El Programa Victoria se desarrolla durante diez días, con un contenido estructurado. Todos los pacientes empiezan a la vez y participan en las sesiones de forma ordenada y sucesiva hasta completar el proceso terapéutico.En todos los años que llevo estudiando y aprendiendo sobre los diferentes métodos terapéuticos para tratar la adicción al alcohol o a otras substancias no he encontrado nunca nada parecido.Todos los centros de desintoxicación o rehabilitación que he conocido tienen pacientes entrando y saliendo continuamente, la duración de la terapia es indeterminada, y los contenidos no están estructurados con una lógica sistemática y ordenada.En una visita a los Estados Unidos, hace ya unos años, me explicaron que la mayoría de los programas terapéuticos tenían una duración de 28 días debido a que era el tiempo de tratamiento que cubrían las compañías de seguros. A mi me pareció muy chocante, y desde luego muy poco científico, aunque se pueda entender hasta cierto punto por razones económicas. Tal vez esas mismas razones son las que llevan a no poner límites temporales a los tratamientos, cada uno sabrá en su casa por qué hace las cosas como las hace.También a los americanos les parecía muy chocante que yo hiciera una terapia en tan solo diez días, y que obtuviera con ella unos resultados terapéuticos mejores que la inmensa mayoría de los centros conocidos.El caso es que en el Programa Victoria entendemos que la terapia es un proceso que se puede estructurar y ordenar de forma sistemática. Por eso hemos sido capaces de lograr que, en un periodo de tiempo mucho más corto que el habitual, nuestros pacientes hagan un cambio profundo en sus actitudes y conocimientos, comprendan los mecanismos psicológicos de la conducta adictiva y aprendan a prevenir las recaídas.Este es otro de los moldes que rompe el Programa Victoria. Diez días de terapia son suficientes, si se aplica el método adecuado. No hace falta mantener durante meses a una persona alejada de su entorno familiar y social, ni que se aleje de su trabajo o negocio por más tiempo. Más de treinta años de experiencia avalan estas afirmaciones, y cientos de pacientes también lo harían si no fuera porque hay que mantener la confidencialidad.Bernardo Ruiz VictoriaPsicólogo Clínico
Blog del Programa Victoria, un innovador tratamiento del alcoholismo que te facilita las claves para aprender a vivir sin adicciones. Aquí se tratan los temas de actualidad sobre el alcohol y las drogas, además de las experiencias vividas por el psicólogo Bernardo Ruiz en sus más de 30 años de experiencia en una clínica de desintoxicación.
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martes, 11 de agosto de 2015
Rompiendo moldes (II)
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miércoles, 22 de octubre de 2014
Yo no soy un alcohólico porque hay muchos días que no bebo
Muchas personas creen que solo hay problemas de alcoholismo cuando la persona bebe a diario, de una forma excesiva y sin capacidad de parar.
No cabe duda de que esa es una forma evidente de adicción, y que hay pacientes que desarrollan su problema de esa manera, pero también es cierto que cada vez hay más casos de personas que pasan temporadas sin consumir alcohol, o que incluso pueden tener días de consumo moderado, pero que periódicamente tienen episodios de descontrol que pueden llegar a tener graves consecuencias para propios y extraños.
La dependencia del alcohol, o de otras drogas, no significa que uno tenga que estar siempre consumiéndolas, sino sobre todo que uno va perdiendo la capacidad de autocotrolar su conducta una vez que ha empezado a consumir.
Es como si el alcohol, o la droga que sea, alterase el funcionamiento normal del cerebro del sujeto y le convirtiera en otra persona, capaz de hacer cosas totalmente ajenas a sus valores y hábitos normales en estado de sobriedad.
Y es que es eso exactamente lo que sucede. En el cerebro del adicto al alcohol se produce una especie de “golpe de estado” cuando empieza a beber que hace que la parte más primitiva e irracional de su mente tome el control y anule la mente lógica y racional que normalmente gobierna nuestras vidas.
Asi se empieza por perder las inhibiciones, y uno llega a creerse que es más sociable o más abierto con los demás, y puede terminar perdiendo los papeles en todos los sentidos, por ejemplo, llegando a su casa más tarde de lo habitual, o simplemente no llegando en toda la noche, descuidando su trabajo, cometiendo imprudencias al conducir, o al frecuentar ambientes ajenos a su vida social habitual, etc. etc.
