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lunes, 16 de noviembre de 2015

El día después

Ayer 15 de noviembre se celebró en España el Día sin Alcohol.

Bueno, en realidad lo celebraron unas pocas personas sensibilizadas por el problema del alcoholismo y del abuso de alcohol, como son las Asociaciones de Alcohólicos Rehabilitados y similares, porque la mayoría de medios de comunicación lo ignoraron ampliamente, como suele ser habitual.

Un día sin alcohol es algo trivial e irrelevante para la mayoría. Si una persona no tiene un consumo problemático de alcohol no le da importancia al hecho de pasar un día en concreto sin beber, pero cuando existe la adicción, un día de abstinencia puede ser un logro muy destacable en la vida de una persona. Y no digamos una semana o un mes.

Hoy estamos en el día después. Imaginemos que una persona tomó conciencia ayer, por primera vez, de que su consumo de alcohol podría estar convirtiéndose en algo patológico.

Esta persona se vio reflejada un poco en algún testimonio que leyó o escuchó en las redes sociales, o se identificó con alguno de los síntomas de la conducta adictiva o del abuso del alcohol que se pueden encontrar en muchas páginas de internet.

Entonces decidió pasar un día sin beber, y lo consiguió. ¿Y ahora qué?

Lo más frecuente es que nuestro personaje imaginario llegue a la conclusión de que, ya que ha sido capaz de pasar un día sin beber, lo suyo no es un grave problema de alcoholismo, y por lo tanto, él - o ella - puede beber hoy otra vez, porque “no soyalcohólico”.

Puede estar cometiendo un grave error que a lo único que conduzca es a que su adicción siga creciendo, su consumo de alcohol se siga desordenando y el año próximo, cuando llegue el 15 de noviembre, se haya convertido ya en aquéllo que hoy le cuesta tanto aceptar: una persona dependiente del alcohol que no es capaz de llevar una vida equilibrada y libre de adicciones.

El alcoholismo, como otras adicciones, es una enfermedad compleja y engañosa. Para superarla hace falta ponerse en manos de especialistas, médicos y psicólogos que entiendan bien los mecanismos de la adicción y que puedan ayudar a nuestro amigo imaginario a salir del laberinto de su propio autoengaño y enseñarle a vivir sin alcohol y sin otras dependencias.

Mi más sincero homenaje a todas las Asociaciones que luchan de una u otra forma para concienciar a la sociedad sobre los problemas relacionados con el alcohol y a motivar a las personas afectadas a ponerse en tratamiento y sanar su adicción.

Manifiesto también mi disgusto por el poco interés que los poderes públicos se toman a la hora de abordar una patología que es una de las principales causas de muerte y de sufrimiento en la sociedad, y que sigue siendo tratada como una enfermedad de segunda en la que parece que el paciente es el culpable. No hay recursos públicos serios y suficientes para tratar el alcoholismo y otras adicciones en España, y me temo que faltan muchos años para que los llegue a haber algún día.

Y ánimo a nuestro amigo imaginario, y a todos los que se encuentran en su situación, porque el problema del alcohol tiene solución cuando se trata de una forma adecuada y todo ese sufrimiento que está padeciendo, y causando a los que le rodean,  puede transformarse en alegría de vivir libre de adicciones.

Bernardo Ruiz Victoria
Psicólogo Clínico

jueves, 14 de noviembre de 2013

Día sin Alcohol

Un año más llega el momento de reflexionar sobre el consumo de alcohol en nuestra sociedad. El Día sin Alcohol se ha creado con la idea de hacer una pausa en la vida cotidiana y planearnos por un momento cómo es nuestra relación con el alcohol, y con los problemas que su consumo inmoderado causa en la sociedad.

Nos encontramos ante una substancia adictiva, responsable de innumerables problemas de todo tipo y por todos conocidos. Accidentes de tráfico, problemas de salud, problemas en las relaciones familiares, conductas de violencia, etc. Y al mismo tiempo el alcohol habita en bebidas que consideramos parte casi consubstancial de nuestra vida y nuestra cultura. El vino, la cerveza, y otras bebidas alcohólicas que desde tiempos muy remotos forman parte de nuestras costumbres y tradiciones.

La sociedad tiene el difícil dilema de proponer un delicado equilibrio entre el arraigo cultural y social que tiene el consumo moderado de bebidas alcohólicas y el innegable efecto pernicioso que el abuso de alcohol ocasiona en muchas personas, y por ende, en el
conjunto de la sociedad.

