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lunes, 24 de septiembre de 2012

Verdades a medias, mentiras completas


Con frecuencia encontramos noticias acerca de los supuestos efectos “beneficiosos” que tiene para la salud el consumo de vino, cerveza, whisky, cava, o cualquier otra bebida alcohólica.

Lo primero que hay que decir con claridad que esos supuestos efectos beneficiosos, si fueran ciertos, serían debidos a la parte no alcohólica de las bebidas. Y que la toxicidad del alcohol que los acompaña suele ser mucho mayor.

Se dice que el vino tinto, por ejemplo, contiene “taninos”, y que su consumo es bueno para proteger el corazón. Puede haber algo de cierto en ello. Pero esos taninos están contenidos en la parte no alcohólica del vino. Y también está ampliamente demostrado que el alcohol es tóxico para el corazón.

De hecho, existen patologías concretas, como la miocardiopatía alcohólica, que son debidas en exclusiva al efecto tóxico del alcohol sobre el músculo cardíaco.
También es verdad que los estudios que avalan los supuestos efectos “beneficiosos” del consumo de bebidas alcohólicas siempre se refieren a ingestas muy moderadas. Esto es, a casos en los que la persona ha consumido a lo largo de los años una o dos unidades de alcohol diarias, (una unidad es un vaso de vino, una cerveza, etc. Los licores puntúan doble).

Aquí nos topamos de nuevo con otra gran mentira. Porque no otra cosa se puede decir de lo que no es sino una “verdad a medias”.

Si el consumo muy moderado de bebidas alcohólicas puede tener unos ligeros efectos beneficiosos para la salud de algunas personas, el hecho de convertir ese dato en titulares de prensa y en noticia de relevancia en todo tipo de medios de comunicación hace que se transmita el equívoco mensaje de que “el vino tinto es bueno para la salud”, o de que “el whisky es bueno para el corazón”, sin dejar claro cuáles son los límites de la moderación necesarios para que se pueda dar crédito a esa posibilidad.

Y ese efecto mediático es muy dañino para las personas que lo reciben, las cuales sacan conclusiones erróneas, y contrarias incluso al contenido literal de los estudios científicos que sirven de base a tales noticias.

El alcohol siempre resulta tóxico para la persona que lo consume. Y aunque el cuerpo humano es capaz de tolerar una pequeña cantidad, no por ello deja de ser una substancia nociva y peligrosa.


Bernardo Ruiz Victoria
Psicólogo Clínico

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