Si una persona, cada vez que bebe, tiene un serio riesgo de terminar perdiendo los papeles y lamentando lo que ha llegado a hacer, es porque está desarrollando una fuerte dependencia del alcohol, probablemente ligada a una carencia en su capacidad de manejar correctamente los problemas de la vida cotidiana.
Por eso, cuando esto sucede, conviene buscar ayuda terpéutica cuanto antes. Para que los daños sean los menores posibles.
Bernardo Ruiz Victoria
Psicólogo Clínco
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miércoles, 1 de octubre de 2014
Siempre hay una buena excusa para seguir bebiendo
Hoy viene a una sesión de seguimiento Juan, un paciente que hizo el Programa Victoria hace algo más de un año y que está cada día mejor. A pesar de que tuvo una breve recaída en diciembre pasado, volvió a la abstinencia de inmediato, pidió ayuda, retomó su seguimiento y puso en práctica todo lo aprendido durante la terapia, con lo que a día de hoy está muy bien y su vida ha cambiado.
Cómo el mismo dice, “me va mejor la vida sin alcohol”.
Me cuenta que ha cortado con todas las personas “tóxicas” que había en su vida. Todos aquellos que habían sido compañeros de bebida y también otras personas que le generaban situaciones de tensión emocional. Ahora practica yoga, trabaja de nuevo con eficacia en su negocio, se ocupa debidamente de sus hijos y se siente mejor.
Hace unos días pasó un rato con un amigo suyo el cual se tomó seis cubatas mientras Juan se tomaba dos tazas de te. El amigo le comentaba – te veo muy bien, Juan – pero se justificaba a si mismo diciendo que tiene que seguir bebiendo porque es la forma de tener relaciones con sus clientes.
Juan se reía al contármelo, al darse cuenta de que es una excusa barata que él mismo se había estado aplicando muchas veces. Durante años. Bebo porque es parte de mi vida social y profesional – se decía a si mismo.
La realidad es que desde que no bebe tiene más clientes que antes, atiende mejor su trabajo, ha racionalizado sus gastos y puesto orden a su economía personal y profesional, y no echa de menos el alcohol para nada.
Claro que para llegar a ese convencimiento y esa naturalidad ha necesitado la terapia del Programa Victoria, que es lo que le ha permitido liberarse de su adicción y aprender a vivir sin alcohol. Día tras día, eso si, que el enemigo no descansa. Pero con determinación y constancia, siguiendo las indicaciones terapéuticas y manteniendo fresco en su memoria el recuerdo de su experiencia en la terapia, cada día está mejor.
Juan lamenta que haya tantas personas que siguen bebiendo, y dándose excusas para beber, cuando podrían seguir su mismo camino, entrar en el Programa Victoria y vivir mejor libres de adicciones.
Yo, por mi parte, me lleno de alegría y de satisfacción profesional al ver a personas como Juan que aprenden a vivir sin alcohol.
Bernardo Ruiz Victoria
Psicólogo Clínico
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viernes, 26 de septiembre de 2014
Entrevista
Esta semana colgamos un post extra con la intención de ofreceros algo más de información del Programa Victoria y del libro de nuestro psicólogo y director, Bernardo Ruiz, y que se titula "Objetivo Libertad. Hoja de ruta para salir del laberinto del alcohol".
En este vídeo de algo más de diez minutos, Bernardo Ruiz responde a algunas de las preguntas que podéis tener sobre nuestro tratamiento médico y psicológico para dejar la adicción al alcohol: qué daños hace el alcohol en el cuerpo humano, el funcionamiento del Programa Victoria, testimonios de algunos de las personas que han pasado por este tratamiento...
Si tenéis cualquier pregunta, no dudéis en poneros en contacto con nosotros a través de las redes sociales o de nuestra página web.
¡Esperamos que os guste!
https://www.youtube.com/watch?v=whn2u_bKeKs
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miércoles, 24 de septiembre de 2014
¿Por qué el Programa Victoria dura solo 10 días?
Esta es una de las preguntas que con más frecuencia tengo que contestar cuando doy información sobre el Programa Victoria a una persona interesada.
A muchos les resulta sorprendente cuando comparan con otros métodos que prolongan su tratamiento en régimen interno durante meses o incluso años, y se preguntan cómo es posible que nosotros obtengamos buenos resultados terapéuticos con una terapia tan breve.
