta muchísmo dejarlo y que necesitan estar en un entorno controlado, lejos de su vida cotidiana y a veces también ayuda farmacológica para detener su consumo y evitar los desagradables síntomas de la abstinencia que aparecen en algunos casos.

Incluso la misma persona puede vivir las dos situaciones en diferentes momentos de su vida. Recuerdo casos de personas que han podido parar de beber una vez sin ningún efecto adverso y que varios años después, tras una recaída, han sido incapaces de parar sin una ayuda y un control externo.

Pero la decisión de dejar de consumir es solo el primer paso.

A partir de ahí hay que hacer un profundo análisis de la propia conducta adictiva para comprender bien a qué responde y cómo desactivarla, y para eso es necesario tomar otra decisión importante: hacer una terapia adecuada. De lo contrario, lo más probable es que antes o después la situación vuelva a escapársele de las manos al paciente, vuelva el consumo adictivo y vuelvan los problemas. Corregidos y aumentados.


Bernardo Ruiz Victoria
Psicólogo Clínico

miércoles, 26 de junio de 2013

Mañana lo dejo

Los adictos siempre tienen buenas "razones" para justificarse a si mismos y seguir con su comportamiento autodestructivo.

Cuando las cosas se ponen feas, por uno u otro motivo, se hacen a si mismos la promesa solemne: "mañana lo dejo". A veces incluso se lo cuentan a otros. Me viene a la memoria ahora una escena de la película "Buscando a Amanda" en la que el protagonista, un adicto empedernido al juego, al alcohol y a todo lo que se le ponga por delante, dice a una camarera en un casino de Las Vegas: - tráigame dos copas porque a continuación voy a dejar de beber -. (Lo que sucede a continuación lo dejo en suspenso para animar a ver la película).

El caso es que uno lo va dejando para mañana, pero ese mañana nunca llega.

Hasta que un día pasa algo lo suficientemente grave como para tomar una determinación por fin. La semana pasada, por ejemplo, me vino a la consulta un paciente que lleva muchos años ya de carrera alcohólica. Y que ha dicho muchas veces "mañana lo dejo", pero que ha tenido que llegar el día en que ha tenido un accidente de tráfico, una pelea con la policía, un juicio, y una condena a 18 meses de prisión, que por suerte no va a cumplir en la cárcel sino en libertad condicional, para aceptar el hecho de que tiene un problema adictivo y de que necesita ayuda.

Y todo ello a pesar de que su propio padre, y un hermano más joven hace años ya que acudieron a nosotros por los mismos problemas y llevan una vida libre de adicciones desde entonces.

Aún así, su "mañana lo dejo" ha sido tan fuerte que ha tenido que estrellarse contra la pared para reaccionar.

Esperemos que ahora aprenda la lección, siga el tratamiento y empiece a vivir con la alegría de la libertad.


Bernardo Ruiz Victoria
Psicólogo Clínico