Yo suelo decir a mis pacientes que más peligrosa que la propia bebida es la intención con la que se consume.

Una cerveza, o un vaso de vino, tomado como complemento de una comida, en un momento de vida social y encuentro con familiares o amigos, puede ser totalmente inofensiva. Mejor dicho. Aunque el alcohol que contienen tales bebidas siempre es un tóxico que nuestro cuerpo tiene que eliminar, en cantidades muy moderadas tenemos capacidad de neutralizarlo antes de que produzca unos daños significativos.

También es cierto que si aumenta la cantidad y la frecuencia de consumo, sea cual sea el contexto en el que se realice, podemos pronto superar los límites que nuestro organismo tiene para neutralizar el tóxico y llegar a causarnos daños físicos y de todo tipo en nuestra vida.

Pero lo más peligroso de todo es querer utilizar el alcohol, sea cual sea la bebida en la que lo consumamos, como un elemento que modifique nuestro estado de ánimo. Beber para superar la timidez, para ser más capaz de hablar en público, para desinhibirse, o para dejar de sentir un dolor emocional que la vida nos ha traído, es empezar a construir el camino de la adicción.

Cuántos pasos tiene que dar una persona por ese camino para llegar al punto de no retorno en el que se convierte en adicta al alcohol y empieza a perder su libertad y su capacidad de autocontrol es algo que nadie puede saber a priori. Pero lo que si sabemos es que las personas que no beben alcohol nunca llegan a ser adictas, y que las que lo hacen, a medida que perseveran en el consumo, sobre todo si las cantidades se alejan de la moderación, más van avanzando en un camino sin retorno.

Cuando una persona llega a la adicción, la única solución es aprender a vivir sin alcohol, y la mayoría de las veces, es necesario un tratamiento médico y psicológico para conseguirlo con garantías.

Por eso, lo mejor es vivir el Día sin Alcohol, no sólo hoy, sino todos los días de nuestra vida. O como segunda opción, tener un consumo mínimo, infrecuente y siempre alejado de buscar efectos psicológicos o emocionales en él.


Bernardo Ruiz Victoria
Psicólogo Clínico

miércoles, 14 de noviembre de 2012

Huelga de vasos caidos


Es este día en el que muchas personas están llevando a cabo una huelga general como protesta por una serie de cosas con las que no están de acuerdo, yo quiero proponer otro tipo de huelga para mañana, porque como todos los años, el 15 de noviembre se celebra el llamado Día sin Alcohol.

Yo quiero proponer una huelga de vasos caídos a todas las personas a las que el alcohol no ha causado nunca daño. A todos aquellos que toman un trago de vez en cuando, o lo hacen con moderación.

Porque si llevas a gala el hecho de consumir un poco de alcohol sin padecer consecuencias negativas, bien puedes dejar un día en blanco, aunque solo sea para demostrarte a ti mismo que puedes hacerlo, que no has convertido la costumbre de beber alcohol en una necesidad imperiosa en tu vida, y que puedes disfrutar de tu día sin alcohol con toda naturalidad.

También puedes hacerlo como muestra de solidaridad hacia las personas que han visto que beber alcohol se había convertido en una mala costumbre en su vida y se han propuesto dejarlo atrás. Haz por ellos un brindis de salud y comparte aunque sea por un día su vida de sobriedad.

Pero sobre todo quiero proponer un día más de vasos caídos a todas las personas que en su día tomaron la decisión de dejar el alcohol atrás, porque fueron conscientes de que la adicción se había empezado a apoderar de su vida y de su bienestar y fueron valientes para tomar la decisión correcta y aprender a vivir sin alcohol.

Me dirijo especialmente a todos los que han sido pacientes míos en el Programa Victoria, a los que deseo con toda emoción un feliz día sin alcohol, uno más dentro de una sucesión infinita de ellos que espero vivan con alegría, salud y bienestar.

Y también a todas las personas que a través de otros métodos terapéuticos han optado por una vida de sobriedad.

Un día sin alcohol puede parecer muy poco, pero teniendo en cuenta que el único día del que disponemos en nuestra vida es el de hoy, hacer de él nuestro día sin alcohol es vivir por un día libres de adicciones, vivir plenamente y sin anestesia lo bueno y lo malo que la vida nos ofrezca y hacerlo con total consciencia y responsabilidad.

Y mañana será otro día. Otro hoy, que podrás convertir también en tu día sin alcohol para que siga siendo un día a día saludable, positivo y en libertad.

Felicidades.

Bernardo Ruiz Victoria
Psicólogo Clínico
www.programavictoria.com