Una de las cosas principales es que el Programa Victoria está estructurado como si de un “curso” se tratara, es decir:
- En otros lugares hay pacientes entrando y saliendo constantemente del centro. Al empezar y terminar todos a la vez podemos avanzar de una forma ordenada y sistemática en los contenidos terapéuticos sin tener que repetir una y otra vez las mismas sesiones ante la presencia de nuevos pacientes.
- Todos los pacientes empiezan y terminan a la vez.
- El grupo es muy reducido
- Tratamos a un máximo de ocho pacientes en cada ocasión, con lo que es posible tener un trato y una atención muy personalizada e individualizada con cada uno de ellos.
- El programa terapéutico abarca todo el día.
- Por todo esto el Programa Victoria funciona en el breve tiempo de diez días intensivos de terapia, en los cuales los pacientes residen en un hotel alejado de los entornos urbanos y retirados de la presión de su trabajo, de su vida familiar, de sus amistades y de todas las fuentes de estrés de su vida cotidiana, que son los principales desencadenantes de su problema con el alcohol.
Bernardo Ruiz Victoria Psicólogo Clínico
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lunes, 2 de junio de 2014
Hipnosis clínica para dejar de fumar
Una sola sesión de terapia con nuestro psicólogo experto en el tratamiento de las adicciones, Bernardo Ruiz, le permitirá aprender a vivir sin fumar y a liberarse de este adictivo hábito.
Para obtener más información sobre las sesiones, puede ponerse en contacto con el Programa Victoria a través del correo electrónico info@programavictoria.com.
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jueves, 20 de marzo de 2014
Concurso de salvajadas
Hace unos días vi en la televisión una noticia según la cual hay una nueva moda entre algunos jóvenes que consiste en grabarse a si mismos en vídeo bebiendo una sucesión de diferentes bebidas para demostrar cuánto es capaz de aguantar uno, y posteriormente colgarlo en Internet para que todo el mundo pueda admirar la "hazaña".
La peregrina idea ya ha costado la vida a alguno de los participantes en semejante concurso de salvajadas. Parece que hay personas que se motivan con el hecho de hacerse daño a si mismas, y además de hacerlo ostentosamente, presumiendo de ello.
No es que los concursos de ese tipo no hayan existido en otras épocas. Siempre hay el que presume de ser capaz de tumbar a los demás bebiendo más cantidad que cualquier otro, pero hacer esto de una forma privada, en la soledad de una habitación, con el único fin de ser visto en estado de embriaguez parece un comportamiento totalmente fuera de cualquier clase de sensatez.
Cuando yo veo este tipo de noticias siempre pienso que estos muchachos, muchas veces adolescentes, deben tener padres y madres, deben tener también educadores en su escuela, y personas mayores, en general, que tendrían que haberles enseñado ciertas cosas que evidentemente les faltan a las personas que actúan así.
No me atrevo a juzgar a nadie, y mucho menos a los padres que se desesperan con mucha frecuencia al ver en lo que se van convirtiendo sus hijos, pero si creo que es necesario hacer una reflexión individual y colectiva en relación con los valores que estamos transmitiendo a los jóvenes de hoy.
Cuando en el mundo occidental y desarrollado en el que vivimos, vemos jóvenes con tan poca madurez y con tan poco contenido en el cerebro como para hacer tales cosas, creo que podemos concluir que el simple bienestar material no da ninguna garantía de que vayamos a conseguir la felicidad, el equilibrio psicológico y el bienestar personal.
El alcohol siempre es una sustancia peligrosa, pero cuando se hace un uso de él de este tipo estamos ante un comportamiento autodestructivo, probablemente por pura ignorancia, pero también por falta de referentes positivos que motiven a estos muchachos a obtener logros en otros campos de la vida que no sean el de hacerse daño a si mismos.
La noticia estaba ubicada en Gran Bretaña, pero me temo que no tardaremos mucho en tener alguna noticia similar en España.
Espero que cada uno de nosotros seamos capaces, en nuestro entorno, de contribuir a que tales cosas no sigan proliferando.
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jueves, 20 de febrero de 2014
¿Por qué no te decides?
Un día te levantas con una fuerte resaca. Te duele la cabeza, tienes la boca seca, no tienes idea de la hora que es, aunque supones que es tarde. Y te sientes mal.
