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jueves, 16 de enero de 2014

Las trampas de la mente adictiva

Viene a verme a la consulta Javier, 40 años, ex adicto a la cocaína. Actualmente lleva ocho años sin consumir, tras un tratamiento en una Comunidad Terapéutica. Regenta un negocio propio y le va bien económicamente.

Pero hablando de una cosa y otra me cuenta que de vez en cuando consume lo que él llama “drogas recreativas”. Se refiere a drogas sintéticas, o a ketamina, las cuales consume esporádicamente cuando sale de fiesta con sus amigos, o cuando sale solo en busca de pareja.

Me quiere convencer de que no tiene nada que ver con sus consumos anteriores y que no hay ningún peligro, porque los efectos son diferentes y porque esto “lo controla”.

Se justifica en el hecho de que es muy tímido y que estas drogas le ayudan a abrirse socialmente y facilitan sus relaciones.

Precisamente por eso, le digo, está cayendo en la trampa de la mente adictiva. Si recurres a una substancia química para modificar tu estado de ánimo, en este caso para superar tu timidez, en realidad estás consiguiendo el efecto contrario. Nunca dejarás de ser tímido si tu única manera de vencer la inseguridad y el retraimiento social es ponerte artificialmente bajo los efectos de una substancia adictiva que te cambia la percepción de la realidad.

Da igual que sea una droga diferente de las que anteriormente utilizabas. Lo que importa es que sigue siendo una conducta tramposa. En lugar de afrontar directa y abiertamente el problema que te preocupa, en este caso la falta de habilidades sociales, recurres al “doping” para transformar tu estado de ánimo. Pero de esta manera nunca vas a aprender a superar tus miedos en inseguridades, sino más bien todo lo contrario, serás cada vez más tímido y más dependiente de las substancias que utilices para cambiar tu estado mental.
Este es un ejemplo claro de cómo actúa la mente adictiva. Siempre tratando de engañarnos y de llevarnos de vuelta al consumo de substancias que nos devuelvan al círculo vicioso de antes.

No olvidemos que la adicción, una vez creada, se mantiene de una forma u otra en el cerebro del adicto. Podemos neutralizarla siempre que no consumamos de nuevo las substancias que la originaron, pero tampoco podemos autoengañarnos pensando que otras drogas van a darnos ciertos “beneficios” sin volver a activar de nuevo la conducta adictiva y todos los problemas que la acompañan.

Es más sensato, más inteligente y mucho más seguro vivir libre de adicciones. Y si tienes algún problema psicológico, o médico, o de cualquier otro tipo, recurre a los profesionales que te pueden ayudar a superarlos de verdad, y no a la falsa solución mágica que las drogas prometen, pero que nunca cumplen.


Bernardo Ruiz Victoria
Psicólogo Clínico

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