jueves, 27 de marzo de 2014

Todo el mundo bebe, es lo normal

Vivimos en una sociedad muy tolerante con el consumo de alcohol. Somos un país productor de bebidas alcohólicas, de vinos que se venden por todo el mundo, de cerveza y muchas otras variedades de líquidos contenedores de etanol.

No hay fiesta, celebración o evento de cualquier clase que no incluya como parte consubstancial el alcohol de una u otra forma. Desde la clásica copa de vino español en un acto oficial o con pretensiones de formalidad, hasta el botellón olímpico que organizan miles de jóvenes con las más diversas excusas en muchas ciudades españolas.

Y en ese entorno sociocultural, algunas personas tienen que lidiar con su problema de adicción, y vivir sin alcohol si quieren mantener una vida digna de tal nombre. 

Porque cuando una persona es adicta al alcohol es porque ha perdido la capacidad de regular su consumo dentro de unos límites moderados, y porque ese consumo descontrolado va acompañado de todo tipo de consecuencias negativas para su salud, su familia, su autoestima, su vida profesional y un largo etcétera que no quiero repetir hoy una vez más.

Cuando una persona empieza a darse cuenta de que tiene un problema con el alcohol, una de sus justificaciones más habituales es la de pensar que - dado que todo el mundo bebe, es lo normal - yo no puedo dejar de beber sin perderme lo más hermoso de la vida social.

Falso, como tantas mentiras que el adicto va generando en su mente como consecuencia de su propio problema, porque lo cierto es que solo dejando de beber podrá llevar una vida sana y equilibrada, incluso en el terreno de la vida social.

Claro que hay que aprender a decir que uno no bebe, con naturalidad y con firmeza. Como el que deja de fumar lo dice con un sano orgullo que genera admiración en muchas otras personas.

Y al dejar de beber, se da uno cuenta de que hay muchas personas abstemias por el mundo, que tan normal es beber alcohol como no beberlo, y en los casos en que es necesario, no solo es normal sino que es la única opción sensata, responsable y saludable. 


Bernardo Ruiz Victoria
Psicólogo Clínico

jueves, 20 de marzo de 2014

Concurso de salvajadas

Hace unos días vi en la televisión una noticia según la cual hay una nueva moda entre algunos jóvenes que consiste en grabarse a si mismos en vídeo bebiendo una sucesión de diferentes bebidas para demostrar cuánto es capaz de aguantar uno, y posteriormente colgarlo en Internet para que todo el mundo pueda admirar la "hazaña".

La peregrina idea ya ha costado la vida a alguno de los participantes en semejante concurso de salvajadas. Parece que hay personas que se motivan con el hecho de hacerse daño a si mismas, y además de hacerlo ostentosamente, presumiendo de ello.

No es que los concursos de ese tipo no hayan existido en otras épocas. Siempre hay el que presume de ser capaz de tumbar a los demás bebiendo más cantidad que cualquier otro, pero hacer esto de una forma privada, en la soledad de una habitación, con el único fin de ser visto en estado de embriaguez parece un comportamiento totalmente fuera de cualquier clase de sensatez.

Cuando yo veo este tipo de noticias siempre pienso que estos muchachos, muchas veces adolescentes, deben tener padres y madres, deben tener también educadores en su escuela, y personas mayores, en general, que tendrían que haberles enseñado ciertas cosas que evidentemente les faltan a las personas que actúan así.

No me atrevo a juzgar a nadie, y mucho menos a los padres que se desesperan con mucha frecuencia al ver en lo que se van convirtiendo sus hijos, pero si creo que es necesario hacer una reflexión individual y colectiva en relación con los valores que estamos transmitiendo a los jóvenes de hoy.

Cuando en el mundo occidental y desarrollado en el que vivimos, vemos jóvenes con tan poca madurez y con tan poco contenido en el cerebro como para hacer tales cosas, creo que podemos concluir que el simple bienestar material no da ninguna garantía de que vayamos a conseguir la felicidad, el equilibrio psicológico y el bienestar personal.

El alcohol siempre es una sustancia peligrosa, pero cuando se hace un uso de él de este tipo estamos ante un comportamiento autodestructivo, probablemente por pura ignorancia, pero también por falta de referentes positivos que motiven a estos muchachos a obtener logros en otros campos de la vida que no sean el de hacerse daño a si mismos.

La noticia estaba ubicada en Gran Bretaña, pero me temo que no tardaremos mucho en tener alguna noticia similar en España. 

Espero que cada uno de nosotros seamos capaces, en nuestro entorno, de contribuir a que tales cosas no sigan proliferando.


Bernardo Ruiz Victoria
Psicólogo Clínico
www.programavictoria.com

jueves, 13 de marzo de 2014

Daños colaterales

Hace unos días me llamó una niña de catorce años preocpuada por su padre. Me contó que había estado leyendo varias páginas en internet, incluyendo la nuestra, y que se había dado cuenta de que su padre presentaba casi todos los síntomas que describimos en ellas como indicadores de que una persona pueda tener problemas con el alcohol.

Sus padres se separaron antes de que ella naciera, y ha tenido muy poca relación con su padre, pero a pesar de ello se siente en la obligación de ayudarle, aunque no sabe cómo.

