viernes, 15 de marzo de 2013

Negar la evidencia



Siempre digo que la adicción es la enfermedad de la mentira. Y también de la soberbia. Uno llega a engañarse tanto a si mismo, y a tratar de engañar tanto a los demás que termina casi por creerse sus propias mentiras y no ser capaz de distinguir la realidad de la imaginación.

En estos días se está juzgando a un famoso torero que causó la muerte de un conductor con el que colisionó frontalmente, saliendo él mismo vivo de milagro del accidente.

El caso es que al analizar su sangre en el hospital, mientras los médicos trataban de salvarle la vida, se descubrió que tenía una concentración de alcohol en sangre, lo que conocemos por grado de alcoholemia, varias veces superior al límite legalmente establecido para conducir.

En cambio, a pesar de la evidencia fáctica, el sujeto continúa afirmando que él no bebió nada, o en el peor de los casos que se mojó ligeramente los labios con un poco de cava.

El alcohol en la sangre no aparece por generación espontánea, no surge de la nada. Una concentración tan alta de alcohol en sangre solo puede venir de una ingesta de bebidas alcohólicas, pero aún así nos encontramos con un sujeto que lo niega y lo niega.

A mi me recuerda casos que he vivido en la consulta. Pacientes que niegan su consumo de alcohol incluso frente al resultado de un alcoholímetro aplicado varias veces seguidas. Y nada, que yo no he bebido.

Si el paciente se baja del burro, reconoce que tiene un problema y acepta ponerse en tratamiento, acaba confesando la verdad y asumiendo que había bebido esa vez, y muchas otras en la que lo había negado hasta la saciedad.

Y es que la mentira es parte esencial de la enfermedad adictiva, y uno de sus síntomas más frecuentes.

Para salir de la adicción hay que romper el círculo vicioso de las mentiras y los autoengaños. Y para eso hace falta valentía, honestidad, y sobre todo, ayuda terapéutica.


Bernardo Ruiz Victoria
Psicólogo Clínico
www.programavictoria.com

martes, 12 de marzo de 2013

Noticias estremecedoras



Hoy me ha llamado la atención una de las noticias de la televisión. Un bebe ha sido ingresado en un hospital con síntomas de maltrato físico y tras hacer unas averiguaciones se ha comprobado que la madre padece problemas de alcoholismo y que admite "no haber tratado bien al niño"

La violencia doméstica es una de las consecuencias que tiene el abuso del alcohol. La mayoría de las veces se manifiesta en los malos tratos hacia el cónyuge, porque uno de los efectos del alcohol es el de eliminar las inhibiciones e impedir el control racional de nuestros actos, y por eso la violencia se desata muchas veces cuando la persona está bajo los efectos de la bebida.

En otros casos, como puede ser el que nos ocupa hoy, no solo hay esta falta de autocontrol racional, sino también otro de los efectos perniciosos del alcohol, a saber: el descuido de las responsabilidades de cada uno.

Si hay algo que todas las mujeres llevan grabado en su adn es el cuidado de sus propios hijos, es algo que la naturaleza nos proporciona para la propia supervivencia de la especie humana.

En cambio, bajo los efectos del alcohol, puede una madre llegar a producir daños en su bebe que le hagan necesitar de tratamiento en un hospital. Parece increíble, pero hasta ahí puede llegar a trastornar el alcohol a una persona.

Y luego que nos digan que beber un poco es bueno para la salud, que lo recomiendan los médicos, y esas cosas que se oyen de vez en cuando.

Bernardo Ruiz Victoria
Psicólogo Clínico
www.programavictoria.com

lunes, 4 de marzo de 2013

Pasarse de listo


El los últimos meses he tenido varias recaídas de pacientes que son brillantes intelectualmente, personas respetadas socialmente, profesionales con éxito en su campo, con cargos importantes, y que sin embargo, recaen una y otra vez en su adicción al alcohol.

Muchas personas tienden a pensar que la persona adicta es débil de carácter, poco inteligente y que en cierto modo no se esfuerza lo suficiente para superar su problema.

Pero cuando ves a personas que han aprobado una de las oposiciones más difíciles que podamos imaginar, que hablan varios idiomas, que dirigen empresas, que innovan y crean patentes, y que se desenvuelven en el mundo profesional con todo éxito, pero que recaen en su adicción una y otra vez, te preguntas por qué.