Al levantarte para ir al baño intentas recordar qué pasó anoche. Y no lo tienes claro. ¿cómo volviste a casa? ¿te acompañó alguien? ¿dónde dejaste el coche? … te asaltan dudas y más dudas, pero de repente una fuerte náusea interrumpe tus pensamientos y te hace darte cuenta de que tienes el estómago contraído y dolorido.
Te ves la cara en el espejo y no te reconoces. Te echas un poco de agua para ver si mejora tu aspecto, pero nada. Aún peor. Ves con más claridad tus ojos vidriosos, sin brillo, tu piel con un color mortecino. Y piensas … ¿me habrá visto así alguien? ¿se habrá dado cuenta mi familia de cómo estoy?
Tu cabeza empieza a trabajar rápidamente buscando excusas, justificaciones y explicaciones que puedan dar algún sentido presentable a tu estado. Pero lo peor es que no recuerdas bien lo que hiciste anoche. ¿y si conté algo al llegar a casa que ahora no recuerdo? ¿y si me contradigo ahora contando otra historia?
Y la ansiedad empieza a apoderarse de ti. Te dan ganas de meterte en la cama de nuevo y esperar que pase la tormenta. O mejor aún, te dan ganas de tomar una cerveza para calmar esos nervios que te están matando. Ya sabes que si lo haces te sentirás mejor y se acabará esa horrible resaca que tienes. Pero también piensas que vaya imagen de borracho vas a dar si lo primero que haces, antes de dar los buenos días, es ir a la nevera y abrirte una cerveza.
Pero no puedes permitir que te vean en este estado. ¿o ya te habrán visto? No recuerdas nada. Y es una sensación angustiante.
Alguien te dijo ya hace tiempo que tu forma de beber no es normal, que tienes un problema, que se te va de las manos. Y que necesitas ayuda. En algún sitio tienes guardado un teléfono al que te dijeron que llamaras para ponerte en manos de profesionales que te ayuden.
Pero ¿qué me va a decir un médico o un psicólogo que yo no sepa? Beber mucho no es bueno, ya lo sabemos. Pero yo lo controlo. Que hoy me haya pasado un poco no significa nada.
…
Y así, suma y sigue, hasta que un día las cosas se ponen imposibles y te propones cambiar. ¿por qué no te decides hoy mismo?
Bernardo Ruiz Victoria
Psicólogo Clínico
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jueves, 6 de febrero de 2014
Síntomas iniciales
Hace unos días llegó a mi consulta un caso de los que no hay muchos, lamentablemente.
Se trata de un joven varón de 35 años, con una profesión de mucha responsabilidad que ejerce con éxito, soltero, con una pareja con la que lleva unos meses de relación y en un estado de salud general bueno. Hace mucho deporte, se cuida, y lleva una vida que muchas personas envidiarían sanamente.
Pero también es cierto que desde los 15 años bebe alcohol con cierta frecuencia. Es un bebedor social, con los amigos, al salir de fiesta – una cosa normal – me dice.
Las alarmas han empezado a sonarle porque en sus dos o tres últimos episodios de bebida ha tenido problemas con su pareja debido a que al beber se desentendía de ella, dejaba de llamarle y de comportarse con ella como hace cuando está en perfecto estado.
Al analizar con él la situación reconoce que una vez que sobrepasa un cierto límite de unas tres o cuatro cervezas, que es lo que suele beber, algo cambia dentro de él y empieza a beber sin medida y acaba tomando mucho más de lo que le gustaría haber hecho. A la mañana siguiente se siente mal, física y moralmente, se levanta tarde y pasa el día entero con desgana.
Mientras no ha tenido novia, todo esto pasaba desapercibido ya que no era algo llamativo en su círculo de amistades, ni tampoco sus padres, con los que aún vive, pasaron de un leve reproche hacia su comportamiento, sobre todo por levantarse tarde y echar a perder el día festivo con una resaca de campeonato.
Ahora se ha dado cuenta de que su conducta tiene todos los ingredientes de la conducta adictiva y de que, si continúa bebiendo, el problema no hará más que empeorar.
Por el momento ha tomado la decisión de dejarlo, y lleva ya más de un mes de sobriedad y sintiéndose mucho mejor.