Después de un rato de conversación y de hacerme unas cuantas preguntas, me dijo - ¿entonces no es culpa mía?

La pobre criatura había llegado a pensar que era ella la culpable de que su padre bebiera, de que la hubiera dejado antes de nacer y, en definitiva, de no sentirse querida por él.

Cuántas veces oigo a mis pacientes decirme "no, mis hijos son pequeños y no se han dado cuenta de nada". Y casi siempre es una nueva versión del autoengaño en el que viven los adictos. Como resultaría demasiado doloroso pensar que estamos haciendo daño a nuestros propios hijos, es mejor que creamos que no se han enterado de nada, porque nunca nos han visto en estado de embriaguez. 

¡Como si no fuera diferente una persona que tiene problemas con el alcohol los días que ha bebido de los días que no lo ha hecho.!

Los niños son daños colaterales que sufren las consecuencias de la adicción de los demás. No son los únicos, también los cónyuges, los padres, hermanos, e incluso amigos y compañeros de trabajo o de diversión pueden serlo también.

Espero que esta niña sea capaz de tocar el corazón de su padre y le ayude a inciar un cambio que le lleve a superar su adicción. Por el bien de ambos, y de muchos más.


Bernardo Ruiz Victoria
Psicólogo Clínico

jueves, 6 de marzo de 2014

El alcohol y otros males

Es frecuente que aparezcan en la consulta pacientes que, además de tener un problema con el alcohol, presentan síntomas de depresión, o de ansiedad, o problemas de pareja, etc. 

En tales casos suelen pensar que su problema real no es el alcohol, sino que son los otros problemas los que les llevan de una forma u otra a seguir bebiendo, y que lo que necesitan es solucionar tal o cual problema para así poder dejar de beber, o al menos dejar de tener problemas con el alcohol.

Este planteamiento es una falacia que solo conduce a que el problema de la adicción siga aumentando, y que tampoco se solucione ninguno de los demás problemas que pueda estar padeciendo la persona afectada.

La mayor parte de las veces es muy difícil discernir cuál de los problemas es origen y cuál de ellos es consecuencia. Causa y efecto, en estos casos, están tan íntimamente intrincados que no hay forma de saber si uno bebe porque tiene problemas, o si tiene tales problemas porque bebe.

En cualquier caso, lo que es absolutamente claro es que el primer problema que hay que tratar y que hay que solucionar es el de la adicción. Hasta que no desaparezca el consumo de alcohol no podremos ver con claridad si realmente hay una depresión, por ejemplo, o si los síntomas depresivos no son sino una de las consecuencias que el abuso de alcohol ha causado en el paciente.

Y lo mismo es cierto para problemas de ansiedad, insomnio, disfunciones de pareja, etc. Primero hay que tratar la adicción al alcohol, y después, si fuera necesario, lo demás.

Por otra parte, en una terapia de deshabituación del alcohol, como por ejemplo el Programa Victoria, el paciente trabaja sobre una serie de aspectos psicológicos que la mayor parte de las veces actúan de una forma terapéutica no solo para el problema de la adicción, sino para el bienestar y equilibrio personal en general, con lo que es muy frecuente que desaparezcan totalmente los problemas que había asociados de un modo u otro al consumo de alcohol.

Por lo tanto, si tienes problemas, y además bebes alcohol, no olvides que el alcohol es el primer asunto que hay que solucionar.


Bernardo Ruiz Victoria
Psicólogo Clínico

martes, 25 de febrero de 2014

Guardar las apariencias

Una de las características de la mentira que envuelve todo el proceso adictivo es que, en muchas ocasiones, las personas adictas tratan de engañar a los demás, y de engañarse a si mismas, manteniendo en público un comportamiento moderado en relación con la bebida.

Hay quién es totalmente abstemio en público. Esto se suele dar con más frecuencia en el caso de las mujeres, sobre todo las que se han criado en una sociedad que es mucho más crítica con la embriaguez femenina que con la masculina, pero también hay hombres que caen en la misma trampa.

Estas personas no beben nada en público, o lo hacen de una manera extremadamente moderada, haciendo creer a quienes no les conocen en profundidad, que son personas totalmente indiferentes al alcohol. En cambio, estas mismas personas, cuando están a solas, beben a escondidas buscando precisamente el efecto embriagador del alcohol para calmar su malestar interior.

Algunos lo hacen en su casa, cuando se quedan a solas, pero otros lo hacen yéndose lejos de su entorno social habitual. Acuden a establecimientos lejanos de su barrio o de su pueblo, entran en lugares donde nunca esperan encontrarse a nadie de sus círculos sociales habituales, y creen con eso que están evitando de la crítica social que suponen que tendrían si alguien los viera bebiendo en público tal y como lo hacen a escondidas.

Curiosamente, me encuentro con frecuencia pacientes que están más preocupados por el hecho de que alguien se entere de que están acudiendo a terapia para dejar su adicción que por el hecho de haber podido ser visto cuando sus comportamientos eran totalmente desajustados bajo la influencia del alcohol, o de otras drogas.