Al menos yo me lo pregunto. Y reflexionando sobre mi experiencia profesional en este campo creo que hay un factor muy relevante que afecta a todos los adictos, pero sobre todo a este tipo del que hablo hoy. Y es la sensación de ser más listo que los demás.

Esta sensación de que ya han comprendido su problema, y que por tanto no van a volver a caer en lo mismo, les lleva precisamente a la recaída por falta de humildad, por pasarse de listos, por creer que van a ser capaces de subvertir las leyes de la naturaleza con su amplia inteligencia. Y no es así.

Superar la adicción es tan simple que resulta muy complejo a veces. Se trata de evitar la conducta que reiteradamente te ha creado problemas, beber alcohol principalmente, y dejar de jugar a ser más listo que nadie tratando de "controlarse", "moderarse", o limitar sus efectos negativos de una u otra forma.

En definitiva, hay que tener la humildad suficiente como para reconocerse a uno mismo sus limitaciones, aceptarlas, y vivir con alegría libre de adicciones.

No siempre es fácil.


Bernardo Ruiz Victoria
Psicólogo Clínico

martes, 26 de febrero de 2013

Puntos de inflexión


En la vida de un adicto siempre hay momentos clave que le pueden hacer cambiar. Algunos lo llaman "tocar fondo", y yo prefiero llamarlos puntos de inflexión.

Se trata de un momento íntimo de toma de conciencia, en el cual el sujeto se da cuenta de que su comportamiento no es normal, que lo que está haciendo se sale de la lógica y de la vida saludable y equilibrada, y que debe hacer algo para cambiar.

Estos puntos de inflexión son el inicio de los buenos propósitos de dejar de beber, o bien de buscar ayuda terapéutica de una u otra forma.

En la película "Dias de vino y rosas", el punto de inflexión lo vive el protagonista cuando un día, caminando en busca de trabajo por las calles de la ciudad ve la imagen de un hombre en un escaparate y piensa - ¿quién será ese borracho? - y al momento se da cuenta de que es él mismo reflejado en el cristal. A partir de ahí reacciona, cambia su perspectiva dándose cuenta de que el alcohol era la auténtica causa de sus desdichas, y empieza el camino de la recuperación.

Como la realidad siempre supera a la ficción, hace unos días vino a verme Jaime, uno de mis pacientes que ha tenido varias recaídas, debidas en parte a su falta de conciencia de la gravedad de su problema.

Me contó que había vuelto a la bebida una vez más, lleno de mala conciencia y de problemas de salud que le hacía sentir muy mal, y que un día, había comprado una botella de bolsillo de vodka para bebérsela a escondidas como tantas veces. Pero al salir del supermercado se encontró con un indigente durmiendo en el suelo, tuvo un momento de lucidez, su punto de inflexión, y le preguntó - ¿bebe usted? - a lo que el hombre le contestó, - si, pero con moderación -.

Ahí Jaime tomó la decisión, le entregó la botella que acababa de comprar y se sintió liberado. Desde entonces no ha vuelto a beber, ha vuelto a la terapia y le veo mejor que nunca.

Cada uno tiene su punto de inflexión, a veces más de uno, en su camino de liberación de la conducta adictiva. Y hay que aprovechar las ocasiones, porque nunca sabemos cuál de ellas va a ser la última.

Bernardo Ruiz Victoria
Psicólogo Clínico

martes, 19 de febrero de 2013

Cambios generacionales


Cuando yo empecé a trabajar en el campo del alcoholismo y las adicciones, allá por 1984, el patrón más común de consumo de alcohol entre nuestros pacientes era el de las personas que bebían de forma continua, a diario, normalmente de forma social, aunque en ocasiones siguieran en solitario.

En estos casos, el abuso de alcohol durante mucho tiempo iba creando una adicción física y también psicológica porque los sujetos no sabían, o no podían, sacar de su rutina diaria el consumo de alcohol.

En cambio, la embriaguez no era un efecto buscado de forma prioritaria. Era algo a lo que se llegaba porque a fuerza de beber mucho se termina con un cierto grado de embriaguez, pero estos pacientes no buscaban per se el efecto del alcohol.

A veces incluso la tolerancia que iban desarrollando hacía que los efectos de la embriaguez fueran menos evidentes, produciendo en los pacientes el engañoso efecto de que, puesto que "aguantaban" mucho alcohol, éste no les podía estar haciendo daño.