La reflexión que me hago es que hay mucha gente que, a pesar de presentar claros síntomas de adicción, incipientes eso si, en su vida, los ignoran y dejan que el proceso continúe avanzando hasta que las consecuencias se hacen lo suficientemente graves como para plantearse que hay que cambiar.
Ojalá mucha más gente se diera cuenta a tiempo y pidiera ayuda terapéutica antes de que la adicción llegue a destruir sus vidas de formas mucho más serias que en el caso que comentamos, y que en esta ocasión espero podamos evitar tales sufrimientos a nuestro paciente y a sus allegados.
Bernardo Ruiz Victoria
Psicólogo Clínico
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miércoles, 2 de octubre de 2013
Perseverar en la sobriedad
Cuando una persona se
plantea seriamente dejar de beber, y sobre todo si recibe la ayuda terapéutica
de un tratamiento especializado como el Programa Victoria, suele resultar
sorprendentemente fácil acabar con ese hábito que le ha venido acompañando
durante años y que ha hecho sufrir tanto a la propia persona adicta, así como a
su entorno.
De repente, uno ha
dejado de beber y se siente bien. Parece que todo ha sido muy fácil y que ya
está todo solucionado. Pero si nos quedamos en esa actitud autocomplaciente es
muy posible que las cosas se acaben torciendo antes o después y que el paciente
se lleve un tremendo batacazo el día menos esperado. Una recaída, que suele ser
muy frustrante y muy dolorosa, sobre todo para los que le rodean.
En el Programa
Victoria insistimos en la importancia de adquirir unos hábitos saludables
concretos que ayuden a mantener la actitud mental adecuada para seguir en
sobriedad. Y por eso ponemos un gran hincapié en la práctica de la Relajación.
A lo largo de la
terapia nuestros pacientes aprenden una sencilla técnica de Relajación,
Visualización y Pensamientos Positivos, que se llevan grabada en un disco para
poder practicarla en casa a diario, que es lo que recomendamos siempre.
La Relajación
contiene los ingredientes esenciales para continuar beneficiándose los efectos
positivos iniciales del Programa Victoria. En primer lugar ayuda a combatir la
ansiedad y evita la acumulación de tensiones emocionales. En segundo lugar potencia
la actitud mental positiva, que ayuda a seguir sin beber de una forma optimista
y con una sensación de bienestar y liberación, a través de los Pensamientos
Positivos que se incluyen en el ejercicio. Y por último, a través de la
Visualización el paciente se prepara psicológicamente para hacer frente a las
situaciones de riesgo que podrían conducirle a una recaída, aumentando así su
capacidad de reacción y evitando que la recaída llegue a materializarse.
En mi experiencia he
visto que aquéllas personas que incorporan la práctica de la relajación en su
rutina diaria y la mantienen a largo plazo son las que no tienen recaídas y
cada día se sienten mejor con su sobriedad. En cambio, cuando un paciente recae
y contacta conmigo, lo primero que me reconoce es que hace tiempo que había
dejado de practicarla.
Mantenerse en
sobriedad es una tarea de todos los días. Cada día empieza de cero, en cierto
sentido, aunque siempre es más fácil seguir sin beber cuando se van haciendo
las cosas bien día a día, pero cada jornada requiere de su tiempo para
perseverar en la sobriedad y seguir disfrutando de la vida libre de adicciones.
Bernardo Ruiz
Victoria
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lunes, 1 de octubre de 2012
¿Tienes un familiar con problemas de Alcohol?
Desde la familia se puede ejercer una muy
importante presión positiva para que la persona afectada se decida a ponerse en
tratamiento y superar su problema. De hecho, la familia suele ser quién mejor
puede ayudar a esto.
Pero la presión familiar debe hacerse de
acuerdo con ciertos criterios para ser eficaz:
Hay que hablar de "Solución", no de "Problema"
No hay que insistir más en lo mal que está
la persona bebedora. Da por hecho que ya lo sabe, aunque nunca lo haya
reconocido a las claras o siempre tienda a justificar o minimizar el caso. Lo
sabe ... porque es quien primero lo sufre.
Por eso lo importante es hablarle de solución. Proponerle ayuda. Hablarle de los beneficios que todos van a obtener cuando el problema se haya superado.
Por eso lo importante es hablarle de solución. Proponerle ayuda. Hablarle de los beneficios que todos van a obtener cuando el problema se haya superado.