Este guardar las apariencias no es sino otra forma de manifestarse el autoengaño que siempre está presente en la persona adicta, y del que es imprescindible liberarse si se quiere salir de verdad de la adicción.


Bernardo Ruiz Victoria
Psicólogo Clínico

jueves, 20 de febrero de 2014

¿Por qué no te decides?

Un día te levantas con una fuerte resaca. Te duele la cabeza, tienes la boca seca, no tienes idea de la hora que es, aunque supones que es tarde. Y te sientes mal.

Al levantarte para ir al baño intentas recordar qué pasó anoche. Y no lo tienes claro. ¿cómo volviste a casa? ¿te acompañó alguien? ¿dónde dejaste el coche? … te asaltan dudas y más dudas, pero de repente una fuerte náusea interrumpe tus pensamientos y te hace darte cuenta de que tienes el estómago contraído y dolorido.

Te ves la cara en el espejo y no te reconoces. Te echas un poco de agua para ver si mejora tu aspecto, pero nada. Aún peor. Ves con más claridad tus ojos vidriosos, sin brillo, tu piel con un color mortecino. Y piensas … ¿me habrá visto así alguien? ¿se habrá dado cuenta mi familia de cómo estoy?

Tu cabeza empieza a trabajar rápidamente buscando excusas, justificaciones y explicaciones que puedan dar algún sentido presentable a tu estado. Pero lo peor es que no recuerdas bien lo que hiciste anoche.  ¿y si conté algo al llegar a casa que ahora no recuerdo? ¿y si me contradigo ahora contando otra historia?

Y la ansiedad empieza a apoderarse de ti. Te dan ganas de meterte en la cama de nuevo y esperar que pase la tormenta. O mejor aún, te dan ganas de tomar una cerveza para calmar esos nervios que te están matando. Ya sabes que si lo haces te sentirás mejor y se acabará esa horrible resaca que tienes. Pero también piensas que vaya imagen de borracho vas a dar si lo primero que haces, antes de dar los buenos días, es ir a la nevera y abrirte una cerveza.

Pero no puedes permitir que te vean en este estado. ¿o ya te habrán visto? No recuerdas nada. Y es una sensación angustiante.

Alguien te dijo ya hace tiempo que tu forma de beber no es normal, que tienes un problema, que se te va de las manos. Y que necesitas ayuda. En algún sitio tienes guardado un teléfono al que te dijeron que llamaras para ponerte en manos de profesionales que te ayuden. 

Pero ¿qué me va a decir un médico o un psicólogo que yo no sepa? Beber mucho no es bueno, ya lo sabemos. Pero yo lo controlo. Que hoy me haya pasado un poco no significa nada. 


Y así, suma y sigue, hasta que un día las cosas se ponen imposibles y te propones cambiar. ¿por qué no te decides hoy mismo? 


Bernardo Ruiz Victoria
Psicólogo Clínico

jueves, 13 de febrero de 2014

Evasión o Victoria

Tomo prestado el título de esta famosa película que narra la evasión de unos prisioneros de guerra durante la II Guerra Mundial para ilustrar el tema que hoy quiero tratar.

Detrás del consumo adictivo de alcohol, y de otras drogas, suele haber un componente de “evasión”. Uno busca reducir el sufrimiento que le producen determinadas circunstancias de su vida mediante el efecto anestesiante que tiene el alcohol. De ese modo parece que los problemas se resuelven, o al menos dejan de estar presentes durante un rato.

Es lo que la tradición de la lengua española llama “ahogar las penas en alcohol” o “beber para olvidar” o tantos otros refranes y frases hechas que hacen referencia a lo mismo. Uno bebe para sacudirse de encima el dolor que siente.

El problema es que el método no funciona. Las penas salen de nuevo a la superficie después de sumergirlas en un baño etílico, y además suelen volver reforzadas y aumentadas, por ejemplo con una buena resaca, o con una nueva acción que lamentar (un accidente, una discusión, una multa de tráfico, un descuido en el trabajo, etc.), con lo que la “evasión” no ha sido al final sino dar una vuelta en círculo para llegar al mismo sitio, pero en peores condiciones.

Lo que hay que buscar es un método que conduzca a la Victoria. En lugar de evadirse de los problemas es mejor afrontarlos, aprender a manejar los estados de ánimo negativos que son la causa de tanto sufrimiento emocional, aprender a superar las situaciones que nos generan ansiedad, temor, inseguridad, falta de autoestima o cualquier otra cosa que sea lo que en el fondo acaba desencadenando esos sentimientos de los que nos queremos “evadir” anestesiando nuestros sentidos con el alcohol o las drogas.

Y para esa Victoria muchas veces es necesario invertir tiempo, paciencia, constancia, y casi siempre es necesaria también la ayuda profesional de un psicólogo experto que nos enseñe a encontrar el camino de la verdadera liberación.

Como los protagonistas de la película citada, necesitamos motivación, constancia, determinación, valentía y entrenamiento para lograr la Victoria. Solo entonces estaremos de verdad evadidos de la prisión de la adicción, es decir, victoriosos y liberados. 


Bernardo Ruiz Victoria
Psicólogo Clínico