En cambio, con el paso de los años han ido apareciendo otro tipo de bebedores, que son los que predominan en la acutalidad.

Son personas que beben buscando el efecto del alcohol. Quieren cambiar su estado de ánimo o su estado mental mediante el uso de sustancias adictivas. El alcohol, y otras drogas.

En estos casos la embriaguez es el objetivo, no una consecuencia del abuso, sino un fin en si mismo.

Esta forma de consumo hace que la adicción psicológica se desarrolle de una forma mucho más rápida y que los daños que sufre el paciente, sobre todo en su sistema nervioso, sean mucho más intensos.

En lugar de exportar las pautas de consumo moderado que tradicionalmente existían en nuestra cultura mediterránea, hemos importado las formas de beber explosivas del norte de Europa. Hemos salido perdiendo con el cambio.

Bernardo Ruiz Victoria
Psicólogo Clínico
www.programavictoria.com

martes, 12 de febrero de 2013

Beber en soledad


Hace unos días me llamó una señora para interesarse por nuestro programa terapéutico. Después de dos o tres conversaciones telefónicas he tenido una primera consulta con ella y parece decidida a ponerse en tratamiento y superar su adicción. Espero que lo consiga, y pondré todo mi empeño para que así sea.

Su caso me ha llevado a reflexionar sobre el consumo de alcohol en solitario. Ese beber clandestino, que era típico de las mujeres hasta hace unos años, pero que ahora también se da en varones.

Se me antoja una situación harto triste sentirse sola, y tratar de ahogar esa soledad con una botella tras otra. En este caso mi paciente me confiesa beberse tres o cuatro litros de cerveza al día. No está mal, pienso irónicamente. Porque menuda barbaridad para su cuerpo, para su cerebro y para su mente, meterse esa cantidad de alcohol entre pecho y espalda.

Y lo peor de todo es que las penas flotan en el alcohol. Y además crecen. Con lo que después de la anestesia emocional que produce la embriaguez, aparecen de nuevo, con más fuerza que nunca, la soledad, la apatía, la depresión, la culpa y el dolor que se pretendía calmar con la botella es mayor de nuevo.

Y vuelta a empezar. Un día más de sufrimiento, y la adicción aumentando y apoderándose cada vez más de la vida de esta persona.

Menos mal que tenemos un ángel de la guarda que al que de vez en cuando hacemos caso y nos salva la vida en momentos críticos. El debió ser quién le dió nuestro teléfono y nuestra web a esta nueva paciente, y quién le ayudó a dar el primer paso para su recuperación.

Confío en ella, y espero y deseo que deje atrás su pena y sufrimientos y pueda ser capaz de disfrutar de nuevo de la vida sin alcohol.


Bernardo Ruiz Victoria
Psicólogo Clínico
www.programavictoria.com

martes, 5 de febrero de 2013

Recaídas



A todos los que trabajamos en adicciones nos gustaría que nuestros pacientes dejaran de beber para siempre, o de consumir la sustancia que fuera, y se mantuvieran en sobriendad el resto de su vida.

Pero la peculiaridad de esta particular enfermedad adictiva es que no se cura nunca, aunque puede estar desactivada de por vida.

La adicción provoca cambios en el funcionamiento del cerebro del adicto y eso es algo irreversible. Es como aprender a montar en bicicleta, que no se olvida nunca. El paciente adicto puede pasar sin beber todo el tiempo que quiera, y en tal caso la enfermedad será como si no existiera, pero si vuelve a consumir, por poco que sea, el riesgo de volver al descontrol y a los problemas del principio es altísimo.

En estos días me ha llamado una antigua paciente. Ha pasado catorce años sobria, rehaciendo su vida en todos los sentidos, incluso tuvo su tercer hijo en este periodo. Pero por desgracia, hace algo más de un año empezó a premitirse un pequeño consumo de vino, con su marido.

¿qué daño podría hacerme esto? - pensó, erróneamente.

y aquí la tenemos ahora, sufriendo de nuevo porque se le ha desbordado la adicción, porque está bebiendo otra vez de forma descontrolado, y me ha vuelto a pedir ayuda para repetir el Programa Victoria y curarse de nuevo.

El enemigo no descansa, y la adicción siempre está ahí, latente. Y darse cualquier permiso es la antesala de una recaída en toda regla.


Bernardo Ruiz Victoria
Psicólogo Clínico
www.programavictoria.com