Presionar para que
se ponga en tratamiento, no para que deje de beber.
Si la presión la ejercemos en la dirección
de intentar que deje de beber estaremos creándole una mayor angustia, ya que la
esencia del problema de una persona dependiente del alcohol es que no es capaz
de controlarse bebiendo, y por lo tanto, le estamos pidiendo algo que está
fuera de su alcance, y le estamos induciendo, sin querer, al fracaso, a la
ocultación de su conducta, a la mentira, a la agresividad etc.
Si le presionamos para que se ponga en
tratamiento le estamos pidiendo algo para lo que si está capacitado. Nada le
impide acudir a una consulta con un terapeuta especializado en la materia que
le ayude a iniciar el proceso de recuperación.
Por eso la presión siempre debe dirigirse a
que se ponga en tratamiento. Y ofrecerle una o varias alternativas terapéuticas
para que elija la que le resulte más adecuada a sus características personales.
Ser
firme en la presión.
Es fácil que en medio una discusión la
pareja plantee que no está dispuesta a seguir así, que si no deja de beber se
van a separar, etc. Y que luego, al cabo de un tiempo se ablande, una vez
pasado el enfado, y de por buenas las intenciones de cambio del familiar
bebedor.
Esto no sirve de ayuda.
La presión debe dirigirse siempre hacia que
se ponga en tratamiento, y además, hay que ser firme y cumplir cualquier
"amenaza" que se haya formulado.
En resumen, el mensaje es el siguiente: “Si
te pones en tratamiento aquí me tienes y podrás contar con todo mi apoyo para
salir adelante. Si no lo haces yo no quiero seguir así y nuestra relación se va
a terminar”.
Bernardo
Ruiz Victoria
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miércoles, 26 de septiembre de 2012
Medicamentos para no beber
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lunes, 24 de septiembre de 2012
Verdades a medias, mentiras completas
Con frecuencia
encontramos noticias acerca de los supuestos efectos “beneficiosos” que tiene
para la salud el consumo de vino, cerveza, whisky, cava, o cualquier otra
bebida alcohólica.
Lo primero que hay que
decir con claridad que esos supuestos efectos beneficiosos, si fueran ciertos,
serían debidos a la parte no alcohólica de las bebidas. Y que la toxicidad del
alcohol que los acompaña suele ser mucho mayor.
Se dice que el vino
tinto, por ejemplo, contiene “taninos”, y que su consumo es bueno para proteger
el corazón. Puede haber algo de cierto en ello. Pero esos taninos están
contenidos en la parte no alcohólica del vino. Y también está ampliamente
demostrado que el alcohol es tóxico para el corazón.
De hecho, existen
patologías concretas, como la miocardiopatía alcohólica, que son debidas en
exclusiva al efecto tóxico del alcohol sobre el músculo cardíaco.
También es verdad que
los estudios que avalan los supuestos efectos “beneficiosos” del consumo de
bebidas alcohólicas siempre se refieren a ingestas muy moderadas. Esto es, a
casos en los que la persona ha consumido a lo largo de los años una o dos
unidades de alcohol diarias, (una unidad es un vaso de vino, una cerveza, etc.
Los licores puntúan doble).
Aquí nos topamos de
nuevo con otra gran mentira. Porque no otra cosa se puede decir de lo que no es
sino una “verdad a medias”.
Si el consumo muy
moderado de bebidas alcohólicas puede tener unos ligeros efectos beneficiosos
para la salud de algunas personas, el hecho de convertir ese dato en titulares
de prensa y en noticia de relevancia en todo tipo de medios de comunicación
hace que se transmita el equívoco mensaje de que “el vino tinto es bueno para
la salud”, o de que “el whisky es bueno para el corazón”, sin dejar claro
cuáles son los límites de la moderación necesarios para que se pueda dar
crédito a esa posibilidad.
Y ese efecto mediático
es muy dañino para las personas que lo reciben, las cuales sacan conclusiones
erróneas, y contrarias incluso al contenido literal de los estudios científicos
que sirven de base a tales noticias.
El alcohol siempre
resulta tóxico para la persona que lo consume. Y aunque el cuerpo humano es
capaz de tolerar una pequeña cantidad, no por ello deja de ser una substancia
nociva y peligrosa.
Bernardo Ruiz Victoria
Psicólogo Clínico
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